En boca cerrada no entran moscas

Sarko Medina Hinojosa

Era difícil. Estaba con gripe y nunca aprendí a respirar bien por la boca si no era aspirando profundamente, lo que iba a ocasionar que las moscas en el silo sanitario en que estaba sumergida hasta el cuello, entrarán a raudales. Arriba, estaban buscándome los hombres de uniforme. Al final no pude cumplir eso de “En boca cerrada no entran moscas” y mastiqué por algunas horas a cuanta mosca curiosa entraba por mis labios.

La quinta pata del gato

Mazía, Ana Silvia

—¡Por fin! Acá está, ¿ves? Lo encontré. Fijate bien: una, adelante a la izquierda; dos, adelante a la derecha; tres, izquierda atrás; cuatro, derecha atrás, y cinco, bien en el medio.
—Decime, Negro, ¿vos estás seguro de que ésa del medio es una pata? —preguntó Bocha, examinando al gato de más cerca.
El Negro lo miró, asombrado, y se rascó la cabeza. Ahora, él también dudaba…

Contigo pan y cebolla

Mazía, Ana Silvia

—¿Otra vez? ¿Otra vez pan y cebolla? ¡Estoy harto! —protestó, y dio un golpe sobre la mesa.
—¡Y… bueno, qué querés! Mamá no quiso que aprendiera a cocinar, porque decía que era una esclavitud —se defendió ella.
Él tenía hambre, así que, comió igual. Pero, eso sí: le puso de todo.
Mostaza, aceite de oliva, romero, pimienta.
Y al pan, dulce de leche.
Y bajó todo con un buen moscato.
Mientras tanto, ella pensaba: “¡Total, cuando él no esté, me pido unas porciones de caprese, napolitana, muzza…! Lo que sea. Cualquier cosa menos fugazzeta.”

Solo

Aronson, Giselle

Paciente, espero mi momento. Ya mis compañeros se han marchado, uno a uno. Sólo quedo yo. Merecedor de un mismo destino inexorable, aún no sé si condenado. Sólo sé que me iré de aquí, como los demás. He sido testigo de cada partida y no habrá quién me despida.
Espero mi turno, solo, el último aquí en el tarro.

Desconfianza

Lanfranco, Elsa Beatriz

– ¡Sí, te creo! además, la mentira tiene patas cortas. Pero… ¿por qué andás montado en esos zancos?

Autosuficiencia

Sarinski, Lilian

– Vamos, no entra nadie más.
– Pero Noé, este macho está solo.
– “El buey solo bien se lame”.

Destino fatal

Palacios, Osvaldo

Rogelio, siempre positivo, pensando en su hoy, en su presente, se levantó más temprano que nunca. Eran las cinco de la mañana… recordó lo que dicen los mayores…”Al que madruga Dios lo ayuda…” y a pesar de la fuerte tormenta eléctrica que hacía temblar a toda la tierra, no dijo no y se preparó para ir a su entrevista final, a firmar el contrato con la empresa petrolera que lo había seleccionado como ingeniero. Se vistió con sus mejores galas, corbata al tono y su inseparable paraguas negro. Cerró la puerta y se dijo: “Aquí voy, hoy madrugué y Dios me ha bendecido”. Comenzó a caminar rápidamente sorteando charcos. Siete cuadras lo separaban de la parada del colectivo, el cielo todavía ennegrecido se iluminaba de relámpagos y truenos, una sinfonía de colores, de fuegos artificiales naturales lo acompañaban. Su sueño estaba por cumplirse a pesar de las inclemencias del tiempo, hasta que un rayo certero descargó su fuerza imbatible, hizo tierra en su paraguas y lo mató instantáneamente. Estaba a dos cuadras de la garita, pero el destino le jugó una mala pasada. “A veces el hombre propone y Dios dispone”, y la Madre Naturaleza también.

La decisión de Raquel

Palacios, Osvaldo

Ella siempre lo supo, sus hijos, familiares y por supuesto, pueblo chico, infierno grande, todo el vecindario también. Más de veinte años, Galeano, su marido, tiene una amante. Eso en estos días es moneda corriente, pero lo más extraño es que Raquel sabe quién es, es su prima hermana y vive a media cuadra de su casa. Galeano, el protagonista de la historia, se pasea de una casa a otra como si nada. Duerme con Raquel, pero las tardes las pasa con Cristina. Raquel viaja con sus amigas a Bariloche por ser jubilada y él, en el verano, se va un mes a Las Toninas en carpa, porque se lo exigen. Una más joven que la otra, una más chismosa que la otra, pero lo que Raquel decidió fue hacerse cargo de su situación, no sentimental, sino más bien económica, reflexionó: ¿Para qué hacer lío? ¡Ah! No… ¡cuándo algo le ocurra a él yo me quedo con su jubilación, su pensión, todas las propiedades! Ah no… “más vale pájaro en mano que cien volando”.

Sin título

Vásquez Guevara Rony

Cuando me obsequiaron un caballo recordé no mirarle los dientes. Podría ser un vampiro disfrazado.