Inodoro benefactor

Cabrera, Rubén Faustino

“Ahí yega Lloriqueo, Mendieta”. “Negociemos, don Inodoro”. “¿Qué lo trae por aquí, Lloriqueo?”. “El cabayo, Inodoro Toro. Y comunicar la suspensión del malón anual a Conchilaló por rispeto a la memoria del Negro Toro, que se fue con tata Dios hace cuatro años”. “Es una buena noticia, Lloriqueo. Y una linda forma de homenajearlo”. “En su lugar, como la toldería necesita mantenimiento, lanzamos –lanzamos, no sé si ripara en el juego de palabras- la Rifa Anual de las Colectividades Indígenas. ¿Con cuántos números lo anoto?”. “¡Pep…! ¡Si la semana pasada ya compré la Rifa Anual!”. “No se confunda, Inodoro Toro. Eso fue el Bono Contribución pro-sustitución de taparrabos por cambio de temporada”. “¡Otra vez me toman para la joda!”. “Por esta vez, dígalo usté, don Inodoro”. “¡Que lo parió, Mendieta!”.

Sin título

Esquivel, Rosa

– ¡Qué naides diga que la tradición ya jué, que las pilchas son “demodé” o que los yeguarizos no se montan porque tienen derechos! ¿A dónde se jué la identidá campera, Mendieta? Ni la Eulogia quiere saber nada con las alpargatas bigotudas si no dicen “Sarkani” a lo menos.
– ¡Sólo queda usté Inodoro! De puro renegau hace un mes que no se baña.
– Es cierto, me´ quedau solo con mis adentros y mis ajueras, ¡Quiero que tuitos sientan mi ezencia campera!
– Estoy siguro que la sienten Inodoro, en las cercanías no haquedao naides, si hasta yo tengo ganas de irme, me quedo de puro resfriado nomás.
– Jodido tener al paisanaje en contra, ayercito mi ha yegau un anónimo intimándome al baño perentorio y estas sabandijas volátiles me torturan ¡Pero mi amor por la tierra es más juerte, ahijuna!
– Se me ha revelau una gran verdá Pereyra, usté sin la tierra no sería lo mismo.

Sin título

Esquivel, Rosa

– ¡¡Corra Inodoro, se vienen las hormigas y son las mentadas hormigas argentinas!!
– ¡Malaya Mendieta, el “ujero” que hicieron debe ser grande! Fíjese que ya las conocen en la China, en Australia.
– Sí, son millones arrastrando la grandeza criolla por el mundo.
– ¿A qué habrán güelto Inodoro?
– Parece que recularon Mendieta, tanta modernidá las terminó boleando, se fueron esperanzadas de encontrar lo que en la soledá pampeana no abunda.
– ¿Qué cosa Inodoro?
– El “hormigón armao”, Mendieta.

Sin título

Esquivel, Rosa

– ¡Qué lo parió Mendieta! Parece que fue ayer cuando Nabucodonosor era lechón nomás, mírelo ahora está como agrandado, si hasta l´ Eulogia sólo tiene ojos para él.
– Es que la carne llama Inodoro, el deseo carnal es irrefrenable, sobre todo ahora con los bifes a 50 el kilo.

Sin título

Antonelli, Rodolfo

Inodoro Pereyra, acompañado por su fiel Mendieta, regresaba a su rancho tras haber anudado una tormenta que se había desatado, cuando escuchó unos gritos desgarradores.
– Otra vez la bataraza poniendo güevos en el lobby del rancho, Mendieta-, dijo en voz alta Inodoro.
– Desde que se enredó con los ´barras´ de Central, se tomó a pecho lo de poner más güevos-, dijo Mendieta.
Sin embargo, al ingresar a su ´loft´, Inodoro comprobó que la Eulogia estaba siendo acosada por Boogie ´el aceitoso´, con más ganas de que la alcanzaran que de lo contrario.
– ¡Mendieta!- exclamó Inodoro-, ¿me habré olvidau´ de pagar la última cuota de la deuda externa? ¿Por qué no me avisó?
– Dicen que el amor es ciego, pero este ´gringo´ abusa- filosofó Mendieta.
Al ver a su hombre, Eulogia le gritó:
– ¿Qué le pasa Pereyra, que se ha quedau´ boquiabierto? ¿No piensa hacer nada?
– Tiene razón, Eulogia: ¡qué abombau´ que soy! Ya le cebo unos mates, aparcero; ¿dulce o amargo?

