El nombre de aquél Malbec

Petroselli, Elbio

Mi amigo Larignan había sido el encargado de comprar el elixir con el que yo estaba manteniendo relaciones íntimas esa noche. No se trataba de un regalo. El bueno de Larignan había simplemente honrado una deuda. Con lo cual aquél Malbec subía en la consideración de mi paladar (nariz y vista), en relación inversamente proporcional al decrecimiento de su nivel en la botella.

El nombre de aquél Malbec, además, dotaba a la noche de cierta épica. SANGRE DE VIÑA, decía su etiqueta. Primero me había sabido a tragedia, no exenta de rechazo. “Parece demasiado para nombre de vino”, me dije; lo cual no me impidió a proceder, con expectativas, al descorche. Pero la asociación con VIÑAS DE IRA me condujo, mientras removía el copón al influjo de la luz, invocando el estallido de rojos azulados, a la más tentadora convicción de participar de una épica. Placentera, no como la de la familia Joad. Luego sentí que aquella SANGRE DE VIÑA merecía una detallada explicación. Sin embargo, tomé el atajo de Carriego y, en voz alta, recordé que la loca, la extraña mitad de aquel canto, quedó en la botella.

La intensidad de la noche

Capasso, Mario

Tal vez la causante de todo fue la gota que rebasó lo que supusimos la intensidad de esa noche de verano, aunque algunos testigos, quizá no muy confiables que digamos pero eso qué importancia tiene, aseguran que no fue una sino millones de gotas de buen vino las que, una vez puestas a correr por las cañerías, no tardaron en amenizar, a canilla abierta, dando rienda suelta a la amistad contenida, las reuniones que a partir de ese suceso sin precedentes no dejaron de celebrarse hasta que el desperfecto fue subsanado con el arribo de la madrugada. Ahora sólo nos resta esperar que una noche de éstas el desperfecto regrese a los hogares o mejor aún, que se quede a vivir para siempre. Claro que existen en la vereda de enfrente los otros, los enemigos, los que andan con los sifones de aquí para allá, haciendo una guardia no deseada por nadie de buen gusto. No por nada ya en las paredes de la ciudad está escrito que la uva de la vida no fue creada para ellos.

Vino con historia

Bellouh Ardoy, Claudio

La hermosa tierra entregó la uva. Murió ésta exprimida para dar paso a la paciencia y laboriosidad de aquél que con sus desvelos, madera y frutos, satisfacía la cava. Nació la magia del color, aroma y sabor, luego vendrían textura, crianza y redondez.

La historia de la colonización en nuestro país, estuvo fuertemente ligada a la vitivinicultura. En 1556 el fraile mercedario Juan Cidrón, plantó estacas de vid en la zona de Santiago del Estero traídas de la Capitanía de Chile. Poco después, Pedro del Castillo y Juan Jufré, llevaron viñas de Santiago del Estero, a Mendoza y San Juan respectivamente. En 1850 el agrónomo francés Jean Pouget introdujo variedades de su país que agregaron calidad a los vinos existentes. Posteriormente, inmigrantes italianos, portugueses y españoles dieron los primeros pasos para la industrialización de la actividad, hasta el momento artesanal.

Luchó el bodeguero por la calidad de su producto. Debió complacer a los amantes del rojo sangre, los liláceos o rubios. A los que preferían en desmedro de la complejidad del proceso de envejecimiento, aquellos en su temprana juventud o los aromas dulces. En definitiva, tuvo que descubrir las expresiones subjetivas u objetivas de la cata.

Placeres mundanos

Moday, Mauricio

Su rostro angelical permanecía quieto y silencioso, reflejado en aquel cercano cristal. De la superficie suave del mar emanaba una espesa bruma y se escuchaba el ronroneo de las olas, en esa madrugada de cena frugal y prolongada sobremesa.

Su largo cuerpo esperaba en el balcón, lucía esbelto y presentaba un extraño brillo, iluminado por la luna.

Usaba de apoyo, la pequeña mesa que allí se encontraba.

