Viejo sueño

Solian, Diego

Siempre había soñado esto con los ojos abiertos imaginándome la misma historia siempre. Y ahí estaba él y acá estaba yo, mano a mano, la gloria más sagrada para uno y la humillación más detestable para el otro… respiré profundo con las manos en la cintura como si no pasara nada, esperé tranquilo ese silbato que me dejara meterme en mi sueño y ahí fui, con mi carrera de 3 metros eterna…. y me di cuenta que no estaba tan solo como pensaba, al lado mío iba mi viejo, mis hijos, el día en que entre por primera vez a la cancha, el llanto de esa derrota, el aire denso de ese estadio suspendido en el tiempo y en el espacio…. y le pegué al mismo lugar donde en mi fantasía pateaba…. y la pelota fue ahí… y jamás pensé que podía tardar tanto en llegar…. y jamás volví a sentir la eternidad de esa manera.

Reflexiones sobre la pena máxima: El penal.

Mancilla, Eduardo

Dos sujetos intransferibles en la cultura filosófica del fútbol, están intrínsecamente determinados por “el penal”.

El arquero, prácticamente indefenso debajo de los tres palos, y el barra brava que cayó en desgracia, rodeado de barrotes inexpugnables.

La jugada

Avogadro, Marisa

Describió una curva perfecta. Derecho al ángulo izquierdo. Entró con maestría, redonda, segura, de cuero negro. Las voces rugientes desde la tribuna dieron ánimo a su patada certera. Desde la media cancha, el mejor goleador hacía su mejor jugada.

Se escuchó una campaña como un trueno. Final del primer tiempo. No… se despertó y corrió para no llegar al trabajo. Era un sueño.

Fuera de contexto

Amblar, Alberto

La investigación sobre la supuesta vinculación de los temibles actos que se sucedieron en la última jornada del fútbol, no arrojó elementos contundentes. Sin embargo y a pesar de cierta superficialidad en el análisis, se puede sostener que los hechos tienen un denominador común y que los mismos pueden ser explicados en un ambiente de clara relajación de los comportamientos tanto deportivos como humanos en una sincrónica correlación con los tiempos que corren.

Los acontecimientos se exteriorizaron como una serie de acciones que convergieron en un nodo, en un núcleo conceptual, tal vez azarosamente, porque como comenté pruebas objetivas no se obtuvieron, pero sospechosamente confluyeron configurando un escándalo proporciones mayúsculas, haciendo del aquelarre en que se ha convertido el más popular deporte del país, una gragea diminuta respecto de lo acaecido.

Cabe destacar que el propio periodismo ha alimentado esta serie de actitudes ilegales, reñidas con las sanas prácticas deportivas y carentes de justificación alguna. La complicidad de la prensa con lo ocurrido es un proceso complejo, que se puede intentar explicar abordando varios niveles y planos. Desde la imperiosa necesidad y obsesión para obtener declaraciones de jugadores, técnicos y/o dirigentes, cuanto mas impúdicas, inmorales y escabrosas mejor, hasta esa manía de calificarlas, y de paso denostarlas, como de escaso compromiso y/o demonizarlas con la ya clásica expresión de: “se puso el casette” (SIC). Porque en el ánimo de obtener algo mas que una declaración convencional, fogonearon que esas palabras se materializaran en algo mas contundente que esas consignas amparadas en el denominado folclore futbolero.

Así nuestros jugadores quedaron cautivos y sometidos a una ingente presión por demostrar, por llevar a la práctica en el campo de juego, esas frases de cabecera que semana a semana emiten sin restricción por sus profusas bocazas, en los infinitos y reiterados reportajes de ocasión. Insistieron tan ardorosamente en sus editoriales para que dichas manifestaciones expelidas por los protagonistas del balompié tuvieran cierto correlato con el desempeño en cada partido, que se tradujeran en acciones determinadas y determinantes para que las mismas salieran de ese envase burocrático, que pasó lo que lamentablemente nadie suponía.

No es intención de este relato justificar esta serie de altercados que hemos vivido con pavor, pero es determinante entender el contexto socio cultural en que se han desarrollado los mismos. Porque en esa histérica necesidad de conseguir una primicia, en esa precariedad cultural y de valores con que se mueve el medio y en esa presión para que alguna de las frases y palabras de ocasión se materializaran en algo concreto, por ahí, aún no muy seguro de poder afirmarlo con convicción, se pueda encontrar alguna explicación de los sucesivos acontecimientos que alborotó la última jornada futbolera.

