Para la cruel Alicia

Collico Savio, Rosario

“Los reyes son los padres”, fue la sentencia de la cruel Alicia, que aún reverberaba en mi cabeza desde el último recreo. Pregunté a los adultos… evasivas y revoleo de ojos.

Los siete años son cruciales en una mujer curiosa. La siguiente epifanía llevé a cabo mi plan. Oculta tras un ficus y a la hora de las brujas esperé lo inesperado: tres hombres dejaban paquetes en mis zapatos mientras engullían la ofrenda, mis galletas preferidas.

Me dormí ahí mismo, de la emoción o, tal vez, por un hechizo de los magos; ni bien desperté corrí al jardín. El balde de agua, vacío y sólo unas briznas de pasto, pruebas irrefutables de la presencia de camellos que le enrostraría a la cruel Alicia el primer día de clases.

Los reyes, los camellos y mi revolución

Ramallo, Luz

Como todos los años, el 5 de enero salí de prisa a recorrer jugueterías. El pueblo, un caos. Cajeros automáticos sin dinero, bancos colapsados, tope de extracción. Un calor agobiante nos tuvo a todos mal predispuestos y jodidos. Pero cumplí. Luego de colocar prolijamente los obsequios en cada par de zapatito, me senté a escribir, ya entrada la medianoche. Les escribo porque sé que no existen, encabecé. Y redacté mi protesta que se convirtió en un verdadero manifiesto contra la explotación de los camellos que alentados por mi letra se rebelaron contra los monarcas, iniciando esa misma madrugada la revolución proletaria que pasaron a liderar y que yo les había pedido.

Quizás pueda contratarlos

Vicente, Fernando

Me despertaron unos pasos en el despacho de mi padre. Salí de la cama y me acerqué hasta allí con cuidado de no hacer ruido. Llegué a tiempo de ver cómo salían por el balcón: Baltasar con sus collares dorados y exóticos, Gaspar con su elegante traje y Melchor con sus cabellos totalmente blancos y un puro en la boca. Fuera, en una furgoneta negra en medio del jardín del rancho, les esperaba un paje al que llamaban Murdock.

Al poco metieron a mi padre en la cárcel. Cuando lo visito, me dice que no eran los reyes, sino unos hijoputas, pero yo creo que lo dice porque a él no le trajeron nada.

Al pie del árbol

Ramallo, Luz

Tengo 9. Ella, cuarenta y… Me pregunta si es cierto que existen; que tiene dudas. Para mí que existen -arriesgo-. Pero no está convencida. ¿Qué puedo hacer? Creer no es saber. Si la cuestión son los regalos, le digo, eso no sería posible. Claro, se apresura ¿cómo harían para hacer su trabajo en una noche? Consiento; tampoco se entendería que nos dieran un trato desigual con los juguetes. Ajá. Sin embargo, prosigo, no es para eso que los queremos ¿o sí? Medita. Y entonces, ¿para qué los querríamos? acusa. Y a Dios ¿para qué lo querrías? devuelvo. Pero ella contesta como un grande. Yo no he dicho que lo necesitara. ¿Tampoco la imaginación, abuela? Y puso sus zapatos 38 al lado de los míos.

6 de enero

Martínez, María Mercedes

Nunca voy a olvidar la conversación con mi madre aquel 6 de enero…

– Mami…los chicos dicen que los Reyes Magos son los padres… ¿Es cierto?

– No, no es cierto, aunque bueno… no en todos los casos… En realidad…

– ¡Nooo! ¡No es cierto! -Dije interrumpiéndola con rabia y profunda convicción.

– Bueno, mejor preguntale a papá que él entiende más de eso, ¿sí?

– ¿Y dónde está papá?–, pregunté con decisión.

– En el living, con Melchor y Baltasar.

Venganza

Martínez, María Mercedes

Estaba por cumplir con mi sádico deber de hermano mayor cuando se acercó y me dijo con prepotencia: “Los Reyes Magos son los padres, para que te lo sepas”.

Es difícil describir la bronca que da que se te adelanten con una noticia, cuando hace rato dejó de ser tal para vos.

Embestida: “¿Y quién te hizo creer eso? ¡Ja, ja, ja! ¡Caíste, caíste, ja, ja! ¡Ahora no te van a traer regalos, es así!

