La sacudida

Ariel Cuch

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 yo estaba en una base científica en Groenlandia, al este de Narsaq, estudiando los efectos del calentamiento global en la población del bacalao, cuando un grito lejano sacudió todo. Como en el origen de los tiempos, los mares se unieron en un solo mar y los continentes se incrustaron unos con otros. Volví caminando a mi país y me senté en un barcito del Centro. En medio de la 9 de Julio un león de la sabana africana destripaba a un antílope asiático. Un cóndor aprovechó el alboroto y se llevó a un gatito a la cima del Obelisco. Pero la imagen más desgarradora fue la del hombre de camiseta amarilla derrumbado en la vereda, llorando sin consuelo, como si aún le costara entender.

Clima Mundial

Alejandro César Alvarez

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 no había un alma en la cancha. Fue un mes con temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. Pensaron en suspenderlo, pero se jugó. La nieve cubría todo Brasil. Los equipos grandes cayeron y quedamos los más aptos. Un mundial darwiniano.
En semifinales, Rusia le ganaba a Alemania 2 a 0 a las patinadas y en lo que era un glaciar con arcos, los noruegos esquiamos 1 a 0.
Para la final, a la noche, los rusos se llenaron de vodka hasta los botines. Vino un tiro libre y le grité a Olssen, ¡Pateale que se le resbala como un bacalao!
El arquero se desplomó borracho y entró. Nos fuimos con la copa, desnudos y en barco. Porque en América, los vikingos, fuimos y seremos los primeros.

El día que ganamos el campeonato del mundo

Rodolfo Antonio Urbina

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 fue un día inolvidable. Osvaldo alquiló una pantalla de cuatro metros para la función en el Club Social. Todavía percibo su voz. Joaquín- dijo Osvaldo- va a ser una reunión familiar. Recuerdo sus encías calientes. Osvaldo era un buen hombre y lo sigue siendo. A las dos de la tarde ya era un éxodo la ciudad. A las dos y cuarto lo acompañó hasta la puerta, y lo besó. Confieso haber estado sediento. El hotel estaba vacío. Osvaldo estaba feliz por el enorme triunfo. Joaquín-susurraba ella en mis orejas. Al salir se acomodó sus anteojos oscuros. Si la volviera a ver nuevamente no me reconocería.

Sin título

Claudio “Pol” Bucci

El día que ganamos el mundial en Brasil 2014, yo estaba en otro planeta, ya que en el mío, el fútbol había perdido su esencia. Busque un lugar primitivo de pasiones y lo encontré. Entre todos, inventamos el día domingo, creamos equipos y colores. No se cobraba entrada, no había televisión, a los jugadores se los aplaudía, propios y rivales también. Paso el tiempo y nadie sintió la necesidad de cambiar algo. No llegó la globalización y por suerte, siempre fue puro Fútbol. Ojalá hayamos ganado el mundial volviendo a las esencias. Sino para qué volver, si aquí el Fútbol es campeón del Mundo.

¿Ganamos?

Juan Pablo Goñi Capurro

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 estaba con mi hermano en la ruta. Habíamos chocado; dos horas y no aparecía el auxilio. Del otro lado de la ruta estaba la mujer sangrante. Su esposo lloraba. Supe que el hombre terminaría odiando al fútbol, como mi hermano, que no soporta una pelota desde el mundial 78. Aunque esa vez los instrumentos quirúrgicos se los aplicaron apenas sonó el silbato del final.

La vida y el fútbol son cíclicos

Diego Lencina

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 arranqué de madrugada. Salí del laburo a las 14:15 y fui directo al barrio de mi niñez. Mi madre como siempre me había guardado un pedazo de asado. Comí rápido como siempre, esta vez no tenía que ir a la cancha, – porque además soy periodista deportivo – el apuro ahora pasaba por otro lado, se jugaba la final del mundial y Argentina volvía a esa cita 24 años después, encima contra el local.
Ganamos 4 a 3, fue un partidazo con Lio Messi héroe del nuevo Maracanazo. Me dieron ganas de salir a la calle a confundirme en la marea humana que inundó todo con bombos, banderas y alegría, algo que los argentinos nos merecíamos hacía tiempo.
Sin embargo, apenas el árbitro pitó el final, en vez de eso lo festejé con mis padres. Estábamos los tres solos como aquella vez que Boca le ganó al Palmeiras y al Real Madrid en el 2000. Argentina campeón mundial era lo único que nos faltaba.
Dicen que la historia es cíclica y lo que antes ocurrió siempre vuelve. Puedo asegurar que lo comprobé esa tarde. De repente veo a mi pequeña hija corriendo con un sombrero de arlequín celeste y blanco mientras mi mujer la seguía sonriente. Al encontrarnos nos amalgamamos en un abrazo interminable. Además a los días descubrimos que venía otro bebé en camino. Que momento feliz, algo inolvidable y que por eso de lo cíclico en algún tiempo se volverá a repetir…

Sin título

Claudio Cherep

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 lloré mucho. Lloré como nunca antes había llorado. Recuerdo aquella jornada, además, por tres incidentes domésticos que el tiempo sabrá borrar: mi casa ardió en un incendio aún inexplicable, mi mujer se fue con mi vecino por motivos que sí se pueden explicar y mi padre eligió ese atardecer lluvioso para morir en mis brazos. Y yo lloré. Llanto de pibe, lágrimas perennes. Lloré bailando por las calles del barrio. Lloré porque salimos campeones del mundo. En cancha de ellos. Y no lo olvidaré jamás. Y no lo olvidarán.

Sin título

Sergi G. Oset

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014, los radicales se citaron horas antes en los alrededores del campo para intercambiar tarjetas de visita. En aquella tarde calurosa estaba en juego la inmortalidad o el olvido. Baste recordar, que esa misma semana, un directivo declaró «saldremos a matar», las declaraciones de cierto jugador que hablaba de «lavar el ultraje del último robo arbitral», o los encendidos debates televisivos entre viejas glorias.
El resto es bien sabido: el pánico en las gradas, la invasión del campo, los cuerpos cubiertos por sábanas, alineados sobre el césped.
Cientos de velas y fotografías componen un improvisado altar junto al estadio.
Pero, dicen: ¡por fin campeonamos!

Sueños de fama

Martín Gardella

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 por fin pude cumplir el deseo de que mi foto aparezca en la tapa de todos los diarios del Mundo. Justo en el instante en que levantaba la copa dorada, le disparé cinco tiros a quemarropa a ese enano que se creía mejor que Maradona.

El abuelo

Martín Gardella

El día que ganamos el Mundial de Brasil 2014 vi al abuelo dando saltos en el living con su Spika en la mano derecha. Sólo lo había visto sonreír así en la foto que la abuela tenía en la mesita de luz.
–Este Messi es un fenómeno, un fuera de serie –me susurró con su boca desdentada cuando me acerqué a abrazarlo. Y luego, como hace cada vez que viene de visita, se esfumó en el aire.