Caperucita Roja en 140 caracteres. Parte III

Varios

Díaz, Chus

“¡Yo no me comí a esa vieja!”, gritó Lobo tras los barrotes. “Soy vegetariano, ¿por qué no me creen? ¡Exijo un abogado!”.

De Armas, Elisa

¿Abuelita, dónde vas? A cuidar de mi nieta Caperucita, que está malita y no puede ir al cole, y a llevarle a su mamá comida para la semana.

De Armas, Elisa

Harta de su doble vida, Caperucita le dio un ultimátum: No aguanto más esta situación, lobo, o con los tres cerditos o conmigo.

De Armas, Elisa

– Ay, lobo, ya no me devorás como antes. – Son demasiados años repitiendo el mismo cuento, Caperucita.

De Armas, Elisa

Caperucitas engañadas por lobos explotadores y astutos hay muchas. Para la mayoría, los cazadores justicieros son sólo un sueño.

De Armas, Elisa

Triunfa la rebelión proletaria contra los Príncipes Azules encabezada por Caperucita Roja. Cenicienta condenada por alta traición.

De Armas, Elisa

Antes de contarles el cuento de Caperucita tenemos que darles una lección de Paleobiología. Para que comprendan los términos bosque y lobo.

De Armas, Elisa

Caperucita tuvo su primer orgasmo cuando, tras 20 años de matrimonio, pidió al cazador que se disfrazara con la piel del lobo.

De Armas, Elisa

Furiosa, Caperucita puso al lobo de patitas en la realidad. Eran ya demasiados años pegándosela con los tres cerditos.

De Armas, Elisa

Hoy día el lobo viaja en avión y paga en dólares con los que exóticas Caperucitas alimentan a las abuelas y al resto de su numerosa familia.

Defelice, Renata

No puede explicarse si se manchó de rojo al finalizar la historia, o si era roja desde antes del inicio. No sabemos si el lobo era la abuela.

Defelice, Renata

No visites a tu abuela seguido. Si lo haces, no le lleves nada dulce, te traerá problemas. El bosque y el lobo son metafóricos, el resto no.

Desmarás, Maximiliano

Cuento: Caperucita hija de puta, por tu llanto y tu crisis de novia tonta, ahogué mis penas y amanecí con un lobo travestido y tu abuela en pelotas.

Eleisegui, Patricio

El leñador ya no se movió. Lo había sorprendido desnudo, junto al lobo muerto, y acariciando lo que quedaba de la abuela.

Enterrio, Verónica

Una mina, fanática del rojo (no de Independiente eh, sino del color) mató a su abuela y mandó una coartada digna de escritor!

Enterrio, Verónica

Querido diario, mi vieja se cree que soy Caperucita y me manda a visitar a la abuela. ¡No quiero!

Enterrio, Verónica

– ¿Caperu qué? ¡Ah sí! La piba esa del bosque, la delirante. La de capa roja… la recuerdo… ¿así que en realidad terminó mal, che?

Esnaola Moraza, Jesús

Distracción: Iba tan pendiente de evitar al lobo feroz que no se dio cuenta de que, en el prado junto al bosque, un toro bravo la miraba de reojo.

Faragó, Francisco

La abuela está más peluda de lo usual y encima me mira raro. Debo estar alucinando. No debí comer esa manzana que me ofreció aquella bruja.

Fernández, Analía

“¡Es una clara muestra de la inseguridad de los bosques!”, grita una vecina de Caperucita frente a las cámaras de televisión.

Fernández, Matías

La nena, desengañada, preguntó si había más de él en los dientes o en el aullido. El lobo, que ya sólo veía rojo, se lo mostró.

Ferrin, Juan Carlos

Recién ahora se supo que fue un error de imprenta eso de que el lobo se comió a la abuela de Caperucita. No se la comió.

Figueroa, David

Maldijo a Perrault, todas casadas con príncipes. Ella sobrevive por los viejos, que le piden que se deje puesta la capucha.

Florito, Juan Manuel

Apagó el cigarrillo y contempló el cadáver de la abuela. “Vamos Lobo”, dijo. Escapar juntos era cuestión de paciencia y veneno.

Frugoni, Sergio

Cuando dio el primer corte, el leñador comprendió que el plan urdido por Caperucita para acabar con el terror en el bosque había funcionado.