Mirada vacilante, ojos pegados en los míos, llanto, carrera (entre llantos). Venganza cumplida en mi sonrisa triunfante.

Seis ojos me estaban mirando. Ese 6 de enero no recibí ningún regalo…

Clasificado

Ribbert, Elsa

Aviso destacado, del día domingo 02-01-2011 en un matutino local.

“¡Último Anuncio! No se lo puede perder.

Taller de capacitación: 6 de Enero, un día especial.

Dictado por los Tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar.

El martes 04 de Enero de 2011 a las 18 hs., en el Hotel Che Ratón, Salón Multicolor.

Temario: Cómo interpretar una carta. Dónde comprar más y mejores regalos. Cómo mantener el misterio. Cómo colocar los regalos en los zapatos sin ser vistos.

Debate integrador y conclusiones finales.

Se entregará material y certificado de asistencia.

Cupos limitados. Arancel: pastito, agua y galletitas.

Informes e inscripciones al teléfono: 0800-444-REYES (73937)”.

Un relato increíble

Ribbert, Elsa

El cuadro inspiraba miedo. No sé si podré describirlo, porque todavía me cuesta creerlo. Fue la noche del cinco de enero. Me desperté por los gritos y me levanté. Cuando llegué al living no podía dar crédito a mis ojos. Al lado de los zapatos estaban mis padres, al frente había tres hombres disfrazados con coloridas túnicas y coronas en sus cabezas. Pero lo más asombroso fue que uno de ellos, el de barba blanca, les decía muy enojado: “¡Es increíble que no puedan hacer bien un trabajo tan sencillo! Sólo hay que leer las cartas, comprar los juguetes y ponerlos en los zapatos sin que nadie se dé cuenta”. Papá pedía disculpas y mamá prometía que sería mejor el año próximo. Sólo sé que, aunque nadie me crea, yo no estoy loco.

El día de la verdad

Patricia O. (Patokata)

Me quedé petrificada de cara a la pared, haciéndome la dormida. Desde el living me llegaban tenues sonidos, ruidos de papel y cuchicheos. Mis reyes habían llegado y yo, con apenas 4 ó 5 años, no me atrevía a mover un dedo por miedo a romper el hechizo de ese instante.

Hacía tiempo que con mis dos hermanitas menores habíamos planeado quedarnos despiertas durante la noche de víspera de reyes para sorprender a los Magos in fraganti, pero ellas se durmieron y yo medio dormida, aunque no los vi, fui testigo de su llegada.

Me imaginaba a los camellos comiendo el pasto que les habíamos dejado sobre un papel, en el piso, bebiendo del agua dejada especialmente para ellos en un recipiente de plástico; junto a esto , tres vasos largos llenos de refresco y un platillo con rodajas de pan dulce para los Reyes.

Así, quieta y temerosa pero feliz, me dormí y al otro día no pude evitar jactarme delante de mis hermanas de que había escuchado a los reyes aunque no pude moverme.

Estaba feliz de saber que estuve a tan solo unos pasos de ellos… cuanta inocencia.

Me aferré a ése recuerdo un par de años después, cuando se me atragantó la merienda al momento de oír de boca de una compañerita de clase la confirmación de algo que ya había oído por ahí pero que me negaba a creer: ¡¡¡Me negaba a creer que los Reyes Magos eran los padres!!!

Lo primero que recuerdo de ése fatídico día es que me sentí ridícula, burlada, engañada, traicionada y sobre todo muy, pero muy, desilusionada.

Tendrían que existir formas menos crueles de enterarnos, cuando somos niños, que muchas de las cosas en las que creemos son sólo fantasías para el mundo adulto.

Sordos de diálogo

Mancilla, Eduardo

– La tierra es de mí propiedad, exigió un patrón de estancias

– La tierra es del que la trabaja, reclamó un peón.

– La tierra es fértil, salpicó la lluvia.

– La tierra, el aire y los árboles son nuestros, silbaron los pájaros.

– La tierra es toda mía, tronó una voz celestial que sonaba a nuestra imagen y semejanza.

– Somos la tierra, demandaron los originarios

– La cosecha es pública, decretó el gobierno, le puso impuestos y dejó el coloquio.