En el ánimo de ser sintético, describiremos solo tres hechos, los más ampulosos, que sin duda tienen una misma raíz, una misma fuente, una concepción homogénea de lo distorsionada que está la práctica de este noble deporte:

1°. Se confirmó la ruta del dinero que el plantel de Deportivo depositó en las cuentas de los jugadores de Unidad. El valor asciende a una cifra descomunal, solo justificable a partir de los impactantes salarios que perciben los integrantes del millonario equipo, el más grande y poderoso del país. Dirigentes y allegados comentaron off de record, que la pésima campaña y las presiones recibidas por los más representativos seguidores de esa tradicional casaca, llevó a los jugadores a realizar una irresistible oferta para garantizar un cómodo triunfo que permitiera alejarse del fondo de la tabla de posiciones. Las autoridades deportivas han tomado cartas en el asunto y no se descarta una severa sanción para esa noble institución así como para los jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, dado que se sospecha de una fuerte componenda ente todos estos actores. Hay versiones que la defensa contratada especialmente para limitar la segura sentencia, explorará atenuantes basados en la ostensible presión que los medios ejercen sobre los actores del ilícito y en la palabra empeñada por los jugadores y dirigentes en los múltiples reportajes realizados en los últimos días para el periodismo especializado.

2°. Fuerte conmoción provocó la actitud de Cristiano Robledo, el capitán y zaguero central de Cruzada. Cuando se jugaban 15 minutos del Primer Tiempo y frente al descalabro defensivo que provocaba Robertito Quijano, el joven y hábil delantero de Barrio Obrero que a esa altura ya había sometido dos veces el arco del equipo local, el rudo Cristiano extrajo un cuchillo Tramontina disimulado dentro de la media de su pierna mas… hábil (?!!), para amenazar al escurridizo punta, colocándoselo obscenamente en su boca para regodeo de la, hasta ese instante, paralizada y decepcionada hinchada local. Hasta el propio Juez titubeó respecto de su posterior expulsión, tal vez afectado por la amenazante arma exhibida sin pudor por el representante local. Nadie duda que la sanción sea ejemplar, pero se destaca la hipótesis de una afanosa defensa respecto de que Cristiano habría actuado sin la plenitud del razonamiento y sometido a fuertes presiones mediáticas que alimentaron tan demencial actitud.

3°. Estupor…, esa es la palabra que califica la decisión que adoptó Roberto Victoriano, el experimentado mediocampista de Pasión y Esfuerzo. Desorientados quedaron los protagonistas del clásico que se jugó en el estadio del barrio Reconquista. En dicha calificación se incluye al personal médico, bomberos y personal de seguridad que no atinaron a rescatar en tiempo y forma, la insólita y sorprendente acción de Victoriano. Cabe consignar que nunca se observó en más de un siglo de práctica del deporte una cosa semejante y menos durante el curso de un partido. Evidente resulta que este jugador actuó bajo una insoportable presión que, claro está, no justifica lo acontecido. Difícil es encontrar una respuesta satisfactoria de los motivos de porque los otros protagonistas dentro del campo de juego, en particular sus compañeros y/o allegados y/o colaboradores de Pasión, no alertaron sobre el olor a gasolina que destilaba el malogrado volante, cuando tomo la decisión sacar un encendedor de su disimilado bolsillo trasero y prenderse fuego en medio del círculo central. En la Asociación de Fútbol circulan versiones de que esta acción fue varias veces anunciada por este ex símbolo de club y que la misma no fue tenida en cuenta. Se destaca que familiares, también avisados y aún así, sorprendidos por la materialización de semejante e insólita actitud, comentaron que en el límite Roberto pudo impedir la culminación de la humillante goleada a la que era sometido Pasión, dado que el encuentro se suspendió con fuertes expectativas de que se tenga que volver a jugar los 50 minutos que precedieron esta tragedia.

Veamos, ahora si los antecedentes y declaraciones que pueden contener, que pueden explicar, nunca probar ni menos justificar, estos escándalos desatados en los campos de juego de nuestro mas amado deporte:

El 14 de marzo el ilustre delantero de Deportivo, Víctor Sardilla, declaró ante los micrófonos y teléfonos celulares que lo acosaban que: “El domingo, cueste lo que cueste, hay de ganar” (SIC).

Ese mismo día por la noche, Cristiano Robledo, el capitán y zaguero central de Cruzada, en las mismas circunstancias de requisitoria periodística comentó que el próximo encuentro era decisivo para salir de la zona de descenso directo y que: “Esos partidos hay que jugarlos con un cuchillo entre los dientes” (SIC).

