Cuando marzo mayea, mayo marcea

Martínez Marín, Carmen

Llaman la atención el Invierno y la Primavera cuando coquetean. Es una verdadera historia de amor la que se profesan. Se repiten caprichosos con juegos florales a intervalos con los torpes copos de nieve, después saldrán las lágrimas de rocío a brillar con el sol que se asoma por las esquinas. Es como si alguien se dedicara de tanto en tanto, a darle la vuelta y con ello, a modificar el tiempo. Mientras los meteorólogos navegan por mares de incertidumbre, las estaciones retozan su idilio, no sólo en los mapas.

Pan duro

Lamique, Mario Cesar

-Una desgracia con suerte- exclamó Wilmar-, había caído en lo que parecía ser una arboleda, pero casi esponjosa, se sintió envuelto y arropado.
La sensación de estar cayendo parecía continuar.
Fueron a investigar este extraño planeta y hasta ahora no encontraron nada irregular, salvo por la explosión que los despidió a cada uno en diferentes direcciones, y él justo cayó en el lugar más suave y esponjoso que había conocido.
– ¡Una desgracia con suerte!-, gritó mientras movía sus manos como si estuviera festejando un gol.
“Una suerte con desgracia”, pensó mientras miraba a Wilmar, comer humanos por la mañana siempre le caía mal, pero en su planeta había un dicho, “para el hambre no hay humanos”, es mejor sufrir porque te cayó algo mal que por hambre, se dijo, afirmó, se autoconvenció.
De la superficie esponjosa comenzaron a salir lentamente garras filosas de diversos tamaños, Wilmar no gritó, simplemente imaginó que seguía cayendo.
“Una suerte con desgracia”, volvió a decir, mientras esbozaba una leve sonrisa, como lo hace cada vez que está a punto de saciar su apetito.

Verdades

Avogadro, Marisa

Sus ojos estaban fijos sobre la superficie blanca impecable del mármol de la mesa. Se diría que tenían su mismo color. ¿Fríos?… ¿Atemorizados? Seguramente avergonzados. Todo su cuerpo comunicaba su pensamiento, su acción y su final.
Frente al reclamo de ella, resonaba en su cabeza: sólo no se sabe, lo que no pasó.

Sabiduría popular

Lew, Sara

—Nadie me ayuda aunque madrugue… —, se lamentó el joven campesino ante su campo aún sin arar.
—Vamos, hombre, no te quejes —, lo animó un viejo aldeano que pasaba por allí—; hoy ha amanecido más temprano.

Ojos que no ven

Montelpare, Sandra

Entró a la habitación y procedió a quitarle la venda de los ojos.
El paciente levantó la cabeza con la mirada perdida y estiró el brazo buscando la mano del médico.
Este nuevo tratamiento era una maravilla. Ni siquiera una luz tenue.

A caballo regalado…

Puga, Fernando Andrés

Y en ese ir y venir desde casa al mercado, al banco, a la iglesia, al cementerio… un buen día lo volví a encontrar. Fue en la plaza donde cada mañana le das de comer a las palomas. Venía cansada con la bolsa de las compras y me detuve un momento a tu lado. Te pedí un puñado de miguitas. Te ofreciste a acompañarme. Desde entonces no hay día en que no pasemos un buen rato juntos.

¿Que no me apresure? ¿Que ya no estoy para esos trotes? ¿Que antes de tomar una decisión tenga en cuenta el dolor que me puede causar? No, de ninguna manera. ¿Para qué buscarle caries a este extraordinario regalo que me das, justo cuando estoy a punto de tirar la toalla?