La vida y el fútbol son cíclicos

Diego Lencina

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 arranqué de madrugada. Salí del laburo a las 14:15 y fui directo al barrio de mi niñez. Mi madre como siempre me había guardado un pedazo de asado. Comí rápido como siempre, esta vez no tenía que ir a la cancha, – porque además soy periodista deportivo – el apuro ahora pasaba por otro lado, se jugaba la final del mundial y Argentina volvía a esa cita 24 años después, encima contra el local.
Ganamos 4 a 3, fue un partidazo con Lio Messi héroe del nuevo Maracanazo. Me dieron ganas de salir a la calle a confundirme en la marea humana que inundó todo con bombos, banderas y alegría, algo que los argentinos nos merecíamos hacía tiempo.
Sin embargo, apenas el árbitro pitó el final, en vez de eso lo festejé con mis padres. Estábamos los tres solos como aquella vez que Boca le ganó al Palmeiras y al Real Madrid en el 2000. Argentina campeón mundial era lo único que nos faltaba.
Dicen que la historia es cíclica y lo que antes ocurrió siempre vuelve. Puedo asegurar que lo comprobé esa tarde. De repente veo a mi pequeña hija corriendo con un sombrero de arlequín celeste y blanco mientras mi mujer la seguía sonriente. Al encontrarnos nos amalgamamos en un abrazo interminable. Además a los días descubrimos que venía otro bebé en camino. Que momento feliz, algo inolvidable y que por eso de lo cíclico en algún tiempo se volverá a repetir…