Sin título

Jorge Cappa

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014, apenas fue el comienzo de todo. Antes, durante un mes entero, vivimos algo inolvidable. Jugamos, luchamos, sufrimos e incluso disfrutamos. Nos abrazamos, gritamos y esa tarde, al fin, lloramos. Mucho. Cuatro horas después de haber levantado la copa, mi cabeza aún seguía celebrando el gol decisivo. El mío. Y continuó siendo así, hasta que el sueño me encontró. A la mañana siguiente, pasadas las 7:17, volvió a salir el sol. Decidido y rotundo, me pareció más radiante que nunca.