Homenaje a Fontanarrosa

Prada, Josefa

Eulogia como una sombra
expandida desde la pesada
gota re tinta con paisana
cabellera criolla se aquerencia
sobre la línea fina del horizonte.
Espera… junto a Mendieta,
mate en la mano. Hoy otean…
porfías sin aprender de ecos
teros y ausencias homenajeadas.

Homenaje a Fontanarrosa

Fernández, Julio Daniel

Cierto día Mendieta despertó inquieto. Estiró su cuerpo y comenzó a caminar sin rumbo fijo. Lentamente encontró los sonidos y olores que lo acercaban a la ciudad indicada. Un camionero en plena ruta le preguntó: -¿Qué haces acá Mendieta? – Ando buscando el bar “El Cairo”. – Subí que yo te acerco.
Después de algunos minutos lo dejó a pocas cuadras del mencionado bar. Una vez frente a su puerta Mendieta amagó a entrar, pero su marcha fue interrumpida por un mozo que le dijo: – ¿Qué hacés acá? Mendieta preguntó: – ¿Está Roberto? El mozo tragó saliva y algo inquieto respondió: – Preguntá en aquella mesa, ahí siempre están sus amigos.
Así lo hizo el querido perro: – Quiero saber dónde está Roberto. Los integrantes de la famosa mesa miraron perplejos. Alguien alejó su taza de café, se le acercó y se animó a decir: – Roberto salió de gira. Es una gira un poco larga. No te podemos mentir. Pero si algún día lo encontrás avisale que nosotros sus amigos lo seguimos esperando, que su silla sigue libre y que jamás nadie podrá ocuparla.

Tormenta

Pulizzi, Marta Susana

– Mire esas nubes negras, Mendieta, se viene la tormenta.
– ¡No! Son las cenizas que larga el Peyehue, cubren casi toda la pampa, Don Inodoro.
-¡Ahijuna con la lobuna! ¡Qué es grande el asado! ¿A dónde puso la parrilla el intruso?
– Peyehue no es un asador, es un volcán que está en erupción, también suelta lava, Inodoro.
– ¡Yo no pienso lavarme de nuevo!, ya en Navidad me lavé las patas.
– ¡Ayyy… Quiero juntar esas piedritas!- dice la Eulogia -, sirven para limar asperezas del cuerpo, Pereyra.
– ¡A mi pereza del cuerpo no la molesta nadie… la dejan en paz!, está tranquila.
– ¡Miren al Nabuco!, ¡criaturita de Dios! -dice Mendieta- ¡bañado en cenizas!
– ¡Hasta con la higiene del pobre chancho se metió ese chileno invasor! ¿Por qué esa agresión gratuita? ¡Debe ser inspector de sanidá!
-¡Qué lo parió Don Inodoro!

Fidelidad

Perinelli, Roberto

Mendieta dejó de hablar, desde el 19 de julio de 2007 sólo ladra.

Una mañana cualquiera (día de entrenamiento)

Martinelli, Leonardo

Mi café negro, un Jack Daniels y el cigarro cubano me acompañaban en este bar del Abasto centenario, cuyos mozos parecían trabajar desde su fundación. Un gato se paseaba entre las mesas. Yo quería escuchar al Gardel que sonaba en el viejo tocadiscos pero el hombre frente a mí no se podía callar. El militar argentino de bigotes deliraba, pensaba que me conocía, “vivimos en un mundo desquiciado, Boogie, nosotros tenemos que tomar el control”. Apenas un disparo interrumpió sus reflexiones. No iba a gastar más de una bala en tal aberración. Ni olvido ni perdón. Treinta mil motivos para realizar este trabajo. Dejé una generosa propina. Iban a tener que limpiar y sacar la basura.

Se viene el hambre

Moday, Mauricio

Inodoro II

_ ¡Qué piensa Don Inodoro, hace como una hora que está frotando esas dos monedas de diez centavos!
_Mi mente vaga por la estratosfera como dicen en la radio Mendieta, y como se viene la hambruna, creo qué es la única manera de gastar plata pa´ nosotros.
_ Yo, Don Inodoro, por si las moscas, estoy preparando un chimichurri para echarle al cinto de cuero y marinarlo.

Inodoro III

_ Qué vida Mendieta no… fijate que la Eulogia se hizo un tratamiento dental con doña Enriqueta.
_ Pero Enriqueta no es dentista, Inodoro.
_ No ya sé, pero le tapó las caries con barro.
_ ¿Y para qué don Inodoro?
_ Pa´ que no se le quedara carne en los dientes agujereados.
_ ¿Carne en los dientes agujereados Inodoro?
_ Y si…con el hambre Mendieta, hoy por hoy, no se debe desperdiciar ni un cachito de bofe.

La Eulogia

Moday, Mauricio

Inodoro IV

_ Sabe Mendieta que a la Eulogia las malas lenguas la llaman Tantor.
_ ¿Como el elefante de Tarzán don Inodoro?
_ No, pa no llamarla “tanto-rollo” que parece que fuera por gorda, Mendieta.