Estas declaraciones toman envergadura y se conectan en una línea coherente si la unimos con las que realizó el malogrado Roberto Victoriano, el experimentado mediocampista de Pasión y Esfuerzo. Enfrentando las cámaras y los esforzados noteros que lo suelen esperar a la salida de la prácticas matinales descerrajó: “Tenemos que dejar la vida para evitar una nueva derrota” (SIC).

La estatua

Amblar, Alberto

El fútbol argentino vive una profunda crisis.

No es una afirmación demasiado original. Hace años que se escucha el mismo concepto por los medios especializados… y no tanto. Sin embargo, el circo de la pelota se mueve con nuevos datos y sobrevive regateando su pronosticado agotamiento final.

Los clubes quebrados, el rodizio de jugadores que cambian de equipos cada seis meses, las veinte promesas que aparecen y que sistemáticamente se van a algún rincón del planeta sin el menor reparo para sus futuros deportivos. Niños que se comercializan sin dejar huella e identidad alguna. Esbirros que circulan por la AFA y la televisión que se deglute todo. Las Ligas del interior en terapia intensiva, las barras bravas y la violencia como marca registrada de un supuesto folclore al amparo de dirigentes, no solo deportivos y….

Disculpen…, no es este el motivo del relato, hay y habrá tantas o mas pestes por venir. Ocurre que aún en este tortuoso contexto nadie imaginó que se iría a llegar a tanto…

En el ánimo de dar una sorpresa, de calmar a la gente, de buscar por cualquier medio un golpe de efecto y en medio de la descomposición institucional, económica y deportiva de Racing Club, el nuevo técnico fue a fondo. Fue innovador y provocó que la gente volviera a los estadios (esa hinchada leal e incondicional ya había empezado a dejar a su camiseta de la mano del azar, dado que no observaban una correspondencia a tan conmovedora fidelidad de parte de ningún eslabón institucional). A la escasez de presupuesto, talentos y jugadores, le opuso ingenio y viveza. Comenzó con un intenso discurso en la pretemporada que realizó en Parque Sarmiento (a falta de medios para alquilar alguna instalación un tanto mas apta para un trabajo profesional) fundamentalmente destinado a buscar en las fuentes, en las mejores tradiciones y en los símbolos, apelando a la rica historia del club como remedio a la debacle deportiva. Es mas, prometió una innovación táctica revolucionaria, excitando un escaso entusiasmo de la parcialidad académica.

Aún reconociendo su esfuerzo dialéctico, su disertación no resultó demasiado original, pero si lo fue cuando apareció el primer equipo en la cancha. Ya había rumores…, a pesar de la cerradura que había impuesto el técnico en materia de ceder información sobre la formación del conjunto albiceleste, ya se habían filtrado algunos comentarios. Como no había detalles sobre las incorporaciones y si las había, se basaban en jugadores desconocidos, como esos laterales volantes que vinieron de Dock Sud; cuando se mencionó la posibilidad de que Reinaldo Carlos Merlo ocupara el puesto de volante central, se lo vinculó con ese discurso un tanto demagógico cuando el técnico asumió la conducción. Luego, en un sentido mas racional, se llegó a la conclusión de que se trataba de un error, de una maniobra de distracción o en cualquier caso de un ignoto jugador que casualmente se llamaba igual que Mostaza y jugaba en el mismo puesto que él había desempeñado en su larga trayectoria en el club millonario.

Ya el “viejo” Mostaza, había declinado públicamente la invitación a participar de este nuevo proyecto dirigencial, por lo tanto mas extrañaba su nombre…, ni decir que apareciera como parte integrante del primer equipo. Se sabía que la institución estaba realizando trámites especiales en la AFA para inscribir jugadores desconocidos para los medios. Todo estaba teñido de una atmósfera de suspenso y secretos. Los periodistas del espectáculo futbolero se regodeaban con alguna primicia que se desvanecía con facilidad.

