Seducción

Beto Monte Ros

En el bar, mientras bebe una birra, con el rabillo del ojo Roco mira a la chica que, un poco alocada, baila con brío. Es muy bella, rebela una recia cadera. Él que es un diablillo, un tanto alborozado elabora un ardid: se acerca a la radio, aborda a la joven y decidido le dedica un bolero.  La invita a bailar, ella accede. Como un caballero la recibe en el brazo, y con delicadeza la abarca. Su cuerpo libera un olor a cedro que recorre el local, ladea la cabeza y ríe, él acaricia su cabello, no se acobarda, ya lo había ideado, roza su labio y le roba un beso.