Sin título

Jorge Cappa

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 supe que, a pesar de todo, nunca podría llegar a ser como él. Me abrazaron, me llevaron en hombros y me hicieron mil fotos con la copa. Yo sonreía y besaba la medalla. Pero no, no era feliz. Al fin en el vestuario, sentado en un rincón, miré al Pipo y, en voz baja, me enfrenté a la verdad: “Qué burro, viejo. No ví nada. Cerré los ojos, le pegué a lo que saliera y pasó por abajo del arquero. Tuve suerte. Tenía que haber amagado, gambetearle hacia mi derecha y definir suave, con el arco vacío. Era fácil. Es lo que habría hecho Diego”.