Crónica de la Clínica de Microficción

Diego Lanis, uno de los asistentes a la Clínica de Microficción que dictó el escritor Edgardo Ariel Epherra en Buenos Aires, redactó una crónica del evento para compartir con los lectores de Cuentosymas.

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Microrrelato y microcuento

El sábado 14 de septiembre se llevó a cabo la Clínica de Microficción, con la participación de 16 asistentes. La Fundación Internacional Jorge Luis Borges fue el lugar donde se desarrolló el evento. La misma está ubicada en la calle Anchorena 1660, de la Capital Federal. El escritor y periodista Edgardo Ariel Epherra impartió los conocimientos y moderó el debate. Una foto del autor del Aleph, sobre el cortinado trasero, se convirtió en el testigo de las ponencias durante las cinco horas que duró la reunión.

Por la mañana, el temario abarcó las características del género y quienes lo representan mejor. A la tarde, se trabajó con la experimentación concreta de la escritura.

Así, tras una breve introducción del disertante, los asistentes comenzaron a interactuar. Desfilaron Raúl Brasca y Luis Chitarroni con sus cuentos, Ana María Shua, Rodolfo Fogwill, Violeta Rojo, Lauro Zabala, Dolores M. Koch, Enrique Anderson Imbert, Francisco Noguerol y David Lagmanovich. Obras nuevas y recursos viejos. Poder conseguir en lo mínimo lo grandioso. Según Epherra “intento escribir para no aburrir. Las promesas, amenazas y atmósferas cumplirlas pero con la sorpresa de la última vuelta de rosca”. Agregó que resumirlo es sumarles palabras. El lector completa la escritura y el autor delega en el narrador… Se destacó con esa cita de Julio Cortázar: “ningún autor debe complicar al lector”.

El debate se enriquecía con las palabras de los participantes que cada vez más se soltaban y entusiasmaban. “Estoy en la etapa de descubrir lo que escribo, alguien que complete la obra e incluso si me la complican me gusta más.” A varios les quedaron sensaciones encontradas. Epherra viró la conversación al terreno del estilo de escritura. Sostuvo que ser espontáneo lleva mucho trabajo. Siempre hay que tratar de ver qué pasa, a quién le pasa, cómo lo cuenta y generar atmósferas interesantes. Se pasó revista a Adolfo Bioy Casares. Todos los escenarios que pueden plantearse como la dosificación, la confrontación y la explicación. Además, la cantidad, calidad, precisión y predisposición. Los emblemas: Cuentos de Borges y Bioy Casares o los de Brasca y Chitarroni. Estableció que el microcuento puede tener desde palabras hasta media página y el cuento breve llegar a dos carillas. Ambos comparten la presentación, desarrollo y remate o la introducción, nudo y desenlace. Leyó algunos textos propios, como Mirada Cómplice, Alerta Amarilla y Microcuento Chino. Guillermo Cabrera Infante, Alejandra Pizarnik y Julio Cortázar volvieron al debate. Quedó claro que el ensayo muestra un tema con una conclusión y el microensayo intenta demostrar algo.

Los concurrentes expusieron y a su paso Edgardo Epherra dejaba su mirada. “No pensarlo, vivirlo. Decir, no enunciar. Alinear el género. Tener en claro el conflicto. “Fundamentalmente saber que “más es menos. Hay una etapa volcánica y otra quirúrgica. Las ocurrencias tienen que tener un formato”. En tanto los participantes se levantaban con una ficha técnica y un libro del autor en la mano con esta frase: “el micro empieza cuando terminó y es él mientras tanto”.

Por Diego Lanis.