El verdadero final de “mi amigo Emi”

Patokata

Ella lo oye merodear en torno a su cama por las noches, aunque está aterrada no atina a moverse y se tapa con las sábanas hasta la cabeza.
Está cansada de decírselo a sus padres y de que éstos le digan que se trató sólo de una pesadilla.
Hoy ha tomado una decisión: luego de cerciorarse de que el fuego de la chimenea está bien encendido, va hasta su habitación y toma el payaso que la mira con cara de burla desde su sitio.
Ya no tendrá más ocasiones para sus correrías y ella podrá dormir en paz y sin miedos otra vez.

El sacrificio

García, Liliana

La playa era un páramo desierto sólo recortado por las siluetas de un reducido grupo de hombres y mujeres. Apenas alimentados y con sus rostros descompuestos, trataban de insuflarse coraje unos a otros, pero el miedo se lo impedía. Más allá, donde terminaba la línea de arena y comenzaba la abigarrada vegetación, unos ojos furtivos los observaban con ansiedad y codicia. El más viejo del grupo se arrodilló sobre la arena y besó el suelo. Las lágrimas de los demás casi se escuchaban rodar sobre sus rostros. Terminada la ceremonia, el viejo se irguió como un guerrero y caminó hacia las altas y sombrías plantas. Al momento, un gruñido de bestias satisfechas heló la noche. Un hombre menos era demasiado.