Combita

Bravo, Daniel

No fue sorpresa que cuando Alfredo, mi viejo, terminó de contar la historia de un gol de tiro libre que le hizo a Juventud Unida de la Ciudad de Maipú en un torneo interzonal por vigésimo quinta vez; que mi tío Gabriel, versero como típico tío soltero y cuarentón, no quiso ser menos y contó el día en que fue a ver jugar a “Combita”.

Según él, Combita era un empleado rural que había nacido con un “don”, una pegada maravillosa… todos los Domingos jugaba para su equipo, el Club Atlético Sarmiento de Tapalqué, y era el deleite de la gente. Cada tiro libre de cualquier distancia, directo o indirecto, corner y penal era un gol de “combita”: ¡si, así como escuchan! ¡Pegase de donde pegase combita la ponía en un ángulo! ¡Nadie en el mundo le ponía a la pelota el efecto que le ponía “combita”! Se ponía rojo gritando el tío.

Ganaron el campeonato gracias a él, el interzonal también y llegaron a la final del provincial con “Combita” acumulando 38 goles en 12 partidos (de los cuales había faltado a dos por trabajo) Todos de pelota parada…

El match se jugaba en Tapalque vs Morón, la cancha estallaba. La estrategia del rival era no hacer faltas de ningún tipo porque sabían que era gol de “Combita”. El planteo le salió 10 puntos: ni una falta, ni una mano, ni corners, ¡¡ni si quiera un orsai!!! Se volvía a poner colorado mi tío Gabriel gritando.

Hasta que en el minuto 92, el gigante que jugaba con la numero 2 de Morón en la espalda, le tira un “guadañazo” al 9 de Sarmiento que se iba solo mano a mano en el borde del área… ¡¡¡Tiro libre para Sarmiento!!!!: gooooolll, se escuchaba en la tribuna: ¡¡somos campeones, ya esta!! ¡¡partido definido!! Si tenemos a “combita” nunca falló y no lo va a hacer ahora….

“Combita” agarra la pelota, la acomoda…mira fijo al arquero… respira profundo… da tres pasos de carrera y….a las manos del arquero…. La gente no lo podía creer, ¡sus compañeros menos! ¡se escapaba la victoria!! ¡¡Traidor le gritaban!! El Hacha Ramírez, que jugaba de 8 se le acerca y le dice: “¿Qué hiciste!? ¡¡Se la tiraste a las manos!! Y “Combita” lo mira… sonríe y le dice: ¡Je! Si… dejá que la haga picar….

La luz mala

Bataglia, Mariano

En un bar de mi pueblo (Gilbert) se juntaban varios paisanos a jugar al truco por la copa y tomar el aperitivo. Un día estaban todos reunidos contando historias, algunas verídicas y otras no tanto, donde salió la gran historia de la luz mala, muy reconocida en el campo. Donde la charla de estas personas llevaba al miedo que se le tenía a la misma.

Don Juan, un hombre muy callado y tranquilo, tomó unas copas de más y escuchó con el codo en el mostrador el relato de las otras personas. Hasta que saltó y dijo: “yo la maté una vez a la luz mala”. Todos rieron y esperaron el relato.

Don Juan dijo: “Yo una vez iba pa’ las casas cerca del cementerio y a lo lejos ví una luz y yo dije: “esa debe ser la luz mala que se me acerca” y cada vez mas cerca entonces saque el facón y la esperé. Me bajé del caballo y le grité: “quédate, hay que sino te las vas ver con migo”, pero la luz venía cada vez mas cerca. Cuando se acercó del todo agarré las riendas del caballo en una mano y el facón en la otra y se acercaba más hasta que estuvo enfrente mío y hubo dos o tres segundos en que no sabía qué hacer hasta que la maté de una caballazo”.

Fantasía de un inconsciente niño

Gil Michelena, Eduardo Jorge

La señorita Ana (mi maestra), me invitó a cenar esta noche en su casa. Yo no pude negarme. Ella me cautiva con sus rizos rubios, sus ojos celestes y, más aún con sus seños que cuando se inclinan hacia mi se me ocurren más sabrosos que los de mamá. Juro que luego de la cena cometeré mi primer acto infiel. También juro que luego no me delataré y seguiré escribiendo en mi cuaderno “Mi mamá me ama” y “Yo amo a mi mamá”.

Una mentira verdadera

Verdicchio, Rodrigo

En un pueblito de la provincia de Bs.As “TITI” (borracho y mentiroso como pocos) tenía la costumbre de salir de gira por lo bares y llegar muy borracho a su casa…

Un viernes salió de gira y regresó a su casa ¡el lunes! Su mujer, “MIMI” lógicamente muy preocupada había avisado a la policía de la desaparición de su marido, el pueblo estaba alterado por esta desaparición.

Siendo las 09.00hs llega TITI borrachísimo a su casa, abre la puerta su mujer y lo ve en estado lamentable, muy enojada lo recibe y se produce este dialogo:

MIMI: ¡Titi! ¿Estás borracho otra vez ¡¡¡que paso???