Gallego, Julia

En 1978 conocí leñador hoy taxista, lobo como abuela, suegra. 1985 nació rey. Hoy con canasta, de rojo vendo alquilo prop. p/ $ 600 al mes.

Gallego, Isabel

Hogar dulce hogar. Tras un fugaz tour por la realidad, Caperucita decidió que prefería ser devorada por el lobo.

Galve, Fernando Vicente

Anticonceptivos: Vigila bien, no vuelques la cestita. Y ten mucho cuidado en el bosque, que cada vez que vas, me vuelves embarazada.

Galve, Fernando Vicente

Familia: Dale un beso de mi parte a la abuelita. E insiste en que no sea terca y perdone de una vez a papá, que no es civilizado vivir en el bosque.

García, Guillermo

La confesión: Eso fuiste, una intacta fruta roja entre el follaje. Y mi boca, Caperucita, te ansió desde el principio.

García, Guillermo

El interrogante del lobo: Me pregunto por qué, Caperucita, insististe en seguirme el juego hasta el final.

García, Guillermo

Despedida: Antes de morir te veo, Caperucita amada, renacer de mi vientre, igual y distinta.

García, Guillermo

Escepticismo: El primer mordisco te dolerá. El segundo te agradará. Al tercero ni lo sentirás. Luego, Caperucita, seré a lo sumo tu mascota.

García, Guillermo

Altruismo: Hambriento, sí, pero ante todo humanitario, el lobo se conformó con la cesta de Caperucita.

García, Guillermo

Especulador: El leñador dejó escapar al lobo. Luego se casó con la madre de Caperucita, única heredera de la opulenta abuelita.

García, Guillermo

El mejor señuelo: Oculto en la espesura, el cazador de lobos sigue los pasos de su pequeña hija, canasta en mano y toda vestida de rojo.

García, Guillermo

Fetichismo: Nostálgico, el viejo lobo mira sus caperuzas rojas languidecer, copiosas y espectrales, entre las ramas de los árboles.

García, Guillermo

Reconstitución: El guardabosque envolvió los restos del almuerzo del lobo en la capa roja y corrió hacia el castillo del Dr. Frankenstein.

Caperucita Roja en 140 caracteres. Parte II

Varios

Bevilaqua, Gabriel

En la versión porno de Caperucita Roja, la abuela está mucho más buena que la pendeja.

Bevilaqua, Gabriel

El casting de Caperucitas lo ganó una actriz porno: era la única de las postulantes que aún conservaba algo de inocencia en su mirada.

Bevilaqua, Gabriel

– Menos mal que la abuela de Caperucita no eras vos nanita.

– ¿Por qué Carlitos?

– Porque el abuelo no hubiera dejado que dañaran al lobo: quiere más a los animales que a la gente, y vos también sos gente.

Bevilaqua, Gabriel

– Abue, ¿el lobo de Caperucita es malo?

– Sí, Carlitos.

– ¿Y papá es malo?

– Para nada; pero ¿por qué me preguntás eso?

– Es que la oí a mamá decirle que este finde, él sería su Lobo Feroz.

Biedma, Salvador

Su abuela era un lobo. Su abuela era un lobo que se había comido a la abuela.

Broggi, Felisa

– Hace mucho calor – le dijo la madre a la niña – Andá por la sombra. Obediente, Caperucita fue a la escuela con la Sombra, su capa nueva. La aplazaron porque cambió la preposición.

Bruhl, Kalton

Cómo cambian los tiempos: antes caperucita roja andaba de clandestina en los bosques. Ahora es candidata a la presidencia de la Nación.

Bruhl, Kalton

“Mamá, mamá”, suplicaron los lobeznos, “vuélvenos a contar la historia de cómo la Caperucita Roja se llevó al abuelo.”

Borobio, Matias

Canasta tirada. – ¿Dónde estás hija? Abuela, ¿qué pasó? ¿Dónde está Caperucita? – Debajo de la cama. – ¿Qué haces ahí? ¿Hija? ¿Abuela? ¡ABUELAAAA!

Cabrera, Rubén Faustino
Diván: -¿Podrá curarme, doctor? Yo sólo quería comerla. ¡Y empezó a criticarme la nariz, las orejas, la boca! ¿Qué soy, doctor? ¿Un monstruo?