Hasta que dieron el equipo por los altavoces: Consiglia en el arco…, Valezi, Corrado, Aníbal y Pareces; Torrales, Reinaldo Carlos Merlo!!! y…. La hinchada se miraba perpleja, los tibios aplausos y algunos gritos militantes de apoyo se esfumaron en medio de la desorientación. Así mismo, no importaron los demás integrantes, solo se despejó la duda cuando surgió la primera figura de la manga de salida de los jugadores. En medio de la aparición de escasos papelitos y lánguidos aplausos, se veía como el ocho y el diez, ambos desconocidos carrileros de Dock Sud, arrastraban con dedicación a La Estatua…

A esta altura del relato se deben corregir algunos datos que fueron develados con el correr de las fechas; luego de la sorpresa inicial. Así, esos dos desconocidos que en principio se los vinculaba con Dock Sud, no eran específicamente del DOQUE, club que milita en las divisiones del ascenso. Si bien eran de la zona, fueron rescatados de sus habituales trabajos en el puerto, dado que exponían físicos privilegiados para acompañar y eventualmente modificar la posición del volante central de La Academia. Era evidente la coherencia del entrenador, pretendía un medio campo fuerte con una presencia relevante y firme en el medio. En su mensaje basado en rescatar a los símbolos del club, estaba su idea principal, la de poner a La Estatua dedicada a Mostaza Merlo en la epopeya que representó en Campeonato del 2001, luego de tantos años de frustración.

Todo giraba en torno al volante central y todos colaboraban en la recuperación del balón, en una tarea solidaria y conmovedora. La posición de Mostaza era la referencia. Cuando el equipo defendía el empate, los carrileros lo colocaban diez metros detrás de la línea media. A la inversa, cuando había que remontar el resultado, lo adelantaban. El aporte del centrojás fue algo mas que simbólico. Varios rivales salieron lesionados, cuando chocaban con semejante pilar en el medio. Todavía se recuerda el triunfo sobre Argentinos Juniors cuando se quedó con siete jugadores en el campo de juego, motivado por la insistencia y la torpeza demostrada en colisionar contra el volante central racinguista, particularmente motivado por esa obstinación de jugar verticalmente y a alta velocidad.

Los demás compañeros que defendían la gloriosa casaca blanquiceleste, debían esforzarse para compensar la escasa movilidad que exhibía Mostaza, además de batallar para moverlo…, en particular cuando lo subían o bajaban por las escaleras del vestuario.

Notable resultó la táctica impuesta especialmente en el pálido empate sin goles que Racing sacó en la Bombonera. Merlo consiguió anular a Juan Román Riquelme, que tuvo un destemplado rendimiento en ese partido. Inteligente, el técnico tiró a Mostaza un poco del medio a la izquierda del ataque xeneize. Fue evidente que Román colaboró. Presionado por los carrileros que impúdicamente lo empujaban, se tropezó dos veces con La Estatua, se fastidió, protestó airadamente respecto de la aplicación del reglamento y viendo el escaso éxito de su reclamo, se opacó para regocijo de la corriente que lo denosta por su escasa movilidad. Estos consideraron lo acontecido en ese clásico como una demostración definitiva e irreversible respecto de la exigua aportación del genial conductor en esta era futbolera en que la dinámica física brilla por encina de la mental: La Estatua de Merlo se había tragado al principal estratega boquense, tanto como el propio Merlo se había impuesto a Bochini en el 76, en aquella semifinal de la Copa Libertadores jugada en el estadio de Vélez cuando River ganó el pasaporte a la final para luego vivir la frustración de perderla contra el Cruzeiro de Belo Horizonte.

El saldo de semejante innovación no salvó a La Academia del descenso, solo ganó un partido, ese contra los Bichos y consiguió algunos puntos mas a través de empates milagrosos como ese contra Boca. La experiencia de semejante revolución táctica y conceptual fue engullida por los resultados. El provocador técnico tuvo que abandonar el país y La Estatua fue reducida a escombros, sometida a la furia salvaje de los pasionales hinchas que no soportaron una nueva caída a la segunda división.

Justamente hoy por Internet están publicitando la venta de pedazos deformes del metal, especifican que son los restos dispersos de lo que fue el símbolo académico. Si hubiera interesados, detalla la oferta, comunicarse a la página web www.lanuevaguardiaimperial.com.ar.

Encuentro con D10S

Zalazar, Ale

Cuando su amigo lo llamó para avisarle que esa noche tal vez en la reunión iba a estar su ídolo no le creyó… después de todo él era conocido hasta en los lugares más remotos del planeta, ¿qué podría estar haciendo allí celebrando el cumpleaños de un simple y anónimo mortal?

A pesar de ello su corazón latía con más fuerza cuando el momento se iba acercando. Llegó la hora, tocó el timbre y al entrar sus ojos no pudieron evitar buscar entre la multitud a quien tanto veneraba. Y allí estaba, enfundado en una colorida camisa de marca internacional, verborrágico como siempre, como uno más, disfrutando del momento, nada más y nada menos que el mejor jugador de fútbol del mundo de todos los tiempos. Lo saludó con un enérgico apretón de manos y él sintió que su felicidad no tenía límites. Pero la noche recién comenzaba.

