Desaparecidos, aparecidos

Secco, Rodolfo

Parece ser, que es una verdadera expresión de deseos aparecer en “ese” momento, tan oportuno en que se va lo que uno tanto quiere, sin saber si para irnos juntos o para salvar a quien se está por ir, deteniendo simplemente los relojes y de esa forma salvarnos todos. Lo cierto es que de una u otra forma siempre lo que desaparece aparece, y es bienvenido claro, es la manera más adecuada de reconstruir la historia, sin perder jamás aquella esperanza insobornable de Walsh y haber embalsamado a tiempo caricias de poco tiempo para utilizar de por vida.

Desaparecido

Secco, Rodolfo

Puede uno quedarse tranquilo que en pocas palabras Carlos Aiub nos enseña a cuidar un jardín, teniendo siempre presente que el yuyal avanza si bajamos los brazos…, seguramente estos “hijos” algún día le enseñarán a los suyos a cuidar no solo jardines de esta manera, sino también sus vidas. Lo cierto es que de una u otra forma, los que desaparecen, aparecen y según mi hija siempre se parecen, “…a menudo los hijos se nos parecen…”, dice otro poeta. Con seguridad que esa emoción-orgullo que tuvieron Juan y su hermano la noche del viernes, desde algún lugar, fue disfrutada por sus viejos.

Fierro

Gotthelf, Eduardo

– Martín se puso a cantar –trajo la novedad.

– ¡Por fin aflojó! –dijo, con satisfacción, el milico. Y ordenó: –Indio, sentalo en la silla y desconectá el fierro.

Principio de Incertidumbres.

Cacería

Savoia, Liliana Mabel

Las botas relucen al costado de las vías. Desde el negro cuero el poder se filtra, contrastando con el miedo de los ojos de Estela. Corre para refugiarse en la estación de Adrogué. Pretende pasar desapercibida entre la multitud.

Oye las botas repiquetear detrás de ella. Su cerebro está tan acelerado como su corazón. Todo depende de instantes. Si pudiera alcanzar el próximo vagón se desprendería de ellas.

El cazador no da respiro a su presa. El tren ya está en el andén. Unos pasos más y todo termina. Pero las botas apuran el andar y unos brazos verdes se extienden para alcanzarla.

Estela no opone resistencia, sabe que es inútil. Agradece haber tenido tiempo de dejar a su pequeño hijo en casa de sus padres.

Otros Gólgotas

Torti, Ana María

Mi nieto juega con soldaditos: formen fila, apunten, fuego.

Mi hijo tiene el famoso poster del CHE sobre la pared en la cabecera de su cama.

Yo aún escucho en el silencio ahogado del alma los gemidos de todos los Gólgotas.

Guardián

Dublín, Esteban

Aunque cueste creerlo, en medio de las figuras celestiales, existe un ángel que vela porque se respete el uso correcto de las palabras. Sin duda, su trabajo es arduo y basta conocer las labores que realiza para entender por qué. El ángel no sólo debe vigilar que la gente use correctamente la palabra desde la gramática, la fonética y la ortografía, sino que debe estar pendiente de que se honre el valor moral de cada vocablo. Cuando alguien viola alguna de estas normas, el ángel marca el ‘pecado’ del mortal en el cielo y con la suma de fallas determina el futuro estado de su alma. Si alguien le echara un vistazo a las marcas del ángel, fácilmente se daría cuenta de que los publicistas están condenados al Limbo; los periodistas, al Purgatorio y los políticos, al Infierno.

Izquierda

Dublín, Esteban

¿Por qué hay tanta gente, mamá? ¿Y por eso tienen que gritar así? ¿Por qué estamos aquí en la plaza? ¿Mamá, por qué tienen así al maestro? ¿Cómo? ¿Cómo que no es un maestro? ¿Y todo lo que me enseñó que es? ¿Y por qué lo arrastran así? ¿Un qué? ¿Qué es un opositor? ¿Y el de negro quién es,

Acto de magia

Benza, Alberto

El mago Giorhini fue contratado por Vladimiro Montesinos para fiestas patrias. El pueblo peruano le pedía actos de magia jamás vistos. Giorhini levantó su barita mágica y dijo: “¡Que desaparezca la pobreza!” El pueblo en un segundo tenía dinero en abundancia. El mago otra vez agitó su barita y con un gesto dijo: “¡A la cuenta de tres que desaparezca la corrupción!” 1, 2 y justo cuando iba a decir 3 Montesinos hizo un gesto con la mano y desapareció Giorhini.

Obediencia de Vida

Ferrara, Oscar Vicente

Nueve y treinta de la mañana, te digo que yo hago la primera sinapsis a eso de las once; pero bueno, me ducho y te atiendo, sentate por ahí. El agua tibia lo relajó, no se afeitó, la barba de dos días le sentaba bien. El aroma de la colonia de baño lo inundaba todo. Traje gris claro, camisa celeste, corbata al tono, zapatos negros. Regreso luego de verificar, en un espejo, todos los detalles de su atuendo, el joven con la mochila seguía allí. Café, ofreció gentilmente, aceptó y fueron hasta una amplia cocina. Bebieron en silencio y casi sin mirarse. Usted sabe por qué vine, dijo el muchacho, el hombre asintió con la cabeza sin mirarlo. Bueno, no cree que ya es momento. Mientras recogía las tazas le dijo, no sé, si este será el preciso instante, pero, por alguna extraña circunstancia creo que ha llegado el día. Ayer cuando me llamaste, no pude adelantarte nada por lo delicado del tema, estas son cosas que no se develan telefónicamente. Fue así; el 30 de marzo de 1976, volví de Francia, el 3 de abril yo maté a tus padres, esas eran las órdenes. Caminó hacía una vitrina y extrajo una pistola 9mm, se la ofreció diciendo, tomá, hacé lo que tengas que hacer. Lloró todo el camino hasta llegar a su casa.

Sin maquillaje

Hidalgo Díez, Paloma

Por mucho maquillaje que pongamos encima, no disimularemos las ojeras por tantas noches sin dormir. Una sugerente sombra de ojos no conseguirá el milagro de alegrar una mirada profundamente triste. El rojo alizarina de sus labios no endulzará la amargura que ha robado sus sonrisas. Las cicatrices recorren la piel del país y por mucho aceite de rosa de mosqueta que usemos para suavizarlas, siempre recordarán la herida, para evitar que el paso del tiempo fabrique marionetas con nuestros recuerdos.