Sin título

Henry A. Castellanos Cárdenas

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 era domingo; sin embargo, esa mañana, los chicos del barrio no fueron al picado de siempre por allá en el potrero sur, el mismo que la leyenda señala como el lugar donde nuestro mejor jugador anotó lujosos goles, siendo un niño.
Aunque el hecho pasó desapercibido, para los pequeños no fue un detalle menor: la final se jugó con la vieja pelota que, desde tiempos remotos, es pateada los domingos en el potrero sur del barrio, la misma que otorga el poder de hacer goles imposibles en una final de mundial, a todo aquél, que de niño, haya jugado con ella.