Igual soy una persona

Manceda, Ana María

Estoy hecha pedazos Pereyra, no hago más dietas, igual soy una persona. —Pero claro, ¿puede una persona disaparecer de a pedazos? Porque a la Eulogia le desapareció la cintura.

Desaparezcamos Homo Sapiens

Manceda, Ana María

Tengo una solución para el cambio climático “DESAPAREZCAMOS HOMO SAPIENS”, total me encontraré con el “Negro” y recordaremos la frase de Inodoro Pereyra: “Estoy comprometido con mi tierra, casado con sus problemas y divorciado de sus riquezas”, mientras tomamos unos mates y todo se vuelve simple.

Del abismo al cráter de un volcán

Manceda, Ana María

Estoy en el abismo. ¿De dónde me aferro para no hundirme en él? De pronto la imagen y se aparece el “Negro” y me decido, a pesar de ser una mujer madura. Mi imagen sube, vuela y me instalo muy alegre a jugar un partido de fútbol en el cráter de un volcán africano.

Esperanza

Sánchez Berazategui, Enrique

– ¡Güenas paisano! ¿Cómo anda el amigo?
– Mal pero acostumbrao.
– Vengo desde lejos y ando buscando a un tal Fontanarrosa ¿Lo conoce?
– A veces uno no sabe qué pensar… sólo espera.
– Y sí, la esperanza es lo último que se pierde.
– ¡Dígamelo a mí! Al lado de la Eulogia lo primero que vi perderse fue su cintura.
– ¡Ánimo hombre! ¡Ya aparecerá!
– Lo dudo, es más fácil que vuelva El Negro.
– ¡Vaya uno a saber!
– Pa colmo hoy los loros me gritaron “Che Narigón, el muy ‘canalla’ se fue con
Tata Dios”.
– ¿Y usted les cree?
– ¿Quién sabe?
– Entonces ¡sigo buscándolo!

– Vio Don Inodoro, anda mucho extranjero extraviao.
– Así es Mendieta, reniegan del GPS.
– Aunque usted también parece desorientao mirando siempre pa arriba.
– ¡Nos invade la melancolía, Mendieta!
– Nunca Don Inodoro. ¡Negociemos!
– No es fácil, me parece que ya es tarde.
– Disculpe, pero ¿Usted está yorando?
– ¡Qué va, Mendieta! ¡Es el rocío!
– Tiene razón Don Inodoro, a mí también el rocío me está nublando la vista.

¿Por qué?

Sánchez Berazategui, Enrique

Después que Martín Fierro partiese con destino hacia uno de los cuatro vientos y que Borges lo diese por muerto en “El Fin”, nada más se supo de él, hasta que la historieta gauchesca lo hizo resurgir de sus propias cenizas en pleno “siglo Cambalache”. Es cierto, nada fue igual, era un gaucho posmoderno, que no sólo se valió de la palabra sino también de la imagen (un hombre comprometido con su tiempo). Desde entonces la llanura pampeana adquirió otra fisonomía, la de viñeta, cuyos límites se extendían desde Ushuaia hasta La Quiaca, y millones de argentinos seguían sus increíbles historias domingo a domingo. No fue lo que se dice un gaucho de ley, más bien fue un antihéroe; un lenguaraz inigualable; fiero, pero entrañablemente querible.
Podemos imaginarlo. Inodoro sentado sobre una piedra mirando hacia el firmamento, a su lado Mendieta. Y los dos preguntándose “¿por qué?”.