Armando amores

Giannattasio, Stefania

Alrededor, algo andaba alterado. Alborotados algunos, ambulaban alocados, amargados. Abril ahuyentaba a aquellas almas aniquiladas. Alonso andaba así. Asustado. Avistó a Armando acercándose al andén. Aún acumulaba anocheceres aburridos, amaneceres algo aturdidos. ¡Avívate Alonso! Añoraba a Armando, aquel amante ausente. Antiguo amor adolescente. Alguien advirtió a Alonso: “¡Ahora Alonso! ¡Acércate!”. Aquel aviso anónimo alentó a Alonso a arriesgarse, a asumirlo. Ansioso aspiró a abrazarlo apasionadamente. Aún algo aterrorizado, aceleró, actuó. Armando, asombrado, algo abatido, accedió a aquel abrazo afectivo. ¿Acaso Armando amaba aún a Alonso? Afirmativo. Ambos aceptaron así amarse. Aquel abrazo, aparentemente, avivó a aquellos amantes.

Cuento con A

Vázquez, Natalia Yanina

Apurada atravesé autopistas, avenidas, arribé al acostumbrado albergue añorado. Allí, abracé alegremente a Agustín. Asomándonos afuera admiramos algunas aves alejarse, adornos altos, ángeles al aire alumbraban aquel agradable atardecer.

Adivinamos adónde acamparían al anochecer: América, Asia. Acurrucados argumentamos anécdotas, asentimos abrigarnos, aceptamos adentrarnos. Armamos amplios alimentos: acuosos, agridulces, amargos. Angustiados acabamos aquella abundancia. Arriba, atractiva almohada acogería anchamente a ambos. Así, adormecidos adolescentemente abrazados acordamos abandonarnos al albor.

Alimentación apasionada

Bachiller, Mariano

Andrea amaba a Ángel. Ahora, aborrece aquella alianza. “Anda, agrega agua al arroz -advirtiole-, arderá anárquicamente, ¡apresúrate!”. Ángel, alienado, absorto, adicto a amoríos aniñados, arruinó almuerzo.

Abandonada, aplazada, Andrea acudió amargamente a atún, almendras, agua. Acalorada, asistió al abogado amigo. Actualmente, admite aquel absurdo, atemperada, aplacada. Autónoma, administra automotrices, ayuda al ausente, auxilia a antiguas amistades, atiende animales. Avanza.

Cuento con A

Bugarín, Carlos

Ayer, Amanda asistió ansiosa al almacén.

– ¡Alberto! ¡Acabóseme aquel aceite alcanforado!

– Aguardo al abastecedor, Amanda.

– Ahórrese aclaraciones. Atiéndame ahora, Alberto. Alcánceme aquella. ¡Ahí, arriba!

– Ay, Amanda. Aquello apesta a aceite azufrado. Aleja ánimas acechantes.

– Acábela almacenero, al atlético Agustín agrádale acariciarme al aceitarme.

– Augurios, Amanda.

– Adiós, Alberto.

Aguantadero

Greco, Ariel

Anoche asistí a Arsenal- Argentinos. Aburrido, ambos amontonados atrás, apenas avanzaron al área adversaria. Aficionados alterados acusaron al adiestrador. “Ataquemos, Alfaro”, arremetían. “Atorrante, andate a Atlas”, asintió alguien adelante. Adormecido, acaso acalambrado, amagaba abandonar al asiento. Aunque algo aconteció. Asistió Álvarez, acarició Alustiza… Adentro. ¿Ahora? “Atentos atrás, agrupados. Aguanten”, acomodaba Alfaro. Así acabó. Arsenal aguantando.

Cuento con A

Bellani, Elena

Ansiosa amiga Amalia ¿aún amas a Abel? Aún así anímate a amar al amargo, autoritario, aristócrata austríaco Aurelio.

Amor al aire

Ricciardi, Bibiana y Panno, Juan José

Accedió al avión. Acelerado abrió algo arriba. Armado amenazó al aviador. Arnaldo ansiaba amar. Amordazó antes a atónita azafata. Anunció: “A Argentina”. Arribaron ayer. Abajo aguardaban amigos.

Arrastró azafata agotada anteponiendo amor a astucia, a amistad. Algunas ambulancias atajaron al asaltante. Alegre apunto. “Alto”,advirtieron agentes agazapados.”Atrás”. Asaltante acosado, azuzó a amigos: “Ataquen”. Amigos arrugaron. Arrojaron armas.

Analizó asesinar azafata. Amputar amor, arrancarse así al alma. “Amen”, anunció. Algo aparecería. Algún amigo anestesiaría arrebato.

Aparecieron Alberto Anchart, Alá, and Adolfo Alsina. ¡Aleluya! Apañaron al asaltante. Apretaron a azafatas.

“¡Ampliaremos!”, alardeó algún abreboca amanecido al asociar añejos augurios. Anochecía ante aquel aeropuerto abierto. Animales adyacentes alborotados aullaban. Águilas aparentemente atormentadas accedieron al avión. ¿Aerolíneas Argentinas?

“AA”, anunciaba aquel afiche. Aerolíneas Argentinas, aparentemente. Así acataron amplios anhelos. Apartaron anécdotas ancestrales.

“Aerolíneas Argentinas”, anunciaba. Así. Adrede. Apartaban a Aerolíneas Argentinas. Ardid apropiado. Arte ambicionado. Alguien aterrizara. Aquelarre asqueroso. Así andarán.

Apareció azafata Austral. Ángel. Agraciada, amable, apetecible. “Andrea Arizmendi Alzaga, aventurera”, anunció. Ay Andrea… Amanecería amada. Aprendería a averiguar antes. Aquellos amantes aviadores amontonaban azafatas.

Amores atravesados

Zárate, Omar Julio

Adriana avisa a Andrés:

– Asociar a Ana achicará, aminorará avance anual.

– Aflojá ardores animosos, Ana agilizará áreas altas.

– Asesórate, anda al abogado.

Andrés anula asociación.

Ana acusa a Adriana:

– ¡Alma avinagrada! Aléjate, ansío armarme, asesinarte.

– ¿Asesinarme? Amo a Andrés, andá a asociarte al Asia.

Andrés, avisado, acude apurado. Aplaca aguas, acerca almas.

– ¡Amigas! Amigas, amo a Adriana, a Ana asocio. Alejen aversión. Ambas aunadas ayudarán a avanzar.

Años adelante, Adriana abona a abogado, abogado asesina a Andrés.

Adriana aúlla arrastrada al antro autoritario:

– ¡Amo a Ana! ¡Amo a Ana!

Amanecía

Parrilla, Ernesto

Analía amanecía, añorando aquel anterior amor, Aníbal. Adherido al alma, asfixiaba. Aniquilaba.

Analía amaba, alejada.

Antes, avistaba añoranzas. Ahora apenas abriga ardor.

Artículo amarillista

Gardella, Martín

Anocheció abruptamente. ¡Ánimo Aníbal!, alentaba Alicia al amado amigo. Alrededor abundaba aquella agua azul, agobiante. Alejado, alcanzó a avistar arena amarillenta, aún ausente. Aunque acometió aquellas aguas ágilmente, abandonó apresurado aquella ardorosa aventura. ¡Adiós Alicia!, aulló agotado, abrazándose al agua adyacente. Alegre, aquel articulista anunció: atleta acalambrado acabó ahogado.