Mano a mano

Myriam García Zuloaga

Todos decían que nadie jugaba tan bien al truco como el Viejo. Rodeaban su mesa solo por el placer de verlo armar sus estrategias y ganar con la estocada final. Cuando perdía, y eran muy pocas las veces, el Viejo sonreía socarronamente y pensaba-¡Son tantas las partidas!-
Al truco le enseñó a jugar la vida. Ella reparte y espera al pie. Y así aprendió que muchas veces hay que arriesgarlo todo con un escaso envido; otras, se hace necesario quemar la mejor carta para afianzar esa segunda y poder, casi, garantizar el final feliz. Y,no son pocas las veces que, al sospechar una mentira, supo jugarse a fondo y redoblar el desafío, con una falta envido.
No siempre ha perdido con un cuatro y no siempre ha ganado con el as de espadas en la mano. Pero, en la vida como en el juego, a menudo el Viejo ha podido coronar una partida, de pie, y con el macho glorioso pegado en la frente.