Reacción química

Mancilla, Eduardo

Había guardado algunas palabras en un frasco con formol por si las necesitaba en un futuro lejano, en alguna situación de impaciencia como me sucede hoy, pero algo falló, están en un idioma que no comprendo.

Romance fugaz

Osvaldo, José

Todo comenzó cuando el nene dio sus primeros pasos. Ese día, documentado de manera especial en el álbum de fotos de la familia, se paró, caminó y exploró por primera vez el ambiente desde esa perspectiva. De repente, se cruzó con ella y quedó sorprendido por la belleza de su figura perfectamente esférica.

En el silencio muerto de la noche, la acarició con la parte más fértil de su empeine en crecimiento. Su padre, un intelectual desconfiado, se levantó enojado, lo zamarreó de los brazos y le hizo jurar que nunca más iba a patear una pelota.

Noche de Carnaval

Iguina, Margarita

Aburrida de la fiesta salió a la calle y tropezó con un Arlequín. Su antifaz cayó al suelo y se miraron. Luego de caminar un trecho él la invitó a tomar una copa y comenzaron a brotar las confidencias.

“Mañana parto para Grecia a comenzar mi carrera de modelo”, dijo ella. “Yo empiezo a rodar mi primera película en Trípoli”, añadió él. Cuando la llegada de la Aurora era inminente salieron y montaron en la misma góndola hasta llegar a su destino. Se despidieron.

Ella entró al burdel donde trabajaba mientras él se dirigió a su lugar de trabajo: il circo di Venezia.

Esquirla

Capasso, Mario

El hombre, que parecía satisfecho, caminaba por Plaza de Mayo. Entonces la vio y se agachó a recogerla. Al rato, mientras esperaba ante un semáforo en rojo, comenzó a silbar un tango y a sangrar.

Sucedió en Venecia

Patricia O. (Patokata)

Las bellas máscaras bailan, mirándose a los ojos, entre la muchedumbre y la alegría; bajo el disfraz, sus ocupantes sienten el loco latir de sus corazones golpeándoles el pecho.

Él la enlaza por la cintura y ella se aprieta a su cuerpo, no conocen sus rostros pero presienten que se han estado buscando desde hace tiempo…

Todo puede suceder en Venecia…

Carnavalesca

Broggi, Felisa

Plaf, plaf, plaf… pies saltando. Chas, chas, chas, manos aplaudiendo.

Entró por una ventana, improvisó un baile andaluz, les robó las sonrisas y el dinero y desapareció como una luz.

El antifaz

Avogadro, Marisa

Sólo se veían lentejuelas violetas, con destellos azules y sus inmensos ojos profundos e inquietantes. Una delgada y suave mano apoyada en el costado de la cara, sosteniendo el antifaz que cubría su rostro.

Su cuerpo se movía levemente, con gracia, dejando un aroma a flores a su paso. Las miradas se posaron sobre ella. Casi sin notarlo, giró en dirección al norte, donde estaba la puerta de entrada. Sus ojos más grandes aún, al verlo entrar.

Ni una palabra se escuchó. El sólo siguió su camino, en dirección al fondo. El disfraz de marquesa, fue el único que llamó su atención.

Paseo de domingo por la tarde

Gaziano, Mirta

La gata siamesa avanzaba pegada a la pared con la correa tironeada por su dueña. Ambas mantenían un paso desparejo, la gata asustada, mirando espantada a su alrededor, para ella era extraño eso de alejarse sujetada a una tirante correa a varias cuadras de su territorio reconocido por sus marcas naturales.

La chica, llevaba a la gata como si fuese un perro, y ésta no respondía como tal y la obligaba a reacomodarse en el avance desparejo por la tirantez de la correa, pero seguía adelante.

Iba despreocupada casi totalmente de su mascota, y avanzaba como “Y A MI QUE ME IMPORTA” mirando la nada, cabeza erguida, adelantando el pecho, apurando el paso, sin ojos (por los anteojos negros) tirante hacia atrás los teñidos y amarillos cabellos apretados.

Entonces lo vio y supo de inmediato que lo amaría de por vida. Fue así que al verlo frente a ella alzó a la gata y se la puso en los brazos y le dijo…¡¡TOMA ES TUYA!!!

Había encontrado al primer amor de su vida.