Los reflejos rojo-violáceos de su entorno eran difíciles de precisar en la oscuridad. Su perfume, como vapor etéreo, acercaba su piel al aroma de los campos frutales.

Pensaba en traerla hacia su boca y estrecharla suavemente y en ese intercambio de fluidos, llevar aquel desborde hasta el acto de amor que ambos esperaban.

Cuando levantó la copa y la dejó deslizar hacia su paladar, los preciados fondos de madera con su persistencia provocaron el orgasmo de placer que el exquisito Cabernet Sauvignon de buena calidad produce en nuestras mentes y cuerpos.

El hermano

Romero, Etanislao Norberto

El médico se desperezó estirando sus brazos hacia el techo como queriendo arañarlo. La guardia había sido tranquila, los enfermos que estaban internados habían dormido la siesta y él también. Hasta tuvo tiempo para ver la final Boca – Tigre.

El enfermero cortó la bonanza del momento, requiriendo su presencia en el consultorio. Al llegar vio cómo le estaban limpiando las heridas a un hombre flaco que estaba en la camilla con signos de haber sido golpeado. Al revisarlo, constató que solo eran contusiones leves. Para estar seguro de su apreciación ordenó algunas radiografías. Mientras revisaba iba pensando que tendrían que cumplir con los trámites de dar parte a la policía, la golpiza en pelea había existido, seguramente una riña entre adoradores del dios Baco que se habían extralimitado en sus libaciones. Salió.

En la sala de espera había algunas personas, preguntó quien había traído al golpeado. Un hombre flaco que estaba apoyado contra una de las paredes contesto:

– Yo.

El médico lo contempló unos instantes mientras pensaba que el tipo también estaba pasado en copas.

– ¿Quién lo golpeo?- le inquirió.

– El hermano-, contestó.

– ¿Y vos quien sos?

– El hermano…

El vino de la paz

Corin, Claudia Alejandra

¿Te acordás cuando te llamé para que tomemos “el vino de la paz” para reconciliarnos? Sé que te acordás. Aunque bajo esa capa de hombre duro vas a perjurar que no. No pienso hacerte decir lo que no quieras. Nunca lo hice. Pero tus sentimientos son los que no te dejarán mentir. Fue una buena idea.

Degustando unas copas de buen vino sanjuanino (era un Syrah el que había elegido) habríamos podido limar esas diferencias que fueron creciendo y son las que nos separan ahora para siempre. Pero quisiste dejarlo para otro día, otro momento, como si la bronca, tu bronca, se alejara con el silencio.

El vino une, apasiona, relaja, quita las penas del corazón. Quise quitarte ese odio que sentías con un vino simbólico, pero no me dejaste. Yo tomé mi copa. Pude olvidar mis penas y perdonarte.

Cuando sientas que el odio te está abrazando… no olvides que bebiendo “el vino de la paz” (el que elijas en ese momento) simbólicamente estará despejando tu corazón y te llenará de luz el alma.

Y por sobre todas las cosas, no perder a la gente que te quiere bien.

Vendimia

Pan, Marcela Muñoz

Es casi seguro que llegará, y no sabré muy bien cómo voy a transmutarme. La miraré un rato, bajo la lámpara del parral mientras se cuela el lucero, buscando tus marzos trotamundos de tantas uvas singulares. Para asegurarme que es ella y no otra, escucharé sus álamos amarillos para asegurarme que soy yo y no otra, no lloraré sobre las añoranzas. Domingos blancos, sábados tintos, perlas rosadas, no lo sé. Llegará con su Carbernet a cuesta, o su Chardonay entre hebillas, una copa a medio servir, una copa a medio tomar. Sobre los cerros cordilleranos, Homeros danzan el habeas corpus del teatro con fuegos artificiales, quijotescos estribillos, y la luces alquimistas hinchan los sonidos de las voces que no callan. Llegará la Vendimia. Durante siempre.

¡Salud, compañero!