Cabrera, Rubén Faustino

Especie en extinción: -¡Te mataré, maldito! -¡Alto, leñador! Somos de Animal World. ¡Irás preso si matas al último ejemplar de lobo parlante!

Cabrera, Rubén Faustino

Tamaño -Decime, lobo… ¿tenés todo tan grande como las orejas, la nariz y la boca? ¿Sí? Correte, dale, haceme un lugarcito en la cama.

Cabrera, Rubén Faustino

Hedonista: -¿Te comiste a mi abuela y ahora pretendés comerme a mí? -Comerte, lo que se dice comerte, no. ¡Yo estaba hablando en sentido figurado!

Cabrera, Rubén Faustino

Carne: -¿Qué pretende de mí? -dijo Caperucita. -No sé si me explico, pero con tu abuela ya almorcé opíparamente-, contestó el lobo.

Castilla, Martín Daniel

Escapé rusita, lo voy… no, ¡nah! ¡Qué cuento!

Casademont, Claudio

Mamá me lo dijo y no hice caso. Todos los hombres son iguales debajo del disfraz de turno: demandantes como abuela postrada.

Castagnet, Martín Felipe

La mala fue que debajo de la caperuza el Lobo reconoció a su hija; la buena fue comprender que se había merendado a su suegra.

Chara, Alberto

Una historia real: Mientras la abuelita se fue a cobrar la jubilación, el lobo carestía se comió la canasta familiar de Caperucita Roja.

Chara, Alberto

Epitafio de la abuela de Caperucita Roja: “No me esperen para comer.”

Chino en el piano

Mirá al rededor…órganos, cesos, jugos gástricos…toma un baño y relájate. Estás en casa.

Chino en el piano

Creí ver a lo lejos a mi redentor. Fui hacia él. ¿Será acaso de la raza del engaño? ¿O será frío, estéril, e inocente como yo?

Chino en el piano

Vil engaño. Al ver tus ojos menguantes, mi corazón traicionado. Luego llegó la otra historia. La que no nos atrevimos a contar.

Chino en el piano

Indicando a la niña. Yendo a ver a la abuela. Engañada. Atacada por el lobo. El leñador murió. Aprendiendo la lección.

Chino en el piano

Haz caso o caerás en el engaño y la voraz persecución… con suerte terminarás tomando té y encontrándole un hombre a tu abuela.

Díaz, Ariel
Clasificado: Permuto caperuza roja por protector auditivo y diafragma. Los aullidos de los bebés me están volviendo loca.

Díaz, Chus

La puerta abierta. Oscuridad y silencio. Caperucita traga saliva: tiene un mal presentimiento…. Aun así, entra en la casa.

Díaz, Chus

Lobo feroz cambia cuento con niña impertinente, abuela enferma y casita en el bosque por telenovela de lujo y glamour.

Díaz, Chus

Caperucita miró a Lobo, decepcionada. Ojos grandes, nariz afilada y amplia sonrisa, había dicho él… Maldito chat sin foto.

Díaz, Chus

Te extrañará recibir mi carta, Caperucita. Soy un lobo preocupado. Desde que me mudé aquí, no dejo de vomitar abuelitas…

Díaz, Chus

Aquel visitante era algo siniestro pero a Abuelita no le importó. Estar enferma le aburría. “¿Juegas al póquer?”, le preguntó.

Díaz, Chus

Comer abuelas, disfrazarse, mentir, comer niñas, pelear con cazadores… Demasiadas emociones. Lobo pidió la baja por estrés.

Díaz, Chus

Llegó sólo 10 minutos tarde, pero Caperucita ya se había ido. El plan de Lobo había fracasado. Aquel día se quedó en ayunas.

Díaz, Chus

Harto de la rutina, Lobo quiso variar el cuento. Caperucita lo encontró tomando el té con Abuelita. Le había llevado flores.

Díaz, Chus

“Es él”, dijo Caperucita señalando al tercer sospechoso. Lobo palideció. Ogro, Bruja y Duende respiraron aliviados.

Díaz, Chus

“¡Yo no me comí a esa vieja!”, gritó Lobo tras los barrotes. “Soy vegetariano, ¿por qué no me creen? ¡Exijo un abogado!”.

