Herida

Javier Palomar

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 fue el día de la reconciliación. Tras largos años de distanciamiento y deseos de derrota para su seleccionado, Víctor logró cerrar la herida que había abierto el Mundial del 78. No era un encono especial con Menotti y sus muchachos, sino que su rechazo surgía del uso político que la dictadura le dio a la máxima expresión del deporte que lo apasionaba. La eterna pesadilla de esos últimos años de la década del 70, el terror cotidiano: todo eso veía reflejado cada vez que veía a la selección. Sin embargo, cuando Messi levantó la Copa, Víctor miró a su hijo, que tenía meses cuando decidió junto a su pareja exiliarse en Centroamérica para mayor seguridad, el mismo que profesaba un amor genuino y contagioso por el equipo de Sabella. Se fundieron en un fuerte abrazo y la herida cicatrizó para siempre.