As de espadas

Johan Plosky

Todo parecía un juego. En la mesa había cuatro copas y una espada. Cuando quiso tomar una copa le cortó la mano, cuando quiso tocar su mano le cortó el brazo. Cuando cayó suplicante al suelo le cortó la cabeza. Antes de que llegara la policía prefirió cortarse la cabeza ella misma. Colocó la espada entre dos sillas, el filo brillaba y chillaba sangre. Se subió a la mesa, estiró el cuello, se agarró a sí misma del cabello y se dejó caer.
Su cuello resistió. Murió desangrada.