Sin título

Eustaquio Calixto Becerril

– Otra vez quilombo allá abajo… -Le avisaron los Esclavos.
– Ya me cansaron. Esta vez voy a ir Yo Mismo –dijo El Eterno, ya cansado, y bajó, relámpago en mano.
Al primero que cruzó lo dejó fulminado y ahí nomás, engolosinado, arrasó con todo. No quedó piedra sobre piedra.
A Él lo mató un virus experimental que se escapó de un laboratorio en la general demolición, un microbicho sintético de génesis artificial, no divina, que se Le metió con disimulo por los lagrimales y Le colapsó los riñones.
Casi nadie se dio cuenta. Lo reemplazaron enseguida y todo siguió igual, gracias a Dios.