Díaz, Chus

Caperucita conoció a un príncipe y cambió el bosque por la vida en un palacio. Lobo decidió buscarse otro menú: ¿qué tal cerdito?

Caperucita Roja en 140 caracteres. Parte I

varios

Abagianos, Fedra
El camino más largo puede llevarte a la boca del lobo. Pero te da más tiempo para ver y escuchar mejor, el trayecto a la salida.

Acosta, Nuno

El hacha partió en dos al lobo. Su sangre bañó a la niña de blanco que huía del bosque en el que acababa de morir su abuela.

Acosta, Nuno

¡Lalaraláaaa! toc, toc… Abue… ¿qué le ocurrió a tu casa? Juguemos al interrogatorio… Aahhh… AUUUUU!… chop, chop… ¡Abuelitaaaa!

Acosta, Nuno

Lobo, ¿por qué te pareces tanto a mi abuelita? ¿Te he contado que siempre la hemos querido matar con mi amante, el leñador?

Álamo González, Ricardo

Llegué a la fiesta de disfraces vestida de Caperucita. Los lobos aullaron de placer. Le ofrecí mi cuerpo menudo al de la boca más grande.

Álamo González, Ricardo

Bosque incendiado. Stop. Caperucita y lobo quemados. Stop. Abuela pirómana detenida. Stop. Aplazado cuento hasta celebración de juicio. Stop.

Álamo González, Ricardo

Fui al baile de disfraces vestida de Caperucita. Los jóvenes lobitos aullaron de placer. Al más atractivo le hice morder mi lindo cuerpo.

Álamo González, Ricardo

Soñé que no hallaba la casa de mi abuelita y me perdía en un bosque de nieblas. Cuando desperté, el hombre lobo olisqueaba mi entrepierna.

Álamo González, Ricardo

Murieron los lobos. Pasaron los años. Ardieron los bosques. Se extinguió la especie humana. Entonces Dios creó un paraíso lleno de Caperucitas.

Álamo González, Ricardo

Cuando apago la luz de mi cuarto, veo claramente los ojos inyectados de sangre del lobo que me defiende de mis pesadillas con Caperucita.

Álamo González, Ricardo

Soñé que una niña con capa roja y su abuelita enferma me comían. Desperté sobresaltado. Para calmarme, salí de la guarida y aullé un rato.

Álvarez Cordeiro, Dolores
“¡Qué dientes tan blancos tienes!”, exclamó Caperucita. “Será de cepillármelos todos los días”, dijo el lobo, antes de zamparse a Caperucita.

Álvarez, María Consuelo

La Caperucita dejó el rojo pasión, que la ponía en evidencia. A los quince años se vistió de azul, conquistó al príncipe y huyeron juntos.

Amoroso, Esmeralda

A través del tiempo, en las páginas de un libro o en la vida misma, Caperucita sabe que el lobo feroz, disfrazado de dulce abuelita, volverá.

Baby, Gabriela

Pic Nic: Caperucita se queda en el bosque: ¡flor de merienda para todos!

Baby, Gabriela

La gula: En el bosque se está mejor, piensa la niña. Saca el pan, la mermelada, el mate y ¡que la abuela se joda!

Baby, Gabriela

Harto: Abuelita ¡qué ojos tan grandes! Y vos caperucita, ¡cada día más miope!– dice el lobo, se saca el camisón y se va tras un portazo.

Baby, Gabriela

Llevá saquito nena: Le puse la capita, le puse la capucha, le puse la mermelada y el pan casero. ¡Uy! ¡Me olvidé de ponerle un DIU!

Baby, Gabriela

Bienvenido: ¡Pasá, Feroz, que te estoy esperando! No necesitás hacerte el lindo, ni el tierno. Te creo, te creo: metete en mi cama; comeme toda.

Baldessari, Adriana Sofía

En la soledad del geriátrico, la abuelita lamenta no haber sido comida por el Lobo.

Baldessari, Adriana Sofía

Por las noches en la taberna, el Leñador trata de olvidar con el alcohol su complicidad con el Lobo.

Baldessari, Adriana Sofía

La hermana menor de Caperucita nunca viste de rojo. Tiene prohibido llamar la atención.

