Otra mano

Víctor Torres

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 levanté lentamente la persiana, como izando la bandera celeste y blanca que ahora primeriaba a todas.
Busqué a mi alrededor, en el último sol de un domingo frío, la camiseta que mi viejo me había regalado cuando chico y salí para la plaza del pueblo.
La euforia de la gente no me dejaba ver lo que andaba buscando. Iba chocando con la muchedumbre enceguecida por el triunfo. Mi cuerpo temblaba, mi sombra otro tanto. Llegué, por fin, hasta el banco y acomodé mis lágrimas frente al viejo que me miraba diciendo “desde arriba les dimos otra mano”.

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