Cabrera, Rubén Faustino

El Felipe Rutini de Colección, cosecha 1983, seguiría esperando el ascenso a sub-gerente para ser descorchado. Elixir, exquisitez, delicatessen, exaltación de las bacanales, manjar de los dioses paganos, chiche bombón, una masa, joya nunca taxi.

Así les describía ese vino heredado de la tía Adelma a sus compañeros de oficina mientras juraba beberse su contenido valuado en mil dólares absolutamente solo cuando lo ascendieran a sub-gerente. Pero, lo jubilaron a Guzmán y tardaban en darle el cargo vacante a él.

Veinte años sin faltar una sola vez, pero ese día decidió hacerse el enfermo. De pura bronca, no más.

– Tu gerente vino a verte -le anunció su esposa por la tarde.

– Le traigo malas noticias -dijo el gerente.

– Señor… estoy enfermo de verdad.

– Quédese tranquilo… sub-gerente.

– ¿Me ascendieron?

– Sí, señor. Lo felicito.

– ¿Y cuál puede ser la mala noticia, entonces? Me cambian de sucursal…

– No, señor.

– Me cambian de sector…

– Tampoco. Usted sigue trabajando conmigo.

– ¿Y entonces? ¿Cuál es la mala noticia?

– ¡Vaya y traiga ese Felipe Rutini y festejemos entre los dos! ¡Amarrete!

Irracionalidad

Broggi, Felisa

Me gustaba estar en la bodega familiar: era fresca y silenciosa. No había ruidos de ninguna clase. Sí un perfume suave y delicado. Les aseguro: nunca probé ni una gota de vino. Ni cuando era adolescente y veía a mis amigos enloquecerse solamente por un vaso. Yo, nada. Otras cosas me gustaban: la lectura, los paseos solitarios, el aroma del verano, mi colección de botellas.

Elena, mi novia, era una linda mujer. Joven e inteligente. Enojó a su parentela cuando anunció nuestro noviazgo. No les hicimos caso. Nos casamos y pronto nació Milena, una beba de ojos verdosos. Éramos felices; sí, dije bien: éramos. Una tarde, Elena se fue con Víctor, mi mejor amigo. Ni siquiera se acordó de nuestra hija.

Decidí instalarme para siempre con la niña en la bodega: trasladé cama, ropero, mesas, juguetes, sillas, ropa y algo de comida. Pensé prolijamente la venganza: Milena, mi hija, me serviría para desquitarme de mi mujer. Es loco esto, ya sé, pero… Cuando vuelva no creo que la encuentre viva. De eso me ocuparé todos los días… Mientras estoy preparando su comida, creo que pensaré en algo cruel; muchos me calificarán de insensible. No importa: a mí no me interesa pero sé que a ella, a Elena, no le alcanzarán los años para arrepentirse de lo que me hizo.

Vino

Bellouh Ardoy, Claudio

Vino. Exquisito, intenso, exótico, generoso, aterciopelado, armonioso, elegante, vigoroso, noble, potente, expresivo, inquieto, amable, carnoso o cualquier otro adjetivo que se le quiera adjudicar, pero jamás será “rico” o simplemente “bueno”. Su identidad no lo permite. Baco lo entronó como el delirio místico.

Vino, que sabe bohemia, silencios y amarguras, de arrastrar penurias, de amores contrariados y olvidos. De comilonas y saturnales, Culpable de familias desgarradas, locuras incontrolables, sueños envilecidos. Fácil de tomar, difícil de abandonar. Se le puede aplicar lo que dijo el poeta sobre el tango: “me hiciste mal y sin embargo te quiero”.

No es vital para la salud, ni necesario para la felicidad del hombre, pero sabe de poesía, de alegrar mesa de amigos y batallar la soledad.

Cuando comienza la danza, los sentidos se aprestan. El oído al descorche y al gorgoteo sobre la copa, que la mano acaricia disfrutando su textura. Se achican las pupilas para penetrar el color, se dilatan las aletas de la nariz para cumplir su cometido y el paladar ansioso, termina la función.