Historia de un personaje que visualiza a lo largo del relato lo que no le va a suceder

Diego Lanis

Las tribunas todavía no estaban repletas. Faltaba alrededor de una hora para el partido. En las inmediaciones del estadio muchas personas pugnaban por entrar. Jorge tenía su boleto e ingresaba lentamente. Había visto en algún partido anterior a un chico alcanzar la pelota desde las gradas. Soñaba con pisar el césped. Nunca había sido posible. El equipo hacía largos años que no daba una vuelta olímpica. Quedaba el recurso de una persona conocida para entrar por los vestuarios. Alcanzaría la meta. No lo veía factible. Se jugaban veinte minutos del primer tiempo y se desesperó. La redonda se acercaba por el lado derecho y con un rápido movimiento ingresó a la cancha. El arquero había sido superado por el delantero. Jorge, con sus reflejos intactos, rechazó la pelota y evitó el gol. Escapó raudamente de la gramilla. Al subir los escalones donde estaban los hinchas fue ovacionado. El juez, como sus colaboradores, no se percató de esa presencia. Llevaba puesta la camiseta de su equipo. Uno más entre los once. Al fin. Sueño realizado. Cambió el curso de la pelota y la historia cerró a la perfección. Redonda. Fue clave su destreza. Jugada tras jugada el esférico no entraba. Al terminar el cotejo se acercó al centro del campo. Esperaba la foto. Mientras sobre la pelota más se arrodillaba menos bolilla le daban. La misma se fue despacito y rodó hacia el vestuario. Jorge la siguió porque nadie se le acercaba para felicitarlo. Se puso naranja. Su pigmentación se modificó cuando él con su botín la acarició.