Con el transcurso de las horas compartieron anécdotas. Y hasta intercambiaron chistes. ¿Acaso lo estaba soñando? ¡No! ¡Era real! Los grandes cuando están entre la gente común tienen una humildad que solo ellos pueden desplegar. Iba a formar parte del suceso más inolvidable de su vida y seguramente ni siquiera lo imaginaba. ¡Si hasta parecía humano!

Las horas pasaron tan rápido que lamentó no tener la capacidad de detener el tiempo en ese instante. Y su D10S tuvo que marcharse. Luego de saludar a todos se dirigió hacia él, pronunciando su nombre y agradeciendo la amena charla que habían tenido. Todo parecía tan mágico, tan irreal que esa noche cuando se fue a dormir sintió muy en su interior que había dado un paseo por el paraíso.

Humildad e ideas

Otero, Alejandro

El catalán Manuel Estiarte Duocastella es jefe de relaciones externas del FC Barcelona. Fue uno de los mejores jugadores de waterpolo de todos los tiempos. Al diario español Mundo Deportivo le contó en una entrevista…

“Antes de venir a mí me hablaba muy bien de este Barça y cuando lo agarró le parecía impresionante. Y a veces, cenando y después de haberse tomado una copita de vino, suelto y como en broma me decía que presentía algo. Esa sensación se fue consolidando con el paso de los meses, pero siempre, insisto, pensando que habría una progresión en el tiempo, no en la misma temporada (…). Me acuerdo mucho de la Copa del Rey en Mestalla. Allí me dice: `La que estamos liando, Manel´, Y en Roma pues me dijo: `¡La que hemos liado!´. Es una frase muy suya, la repite a menudo cuando ganamos, es su manera de expresar alegría, como cuando ganamos 2-6 en Madrid. Lo que pasa es que allí en Mestalla la exclamó con una profunda alegría, contemplando a tanta gente feliz, celebrando el primer título (…). Si Pep es consciente de algo, que además lo comenta a menudo cuando no hay nadie, es de lo afortunado que se siente por poder vivir esto. Incluso en Roma, en un instante de máxima grandeza, con miles de personas que te aclaman, nunca, repito para que quede muy claro, nunca se le ha escapado una expresión tipo ‘¡Soy de puta madre!’ o ‘¡Somos de puta madre!’, ni siquiera algo así como ‘¡Qué buenos somos!’ No, el mensaje de Pep va por otro lado, él dice `qué bonito es esto, qué suerte tenemos, disfrutemos de este momento´. Siempre con humildad y en un estado de ánimo próximo a estos valores más humanos y sencillos. No es una fachada, porque en esos momentos eres tú mismo, no te puedes esconder de tus sentimientos o reacciones (…). A veces comenta cómo va a enfocar un determinado asunto y me dice “Manel, yo lo veo así”. Entonces le recuerdo que a la vuelta de Soria, después de perder en el campo del Numancia el primer partido de Liga, estuvo durante dos horas mudo en el autocar. Cuando por fin abrió la boca fue para decirme que “no pensaba cambiar nada, que seguiría con sus ideas”. Y ha de ser así. Si se cree en algo firmemente se ha de llegar hasta el final, confiando en esas ideas. Te equivocarás, sí, quizá, pero no te quedará la duda. Por eso conviene matizar que él no es prepotente, sino que tiene su guión y lo sigue. Cuando me refería a tener ideas, en el caso de Pep es algo más. Cuando hace algo tiene la ventaja de que antes lo ha pensado, le ha dado vueltas, ha obtenido todala información y ha meditado todas las consecuencias en un proceso que intervienen trabajo y pasión. O sea, trabaja mucho y le pone todo su corazón. A partir de aquí lo que se obtiene es un criterio o unas ideas que ya son inamovibles, eso sí con una gran intuición. Él eso lo tiene. Bueno, lo que siempre intenta es razonar mucho. Y antes de decidir, aunque al final parezca que se deja llevar más por el instinto, lo lleva pensado todo (…). Tiene un plus, sí. Cuando hace un cambio es porque sabe muchísimo de fútbol, le pones un problema y te encuentra cuatro soluciones. Pero es verdad que detrás hay un equipo. Él lo sintetiza en tres aspectos: el trabajo intenso en el entrenamiento, once cracks que si los sustituyes salen otros que lo hacen igual y un estilo de juego que no copia a nadie. Los equipos, o los clubs, a menudo intentan copiar cómo juega éste o aquel. No este Barça, que ha tejido un estilo propio, un diseño y una estructura que Pep acaba puliendo con toque personal. Cuando él y su equipo empiezan a hablar fútbol, todos, hasta yo, le entienden: lo hacen fácil, muy didáctico. Yo sé de deporte, de vestuario, de dinámicas, pero de fútbol… aprendo porque es como ir a clase con el mejor ‘profe’ del mundo. Lo entiendes todo a la primera”.