Inodoro V

_ Sabía Mendieta que Rodolfo Zapata se clavó una astilla de madera.
_ ¿Estaba hachando leña, Don Inodoro?
_ No sea inorante Mendieta, estaba cantando “La Gorda” en la Kermese de los sábados, en el poblado, y La Eulogia se le tiró encima y le hizo bolsa la guitarra.

A mí se me hace cuento que se fue de viaje, lo juzgo tan eterno como sus personajes…

Cabrera, Rubén Faustino

Todos estaban en El Cairo: Inodoro, Eulogia, Mendieta, Lloriqueo, Boogie, Nabucodonosor, Sperman; hasta los loros. En eso, un grito: “¡¿Qué hacen?!”. Mendieta reaccionó: “¡Qué lo parió!”, dijo mientras el Negro se acercaba. “¿Qué hacen?”, repitió. Pereyra contestó: “Huevo, dijo la gallina”. “¡Cuándo no!”, acotó Eulogia. “Matando el tiempo”, agregó Boogie. “¿Por qué no laburan?”. “No hay un maldito trabajo”, dijo Boogie. “Negociemos, don Inodoro”, propuso Mendieta. “Hay un concurso de cuentos. ¡Ya mismo se ponen a laburar!”. “¡Ahijuna con la lobuna!”, dijo Inodoro. “¡Shit!”, dijo Boogie. “Se acabó el ostracismo”, agregó Mendieta. “La ostra vive encerrada pa’ cuidar las perlas. Si hay un sismo ni se entera”, dijo Pereyra. “Criaturita de Dios”, concluyó Mendieta.

Reencuentro

Farias, Diego Hernán

Hey Negro! ¿Qué hacés? Más de treinta y cinco años pasaron che. ¿No te acordás de mí? Pero viejo, me mandaste a matar con esa manga de delincuentes y ahora me desconocés. No, mentira te estoy jodiendo. Vos sabés bien que no me molestó en lo más mínimo lo que me hizo tu cuento. Si me quedaba en Rosario no podría nunca haber pasado la tarde de gloria que me hiciste vivir. Me diste el mejor de los finales, te lo voy a agradecer siempre.
Acá soy “El viejo Casale, el que murió de felicidad”, y todo gracias a vos Negrito, a tu pluma, a tu locura canallesca, a tu pasión. Pero vení, pasá, no estés mal por los de abajo. Acá también hay mucha gente que te quiere, hasta uno de Ñuls me dijo que te presente, que te admiró siempre. Decime que trajiste lápiz y papel, sino no importa le pedimos a Juancito, vení…

(El Viejo Casale, personaje del cuento “19 de diciembre de 1971”)

Carta al Negro

Mancilla, Eduardo

Viernes 26 de Julio de 2007

Hola Negro:
Hace una semana que te fuiste de viaje y aprovecho para escribirte unas líneas. Como no fuimos amigos, a pesar de que te conocía mucho y vos a mi nada, aprovecho la impunidad del anonimato para declararme “amigo tuyo para siempre”, total, ¡ahora no vas a decir que no…!
Te comento que la ciudad está vacía, solitaria, triste, aplastada, es como que perdió el alma, o algo así, no te puedo explicar bien pero tal vez sea una sensación mía, ahora entiendo el dicho ese que dice: “brilla por su ausencia…” y por ahí sí, puedo decir que está sin luz, ¡y nada que ver con la crisis energética eh…! Hablo de una luz superior, esa que irradia calor y color humano.
Negro, ahora que somos amigos, quería pedirte prestado a Mendieta para cruzarlo con mi perrita Lola, es una cocker divina, rubia, buenita, sabes qué, haríamos mucha guita con la cría. Bueno, pensalo y después me decís.
Desde que te fuiste no hago más que leer y releer tus cuentos, como una compulsión y me doy cuenta de que estoy en todos, estamos en todos, porque vos nos dibujabas en ellos, ¿cómo no sentirme identificado?
El viernes pasado venía manejando por Corrientes y Pasco, eran las siete de la tarde y escuchaba Continental, cuando aparecieron el turco Whebe, Alejandro Apo y Víctor Hugo diciendo unas cosas increíblemente bellas y sensibles sobre vos, no pude más que detener el coche en la mano izquierda y dejar fluir el llanto, te juro que llovían los bocinazos y las puteadas, pero me las banqué como un macho, de todas maneras Corrientes es ancha por ahí y había lugar para todos.
Bueno Negrito, no te quiero aburrir más con mis cosas, si bien abusé un poco con nuestra nueva amistad, necesitaba decirte esto, creéme que lo necesitaba. ¡De más está decir que siempre te perdoné que seas canayón…! Aunque no viene al caso.
Te dejo un abrazo de gol, como dice el mariscal Perfumo.
Tu nuevo amigo, Eduardo Mancilla.