Tempestad

Peregrino

Labró su huerta sobre tierra virgen. Orgulloso vio crecer sus tres retoños fuertes, vigorosos y traviesos.
Cuando los surcos alcanzaron su piel sintió que había llegado el momento de detenerse a contemplar su obra. Fue entonces cuando en el horizonte se dibujó una tempestad, distinta a las conocidas, mucho más cruel y siniestra.
Primero se llevó el pilar sobre el que se recostaba, su soporte; luego al que le había dedicado todo su esmero, porque su fragilidad así lo exigía.
Desde entonces, absorto; pierde su mirada en el infinito. Busca otra tormenta, una que le permita reencontrarse con lo perdido…