Sin título

Claudio Cherep

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 lloré mucho. Lloré como nunca antes había llorado. Recuerdo aquella jornada, además, por tres incidentes domésticos que el tiempo sabrá borrar: mi casa ardió en un incendio aún inexplicable, mi mujer se fue con mi vecino por motivos que sí se pueden explicar y mi padre eligió ese atardecer lluvioso para morir en mis brazos. Y yo lloré. Llanto de pibe, lágrimas perennes. Lloré bailando por las calles del barrio. Lloré porque salimos campeones del mundo. En cancha de ellos. Y no lo olvidaré jamás. Y no lo olvidarán.