Destinos buscados

Bustamante, Analía Verónica

Y ahora que pende de un hilo, que no tiene cordones, que se le manchó la remera con dentífrico, que parece que se le mete la bombacha en el culo. Debe hacer algo.

Ya sabía que se metía en la boca del lobo y nunca a salvo en la panza de Moby Dick. Desde niña se caracterizó por los lugares más peligrosos; así tomo la cama marinera de arriba y cayó varias veces.

Noche terrible (sobre un cuento de Roberto Arlt)

Bustamante, Analía Verónica

Antes, mucho antes yo veía a través de tus ojos, en lo más brilloso del reflejo de tus ojos, veía esto y todo lo que vendría, podía escuchar en lo más insonoro de tu voz este abandono, esos suspiros a mis espaldas, ese sutil hacerme sentir la peor de todas. Para darme cuenta del dolor me miraba al espejo, el perverso rito de mirar el dolor, ver deformarse la cara, los ojos apagados, la piel húmeda, el gusto a sal. Ya me sequé, no puedo desprender de mí más nada, sólo la incesante pregunta ¿Por qué no escuché mi intuición?

No tenías derecho. Vos elegiste. Tomaste mi alma, la tiraste contra la vereda, un golpe seco en el asfalto y ni siquiera estabas allí para explicarme. “Es lo mismo que cometer un crimen”, ¿pensaste? Seguro que sí, todos tenemos algo de cruel. Yo también. Ahora no vas a tener opción, cuando te apunte a la cabeza, cuando te apriete el cuello hasta la inmovilidad, cuando te clave el cuchillo las veces necesarias y más. Entonces no vas a elegir, voy a elegir yo. No es por vos, es por mí, para verme “revólver”, revolver tu sangre, para saber que me quiero, como no me quisiste vos.

La infiel

Astegiano, Carolina

Siete años de matrimonio rutinario ya habían sido suficientes. Le envió un mensaje de texto a escondidas, lo esperó en el hotel, se desgajaron entre sábanas recién cambiadas, se despidieron hasta el próximo encuentro furtivo. Subieron al auto. La cama matrimonial los esperaba. Al día siguiente los esperaba otro día común.

La prueba

Ficher, Henry

Hace un tiempo conocí a una mujer llamada Priscila, en una discoteca frente al mar. Un hombre la estaba acosando y yo defendí su honor.

Bailamos merengue y bailamos son. Sentí su cuerpo ceñido al mío, sus senos rozando mi pecho, su pubis pegado a mi pierna.

La besé contra un muro, en una calle sin farol. Frente a su puerta me dio las llaves y pidió que abriera. Pero yo, torpe de mí, no logré abrir el candado de su reja.

Me despidió con un beso en la mejilla y nunca más la volví a ver.

Reacción química

Mancilla, Eduardo

Había guardado algunas palabras en un frasco con formol por si las necesitaba en un futuro lejano, en alguna situación de impaciencia como me sucede hoy, pero algo falló, están en un idioma que no comprendo.

Romance fugaz

Osvaldo, José

Todo comenzó cuando el nene dio sus primeros pasos. Ese día, documentado de manera especial en el álbum de fotos de la familia, se paró, caminó y exploró por primera vez el ambiente desde esa perspectiva. De repente, se cruzó con ella y quedó sorprendido por la belleza de su figura perfectamente esférica.

En el silencio muerto de la noche, la acarició con la parte más fértil de su empeine en crecimiento. Su padre, un intelectual desconfiado, se levantó enojado, lo zamarreó de los brazos y le hizo jurar que nunca más iba a patear una pelota.