Cuento con A

Julio

“Anoche agasajaban al artista Alejandro Arco asando achuras de asno. Afuera actuaban 4 africanos amenizando al aluvión de amigos. Adentro, al ambiente arribaban artesanos de antigüedades. Apurados, atropellaban al ir apilando arpas de adorno. Abandoné aquel agasajo al que amablemente y afectivamente animé”.

Antes

Parisi, Carlos

Antes hastiado, harto (acá hago aclaración: hastiado, harto, acostumbrado a acumular, a acaparar).

Adrede abandoné ambiciones, agregué ánimo, aspiraciones agradables, antepuse agradecimiento a antipatía, afabilidad a agresiones, apechugué ataques, abracé abnegación, aboné amistades, acerté acciones, adoctriné almas.

Admito haber actuado agriamente. Ahora, aliviado, ahuyento actitudes aberrantes, alimento algarabías, algazaras, amortiguo amarguras… antítesis.

Apaciblemente -apoltronado, apaciguando arcanas asfixias amorales- aparto agravios, admiro alboradas, atardeceres, almaceno almanaques, alterno amores, amortizo años.

Ansío aquiescencia.

Aburguesados

Moscarda, Esteban

Avanzan agudas armaduras ancladas al asfalto. Anhelan atemorizar a andrajosos aburguesados.

Ando

Savoia, Liliana Mabel

Abrazo aire ajeno, amagando amaneceres amarillos.
Atormentada, abstraída, ando amasando amores al acecho.
América ampara ampulosos andamiajes añosos.
Ando andrajosa, anestesiada, anticipando aparatosos acuerdos.
Ando alocada, abnegada. Aborrezco abocetar absurdas alondras anidadas.
Adapto acústicas, adivino además adjetivos absurdos.
Ando adúltera, abandonada, adaptada al amoral amorío advenedizo.
Ando afable, afianzando antiguas armonías, afónica, afortunada, afrontando afecciones adentradas al alma.
Ando, aferrada al amor.

Al amanecer

Bellouh Ardoy, Claudio

Al amanecer, ávido de aromas, ansío atrapar ese amor que allí asoma; amor arrogante, artero, arrollador, que astutamente alberga un alma artera. Ahuyento albures agoreros, alimento mi ánimo con ágiles astucias, acicalo mi atuendo, alguna artimaña asimilo, ardo por asumir aquello que anhelo, aún así, agrupando alocados artificios, no alcanzo agudeza alguna; alelado, aturdido, atónito, acampo asumiendo el amor ausente.

Al alba

Martínez, María Mercedes

Alicia y Antonio ahí… acariciando ausencias.
Antaño, amor audaz. Alocadas ansias… Amar a antojo, así…, acompañando al alba.
Antes, almas aunadas. Ahora, alegrías amarillentas, amargas, amenazadas…
Antonio acelera acción abrumadora. Atento al arma, alocado, avanza.
Alarma… y aliento apagado al amanecer.

Doble A

Baldessari, Adriana

Las agujas avanzan ajenas a la ansiedad del amante. Aguirre aguarda en el amanecer del antiguo andén de las afueras de América.

Actualiza su angustia la abstinencia. La ausencia lo alarma, lo arroja a un abismo antiguo de acosos ancestrales. Almas abiertas, aventureras, afrontaron azares hasta alcanzar auténtico, atrevido acercamiento.

Apenas arribe Aráoz, ambos atravesarán audaces la arcada de la Alameda. Aparentarán ser amorosos amigos… amanerados.

Cuento con A

Barros, Renzo

Animadora amansa animales ante asaltos armados a asustadas ancianas amigables.

Amante adolecente

Corallini, Claudia Mariel

Amalia anota anécdotas, abandonada ante el aborrecible agotamiento, al anochecer.

Abombado amor acrecienta el absurdo anhelo de andar acechando por la apenada y acongojada alma atormentada.

Alquimia apetecible de aquel amor atrevido, alterable, adulterado, aquel amor apasionado, adolecente, pero ausente.

Apretados

Quiñoa, Silvia Romina

Aquel atardecer, Andrés alentaba al Albo, augurando aplastar a Arsenal. Ardía Avellaneda “¡Aguante Albo! ¡Aguante Albo!”, aclamaba Andrés. Alrededor, abanderados adictos al Albo acompañaban. Alejandro Apo apostaba: “Arsenal abrochará al Albo”. “Alcahuete”, aseguraba Andrés.

Arsenal aparentaba astucia. Apenas apareció, advinieron aturdidores aplausos. Atractivas amigas arribaron agitando. Alentaban al Albo ardientemente. ¿Acaso Agustina andaba acompañada? Afirmativo. Ariel abrazaba apasionadamente a Agustina. Arrollador asedio. Angustiado, Andrés anhelaba adquirir algún antifaz.

Agustina arrancó: “Andás acá”. “Aparentemente”, arremetió Andrés. “Ariel, Andrés. Andrés, Ariel”, afirmó Agustina. “Ajá”, alegó apático. Andrés amaba a Agustina, aunque ahora ansiaba acribillarla. Ariel aseguró avanzar a adquirir algún aperitivo; Agustina asintió.

Albo asomó. Avalancha. Andrés agarró a Agustina. Accidentalmente, acabaron aplastados, apretados. “Acabar así amerita alguna acción”, aprovechó Andrés. “¡Alto! Andrés… ¿acaso aspiras a algo? Aposté a Ariel aguardando abandonar aquel ahogo…” Andrés acalló a Agustina asegurando: “Agus, aprendí a amarte”. Agustina abrazó a Andrés, abatida. Arsenal aprisionó al Albo… ¿afectaba? Ahora Andrés admiraba alhelíes.