Manuel Estiarte Duocastella publicó un libro “Todos mis hermanos” sobre sus experiencias humanas y deportivas en marzo del 2009 con prólogo de Guardiola…

…amigo desde hace más de 20 años.

Pasión de multitudes

Anónimo

¡Qué partido! ¡Qué gol! Fabián escuchaba los comentarios de sus compañeros de trabajo, de sus amigos, en la calle. Todos relacionados con el fútbol. Ni de niño había jugado. Ni siquiera “al arco”, donde mandan a los “boludos”, decían. Jamás supo lo que era un foul, un corner, menos una “posición adelantada” Pero había tomado una decisión. El domingo iría a la cancha por primera vez.

Se despertó ansioso, como si se tratara de una cita amorosa. Era soltero y vivía con su madre. Su padre falleció siendo él muy pequeño y tuvo que salir a pelearle a la vida. No tuvo tiempo para dedicarlo a mujeres o pasatiempos; el alivio del trabajo y la monotonía de sus días no pasaba de algunas tardes con los “muchachos” en el bar. Una vez acicalado, se dirigió al dormitorio donde dormía la siesta su mamá. Se acercó en puntas de pié y depositó un beso en su frente; la notó fría, tomó su mano y estaba helada. Con estupor comprobó que no respiraba.

Nunca conocería una cancha y mucho menos llegaría a conocer ese deporte; “pasión de multitudes”.

La final

L’Angiocola, Zaíra

Los jugadores ya están en el banco. El público se acerca caminando o en bicicleta y los del centro en auto, porque hoy se juega en el parque Sarmiento, que es más para el lado del norte. Algunos llevan banderas, otros mate, varios la portátil para no perderse el fútbol de verdad. El trofeo descansa en una mesa al costado de la cancha. Es una copa donada por la joyería Giorgi, de Adolfo Giorgi.

La cancha se ve linda: tiene el pasto parejo y verde, han marcado el campo con cal y pintaron los arcos con pintura donada por la ferretería Frigerio, de Nicolás Frigerio. De a poco las gradas se van llenando, hay dos enfrentadas a lo largo de la cancha. Hoy se disputará la final del campeonato para menores de diez años entre Banda Norte y Sobremonte.

La rivalidad entre estos equipos viene de tiempo atrás y no reconoce edades. Ambos clubes son importantes en el pueblo. El Sobremonte queda a pocas cuadras de la plaza principal y sus socios forman la flor y nata de la ciudad. El Banda Norte queda en los suburbios y, al decir de Giorgi y Frigerio, son una manga de negros.

Empieza la final que tiene dos tiempos de veinticinco minutos cada uno y con ella la gritería de padres desconcentrando a los jugadores. El primer tiempo terminó empatado sin goles y los jugadores descansaron por quince minutos hidratándose con naranjas obsequio de verdulería Rizzo, de Mario Rizzo.

Ya promediando el segundo tiempo la oportunidad se presentó para Sobremonte en los pies de su número diez Adolfito Giorgi, era un gol imperdible: la pelota le cayó al delantero y éste preparó la zurda echando hacia atrás la pierna para poder sacar un zapatazo lo más potente posible para diez años de vida. Y de pronto Adolfito se congeló como en una fotografía. Su pie quedó en al aire por dos interminables segundos y después empezó a bajar lentamente para acariciar la pelota. Un zorzal, casi en puntas de patas, escrutaba al pibe mientras balanceaba la cabeza como si fuera el péndulo de un reloj de pared. Cuando la pelota se movió el pájaro corrió hasta el borde del campo y desapareció.

Nadie entendió y pocos vieron al pájaro. Banda Norte recuperó el balón y el partido terminó cero a cero. La copa fue compartida con promesa de ser exhibida en las vitrinas de ambos clubes. Esa noche, en la cama, Adolfito susurraba: “Si pateo lo mato”.