TITI: No sabes MIMI!! El viernes me secuestraron los “ONIS”

MIMI: Dejá de mentir viejo borracho ¡¡¡mentiroso!!!
Ante esta respuesta TITI le dice: Y mas te digo… me dijeron los extraterrestres, que si no me crees lo que digo… me vuelven a secuestrar!!!

Relato textual de MIMI…

El único descendiente

Logambino, Cristian

30 de Octubre de 1960. Cuentan los que allí estuvieron que aquel día el cielo se abrió, y dejó entrever un rayo de sol a media noche. Allí estaba, luego de tantos vaivenes, de tantas aventuras, de tantos golpes y goles, la Madre de todos los balones. Entre sábanas rotas y de cama un colchón añejo, dejaba el grito en el cielo de un dolor casi atroz. Las lágrimas eran insostenibles. El escozor aún más.

Fue entonces cuando el de atuendo blanco decidió, bisturí en mano, emplear cesárea. El alivio fue inmediato, y más aún cuando aquel niño le sonrió. Era el único descendiente de una camada innumerable de balones de ese entonces.

– ¿Ha decidido, Madre de todos los balones, el nombre de su único y más predilecto descendiente?

– Si- contestó emocionada-. Lo llamaremos Diego, como su padre. Diego Armando.

Un susto de remedio

Guazzaroni, Martín

Corría un cardo ruso por La Pampa desértica, no pasaba nadie por esa carretera. Hacía calor y el bar estaba todavía abierto, a pesar de ser las tres de la mañana. Un borracho se levanta de su silla, balbuceando y con hipo le pide al mozo, que se encontraba en la larga barra ya gastada por los años:

– Quiero un vasito de agua.

A lo que el mozo rápidamente se agacha, abre un pequeño cajón, saca un revólver calibre 32 y lo apoya en la transpirada frente del viejo ebrio. Un momento de silencio y tensión ronda por el bar, cuando el cliente cierra el puño de su mano izquierda, levanta el pulgar y le sonríe, como dándole las gracias. Todos se miran, nadie entiende, hasta que el borracho comenta:

– Este mozo me curo el hipo, si llego así a mi casa mi mujer me manda a dormir afuera.

Mejor preguntale a tu vieja

Cerrado, Juan Ignacio

No te voy a salir con el cuento de la cigüeña, es sabido que es puro chamuyo, que no se usa más. No desde el 2000, cuando el calentamiento global produjo una merma en la población de cigüeñas y París discontinuó su uso. Con mi alergia, una abejita no era una opción. Además, si venias de Europa era a precio euro, y vos sabes que con la devaluación el cambio no nos favorecía para nada. Tampoco viniste en un repollo, con el tema de la inflación el precio de la verdura se fue por las nubes, imposible. Pensamos en Papá Noel, pero según el: “es política de la empresa la sola entrega de objetos inanimados”.Corrían rumores que el Conejo de Pascuas tenía problemas con el alcohol y a mi hijo no lo iba a traer un conejo en pedo. Los Reyes Magos se habían abierto del negocio de las entregas y se pusieron un parripollo. Papá tampoco le podía poner la semillita a mamá, vos sabes que tu madre es celíaca. No, a vos nene, a vos te trajo el chico del delivery.

