Amanecer

Jorge Sánchez

La tapa del ataúd se movió lentamente y el vampiro despertó de su largo sueño. Presuroso fue a buscar el alimento con el cual había soñado en los últimos cien años. La noche no parecía especialmente extraña pero algo en el ambiente hizo asustar al vampiro. Decidió convertirse en murciélago, así recorrería más distancia en menos tiempo. Desde las alturas vio ciudades en ruinas, bosques arrasados por incendios, columnas de humo subían haciendo sollozar al vampiro.
Recorrió de ese modo todo la noche. Cada ciudad presentaba el mismo paisaje; la desolación que trae la paz sobrecogió al vampiro. Entendió que los humanos habían hecho aquello que tanto temía, aquello que era la fuente de sus más amargas pesadillas. Ahora todo era realidad, los humanos ya no estaban.
El vampiro sonrió al ver lo patético de su realidad. Cansado al fin y consciente de su situación el vampiro descendió en un pequeño barranco, retomó su forma de hombre, de imitación de hombre -pensó el vampiro- y, mirando al cielo, se preparó para ver el primer amanecer de su vida.

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