Rutina

Fernández, Ariel

Aún dormido y en medio de los preparativos para desayunar algo caliente, entreveo por encima de la improvisada mesada de la cocina a la Eulogia ya levantada merodeando por su patio a unos metros por encima de mi cabeza.
Durante varios minutos estuvo renegando con unos pájaros entre medio de su huerto.
Me llamaron la atención sus movimientos. Medios mecánicos. En la Eulogia esto estaba plenamente vivo.
Confieso que a don Inodoro nunca lo oí acercarse, sólo advertí su presencia cuando vi aparecer, sostenido por un brazo huesudo extendido hacia delante, un mate que fue tomado por ella en total silencio.
Lo que siguió fueron algunos secretos que la Eulogia le comunicó a don Inodoro para poder ir de cuerpo de una vez por todas, no sin ademanes exagerados y ceño fruncido, siendo el más destacado uno que narraba las peripecias de un abombau que estuvo ayer por la tardecita a los pedos limpios donde sus caballos andaban pastando tranquilamente.

La jubilación de Eulogia

Goñi Capurro, Juan Pablo

– Así es Mendieta, la Eulogia se me quiere jubilar.
– ¿Y?
– Y que me va a hacer juicio por lo aportes.
– ¿Y de qué se va a jubilar?
– De ses simbol. Y dice que me va a enjuiciar por daño moral, por haberla hecho un ojeto de deseo.
– En eso tiene razón, siempre deseamos que se juera.
– Y que va a ir a la televisión pa’ denunciarme por abandono ‘e persona.
– No tenga miedo, Inodoro, ¿quién le va a creer que ‘e una persona?
– No se crea Mendieta, dice que el abogado le ve pinta ‘e mediática.
– Eso también es cierto, siempre está en el medio, ¡a metida no le gana nadie!
– Y falta lo pior, Mendieta: lo yeva a usté de testigo.
– Pfff… entonce ganamo, yo no sé hablar, ladro y listo.
– No se confíe Mendieta, ¿y si yevan tradutor?
– Uhh, lo que es la cencia… ¡Qué lo parió!

El pequeño Boogie

Yudchak, Héctor

Desde niño tuvo cierta inclinación por la violencia. Como aquella vez que diseccionó una rana que encontró en el jardín de su casa enfrente de sus tías abuelas, a la elegante hora del té. “Qué ocurrente” fue lo único que se le ocurrió decir a su padre, mientras lo arrastraba de la oreja derecha hacia el fondo de la casa, donde le daría una larga y aburrida lección de moral y buenas costumbres. El pequeño percibió claramente que la moral y las buenas costumbres eran aburridas y decepcionantes, así que decidió que estaba en el buen camino y persistió en su tarea quirúrgica con variados animalitos, siempre con testigos impresionables, como sus maestras, compañeras de jardín y primaria, vecinas, etc. Cuando personas desprevenidas le preguntaban el clásico “qué vas a ser cuando seas grande”, él invariablemente respondía “asesino cereal”, provocando la sonrisa por el equívoco vocablo gramíneo, sin que nadie se percatarse, entonces, de la rigidez de su réplica ni del frío brillo que emitían sus ojos claros al contestar.

Se siente…

Hernández, Carlos Eduardo

Mientras leía, se detuvo por un momento con la vista fija sobre los pequeños personajes de la historieta. Primero se fueron desdibujando, luego se hicieron borrosos, por último dos gruesas gotas cayeron sobre ellos. Su mano instintivamente buscó en el bolsillo trasero del pantalón regresando con un pañuelo. Se levantó y caminando con pasos lentos hacia la ventana se quedó mirando algo, o nada.
A sus espaldas, inaudible para él, se produjo un cuchicheo:
– ¿Qué ha pasau, Don Inodoro? Está tuito mojao
– ¡Se estraña al Negro, Mendieta!
– Y qué le parece, Don Inodoro. Me están entrando ganas de ponerme a auyar.
– No, el no nos hiso pa’ la tristesa. No lo hagamos quedar mal
Los pasos se acercaban nuevamente, apagados por la alfombra.
– Tiene rasón, Don Inodoro. ¡Ya guelve, recompóngase!
– La junción debe continuar, Mendieta.

La sorpresa de Boogie

Ibaña, Daniel

No deja de sorprendernos, a pesar de que Boogie nos había anunciado su destino. Él lo sabía y lo había aceptado con el coraje de siempre. Lo había negado al principio y ocultado una vez que lo supo irremediable. Nosotros, sus amigos, lo abrazamos con la calidez de la mirada cuando nos dio la noticia.
Al contrario de lo que se pueda pensar, no estoy triste. Sigo sorprendido, pero entiendo que estas cosas son parte de la vida y que nuestras elecciones traen consecuencias inherentes; y hay que aceptarlas con hombría. Como lo hizo Boogie.
Puedo jurar que nadie imaginó este desenlace. Todos saben cómo era Boggie: fuerte, inquebrantable, machista, violento. Y es por eso que verlo ahí, adornado por un velo blanco me hace pensar que no todo es como creemos; que la vida siempre nos tiene guardada una sorpresa.
Y ahora ahí va, camino al altar, vestido de novia, de la mano de Oscar, el mecánico de la esquina. Demostrando que sigue siendo tan macho como siempre.