Rouge

Pazzi, Laura Soledad

– Tenés una manchita.
– ¿Dónde? ¿Estás segura?
– Sí, sí. Ahí, ¿la ves?
– Ah. Puede ser. Parece ser… mermelada.
– A mí me parece rouge.
– ¿Qué estás diciendo? ¿Qué insinuás eh!?
– Nada… sólo digo lo que me parece. ¿Por qué tendría que insinuar algo?
– Digo…
– Somos sólo amigos.
– Sí, sí, ya lo sé. Ni hacía falta que lo dijeras.
– No… pero me pareció, por tu comentario.
– ¿El mío? ¡Yo no fui el que insinuó lo del rouge!
– ¡Que yo no insinué nada! ¿Cuántas veces?
– Basta. Me cansaste.
– Bueno, como quieras. Tenés razón.
– ¡No, no me des la razón como a los locos!
– Bueno, como quieras, no tenés razón.
– ¡Dejá de jugar conmigo!
– ¿Quién juega con vos?
– ¿Me estás tomando el pelo?
– No.
– …
– No me mires así.
– ¿Así como?
– Así, como me estás mirando.
– Vos me mirás de la misma forma.
– ¿Y cómo sabés de qué forma te miro, eh!?
– Porque conozco tus miradas… ésta es mi preferida.
– ¿Tu preferida? Ah… ¿sí? ¿Y cómo es?
– Profunda, muy tuya. Y cuando estás enojadita, se acentúa.
– No estoy enojadita.
– ¡Ja ja! ¿Decís?
– Sí. Digo.
– Aún así, me gusta.
– hmm
– No me mires tan fijamente.
– No te miro fijo.
– Basta, no lo soporto.
– ¿No soportás qué?
– Esto. Todo esto, la situación, la mancha, tu mirada.
– Yo no insinué nada.
– ¡Yo no te acusé de ninguna insinuación!
– Sí lo hiciste.
– ¡¡Antes!!
– Ah, pero lo hiciste.
– ¿Qué parte de basta no entendés?
– Creo que la B larga. Profundizá en el tema.
– Me tenés cansado.
– Te cansás muy fácilmente, entonces.
– Vos me cansás.
– Vos me podés.
– ¿Que yo qué?
– Nada.
– ¿Cómo que nada?
– Nada, nada de nada.
– Dijiste algo.
– Dije muchas cosas.
– Sí, pero la última, repetila.
– La última fue nada.
– No, antes.
– Ya no me acuerdo.
– Dijiste algo así como que yo te podía.
– Yo no dije eso.
– Sí, estoy seguro.
– No.
– ¿Vos me podés a mí también, sabías?
– …
– Y de vuelta esa mirada.
– Yo no tengo ninguna mirada.
– Sí, sí la tenés, pero no te das cuenta.
– Bueno, no me daré cuenta.
– ¿Entonces?
– ¿Entonces qué?
– Ya sabés… lo nuestro.
– ¿Qué nuestro?
– Lo de que nos podemos mutuamente.
– Eso lo decís vos.
– Y lo dijiste vos antes, también.
– Yo no dije eso, yo sólo hablé de tu mancha de rouge.
– Sí, y si lo dijiste fue por algo.
– Porque me llamó la atención, nada más.
– No, no. Para mí que es porque te parece que fue alguna mujer, y te pone celosa.
– Alucinás.
– ¿Estás segura?
– ¿Y qué te parece?
– Que estas muy lejos.
– ¿Muy lejos? ¿Cómo?
– Sí, acercate un poco más.
– No, no quiero.
– Bueno, me acerco yo.
– …
– Ahora dame un beso.
– No te doy nada, llamá a la que te hizo esa mancha.
– Te digo que no es rouge, aparte está en la remera, y no en mi piel. Y es la remera de Juan.
– Claro, ahora le echás la culpa al pobre de Juan.
– ¡Que pobre ni que pobre! Mirá, tiene una mancha de rouge en la remera el winner!
– Ah, admitís que es de rouge.
– No… yo no admito nada. Es lo que dijiste vos… ya sabés… hablo en el “supuesto caso”.
– Claro… me imagino.
– Estás celosa.
– No.
– ¡Ja ja! Sí. ¿Entonces no me vas a dar un beso?
– No.
– Uh. No me queda otra opción que dártelo yo, entonces.
– …

Campeón

Schnitman, Gabriel Martín

Lo que estaba en juego era el Campeonato Internacional de Truco era la final del mundo. Este deporte audaz convocaba miles de fanáticos pretenciosos de correctas cantatas de Envido. La selección llegaba como favorita a una instancia nunca antes alcanzada.

Antonio juega un cinco de basto y dice Voy. Francisco arroja al aire un siete de copas y dice Voy. Eleuterio y Francisco (Pancho) Ramírez era unos hermanos mexicanos que habían logrado convertirse en la revelación del campeonato. En la etapa clasificatoria no perdieron ni un chico.

El partido iguala en 27 por un error de Antonio en la mano anterior. Marcos sabe que no puede mentir si no tiene tantos. Pregunta Tenés con su tonada cordobesa y recuerda su primeros pasos en este deporte. “Falta Envido Carajo” grita y respira.

Eleuterio canta Treinta y ríe. El orgullo argentino dependía de la combinación de tres cartas que Marcos aún no había visto. Treinta y dos escupe y empieza a saltar. Después solo festejos, Argentina era campeón del mundo.

Hay que disfrutar…

Navarro, Melisa Laura

Leonel con sus seis años amaba el mundo del circo y siempre esperaba el último acto, que eran los trapecistas, el cual promocionaban –los medios- con gran peligrosidad y riesgo de vida.

Cada vez que llegaba ese momento Leonel recuerda que le transpiraban las manos, sentía miedo de que los trapecistas se cayeran: “Esperaba el momento, pero a la vez no; era el acto que más me gustaba, pero el que me ponía más nervioso”, cuenta de su infancia, del circo- lugar que lo hacía tan feliz-.

La ilusión con la que iba a ver su show favorito un día se rompió. Con sus manos mojadas y sus uñas mordidas por los nervios, pasó lo esperado: uno de los trapecistas se resbaló del trapecio, y esos cinco segundos de su vida Leonel no se los va a olvidar más, mirando a su padre a la derecha y a su madre a la izquierda, el niño de seis años los miraba sorprendido, al ver que el trapecista nunca iba a correr riesgo de vida, ya que colgaba de un cable que lo sostenía de su cadera.

La última vez que Leonel fue al circo, sus nervios fueron sólo pasado. Disfrutó del show…