Baldessari, Adriana Sofía

Los árboles piensan que el Leñador fue una leyenda. Nadie volvió a hacharlos desde el sangriento episodio del bosque.

Barberis, Diego

“Con tanta caperuza roja y progre, más que un lobo, en el cuento debiera haber un gorila.”

Barros, Renzo

– ¿Yo tocarla? ¡Uh!, qué asco, me podría romper mis hermosas uñas. ¡Jamás la atacaría!, soy vegetariano. ¡Al que quería comer era al leñador! ¡Caperucita es una discriminadora!

Muchachos… llegó carta del abuelo

Caviglia, Andrés

La degustación que hacia 20 años había planeado con el abuelo estaba lista, solo faltaba que den las 22 horas.

Ahora que lo pienso olvidó un detalle, ya hacía 11 años se había ido… ¡Justo el abuelo no calculó que tendría 100 años para la fecha pactada…!

La botella era única, él la había escogido para mí en 1982. Su etiqueta decía: “Andrés –10/10/02- 22hs”, nada más… Fue así que descubrí el mundo del vino, imaginando qué varietal sería, de qué zona, su aroma, etc.

Pelu, Nacho y Fer esperaban afuera, ya eran las 22. Descorché con cuidado aquel vino. Sorprendido percibí en su interior un tubo de ensayo sellado que contenía una nota del abuelo que decía: “No importa que vino sea si tienes el tiempo y los amigos para disfrutarlo”.

Emocionado sentí que volvía a ser el nene que ansioso escuchaba sus historias… Salí al patio, los llamé y les dije: “muchachos… llegó carta del abuelo”.

Un amable final

Burgos, Juan

Albert Pressac recibe al nuevo invitado al amanecer. Lo conduce en una camioneta por el valle que rodea su estancia. Diez minutos después sonríe al ver la cara del hombre cuando se enfrenta a la cascada que alimenta el pequeño lago.

– Es un Malbec –describe-; ciruela, canela, vainilla. Para mi, el mejor. Su final es amable, invita a seguir tomando.

El visitante baja, se desnuda, corre y se arroja. Da unas brazadas, se detiene en el centro y levanta un brazo entusiasta. Se sumerge y sale varias veces con los carrillos hinchados: traga y desaparece. Una hora después vuelve a la orilla tambaleante y se deja caer en el césped. Al mediodía –esta vez sólo- repite. Pressac lo encuentra a las ocho de la noche sentado en la orilla, de espaldas al lago, la mirada extraviada y un intento de sonrisa que le deshace la cara en un gesto patético. Se levanta y se deja caer en el Malbec.

El anfitrión espera una hora. En ese lapso, el hombre se zambulle dos veces, pero luego de la segunda ya no vuelve a aparecer.

– Nacho, vení, ya está. Encendé el horno grande. Acordate que mañana viene otro gran bebedor.

Tetragenarios

Huberman, Diego

En apenas dos horas ya estaban ahí.

Cinco señores, cruzados del tenedor, místicos de la olla, repitiendo a Arlt.

Persiguiendo vides daban comienzo a una fiesta irreparable. Se es joven mientras la edad es menor que el calzado. Se avecinaban cuatro días convertidos, entre otras cosas, en una farmacia de ideas, con remedios para todo tipo de pensamientos.

Al mediodía tuvo lugar la ceremonia principal. Luego de una puerta bastante disimulada accedieron a un subsuelo, recorriendo una escalera que descendía hasta el cielo.

La cava. Los toneles.

En medio de esa atmósfera de acuario, diría Arlt otra vez, la mesa, las cepas, las risas, las estibas, las copas y la felicidad.

Sin mapa llegaron al pie de Los Andes a blandir con gallardía el decantador, a ejercer la defensa del roble, encomendados a la viña, disponiendo solamente de un tirabuzón.

Todo fue así y de verdad.

El último día comprendieron que se corre peligro de muerte cuando la edad es mayor que el peso. Estaban a salvo, y en apenas dos horas ya estaban aquí.

Así festejaron sus cuarenta años.

Mercado

Celorio, Gonzalo

Señora, si usted tuviera idea de mi soledad, no me exigiría que comprara cinco pesos de perejil: me vendería diez centavos.

Libro. Editorial.