Inodoro Pereyra

Castagnasso, Germán

– ¡Eulooooogia! ¡Pongase linda que nos vamos pa Güenosaires!
– ¿Linda?- dijo Mendieta-. Va a tener que operarla de urgencia Don Inodoro.
– ¿Una operación de la cara dice usté?
– Carísima. Mas que un cirujano va a tener que llamar un arquiteto, Don Inodoro. Son mucho ambientes pa remodelar.
– ¿Qué pasa Inodoro?-, dijo apareciendo de golpe la Eulogia y provocando un eclipse de sol en la tarde pampeana.
– Me yegaron invitaciones pa dir al Güenosaires. Se cumplieron cuatro años ya que el Negro dejó de dibujarnos. Hay un concurso y quieren que estemos ayi, precisamente. Se extraña la tinta, se extraña el Negro. Jué el mejor amigo de este gaucho, sin ofender Mendieta. Así que haga esa dieta rápida que me prometió, baje esos 80 kilitos que le sobran que nos vamos.
– Güeno, usté y Mendieta se me bañan entonces.
– Esteee, no es pa tanto Eulogia.
– Mejor vamos todos ansina, como estamo, Don Inodoro-, propuso Mendieta.
– See, a ver si no nos reconocen.
– Que lo parió.

Mendieta

Tomasella, Marta Mercedes

Inodoro Pereyra estaba preocupado, se dio cuenta que Mendieta desde hacía un tiempo estaba melancólico, casi no comía y dormía muy poco.
Se pasaba largos momentos contemplando la luna y suspirando, pensó que tal vez extrañaba su condición de lobizón o analizaba la posibilidad de que la luna sea una tortilla suspendida en el cielo.
Cuando le preguntaba por qué estaba así contestaba con un suspiro.
– Fíjese usté don Inodoro, son ganas de suspirar nomás, la pampa es tannn grande, le respondía.
Inodoro investigó hasta que la Eulogia se lo aclaró todo.
– Lo que pasa Pereyra es que Mendieta esta enamorao.
– ¿De quién?
– De la perrita que apareció cantando la otra noche en “you mach”.

Arte omnipresente

Carrieri, Yanina

Desde que emprendió el viaje que no sé más nada sobre él. Necesito una señal. Saber que allá está bien. Pero ¿Cómo hago?
Ah, ya sé: Facebook. La red social debe acercarme a los seres que lo acompañaron a lo largo de la vida. Algo tienen que saber…
A ver: “MENDIETA”. Ahí está. Qué buena foto de perfil. Lo tiene al negrito con su pícara sonrisa.
A ver: “INODORO”. ¡Vamos todavía! Y en la foto está el querido rosarino con la casaca de su amado central.
A ver: “BOOGIE, EL ACEITOSO”. ¡Buenísimo! La foto lo tiene al negro en la mesa de los galanes.
Les voy a enviar un mensaje privado: ¿En qué anda el negro?
La respuesta no tardó en llegar:
M: Me dijo un tal San Pedro que sus libros ya son furor.
I: Me contó un ángel que la está rompiendo con las historietas celestiales.
B: Está convenciendo a todo el cielo para que Central vuelva a la “A”.
Tal como lo imaginé… Acá, en el cielo y en cualquier parte; Fontanarrosa te alegra el corazón.

El gol que no fue

Matz, Hernán

Los periodistas son un invento de las revistas. El mejor gol de todos los tiempos. No me jodan. Qué saben estos tipos de goles de todos los tiempos. Yo sí que vi conquistas de todos los colores. Golazos. Vos no sabés las piruetas que veía en el Halab Ladhiqiya Sporting. Recuerdo una en particular. Fue en el estadio de Bombasi. Ese pibe era un crack. El fútbol a veces confunde, viste. No se sabía si era un partido o una guerra. La cosa estaba picante. El pibe arrancó desde la mitad de la cancha. Y no paró. Uno, dos, tres. Zurdito era. De esos zurditos pícaros que les gusta faltarle el respeto a los grandulones. Y se metió en el área. Pero justo cuando pasó al arquero y quedó frente a la red definió desviado. No me hablen de goles. Ese hubiera sido el mejor de todos los tiempos. Y encima protestó por una supuesta falta y se comió la segunda amarilla. ¿Podés creer que la primera se la había ligado por intentar meter un gol con la mano? Pobre pibe. Pobre.

Destino infalible

Green, Gustavo Eduardo

Me indicaron el lugar, lo señalaron en forma inequívoca.
Intenté dirigirme hacia el lado contrario pero me detuvieron.
Anotaron el sitio con letra clara; con la instrucción hice un bollo compacto y lo boté.
Me explicaron que él ya no estaba, y yo simulé no entender.
Soportaron mis miradas esquivas y mis fingidas distracciones. Comprendieron mi angustia.
Fueron pacientes y por momentos enérgicos.
Debo admitir que siempre fueron contemplativos, hasta el último momento, cuando me acompañaron al sitio indicado, tomándome suavemente del brazo y ayudándome a descender a la tumba con la lápida de mármol veteado dónde en bellas letras góticas lucía tallado mi nombre: Boogie.