Violeta y Mercedes

Alice Ferreyra

Llegan desde el confín de la vida. Sus voces se entrecruzan, se estrechan y se expanden entonando una misma melodía. Una de ellas dice: “Puse mi corazón dentro de la caja de una guitarra y salí a cantar los sentires de mi gente por todos los caminos”.
Al son del retumbar de un bombo la otra responde: “A una de esas canciones la sentí mía, la hice mía y salí con ella a cruzar montañas, valles y fronteras. Cuando el terror me empujó lejos de mi tierra yo me enjuagaba las lágrimas cantando GRACIAS A LA VIDA y vos, Violeta, cantabas conmigo”.

La Otra Marcha de mis Pies Cansados

Lucrecia Mirad

Con ellos anduve ciudades y charcos. Playas y desiertos, montañas y llanos .Y la casa tuya, tu calle y tu patio. Ahora ya no marcho, recorro recuerdos; y te rescato tenaz y leal, en algún rincón de mi desmemoria.

Mercedes y Violeta, gracias a la vida

Omar Julio Zarate

Hubo un día que escuché un canto. Decía, gracias a la vida, que me ha dado tanto… yo tendría 15 años y si bien me gustó no le presté demasiada atención, esto era en el año `73, `74 tal vez. Después, la noche y la muerte se apoderaron de todo y ya no se escuchaba ni esa voz (la de Mercedes), ni esa canción (la de Violeta). Cuando, en el ´82, ´83 la empecé a escuchar de nuevo me di cuenta de que ese era el canto, esa era la canción eterna, la que glorificaba la vida, y después de tanta muerte supe que tanto la canción, como Mercedes y Violeta, seguirían viviendo eternamente. También sé ahora que esa canción es insuperable para dar Gracias a la Vida.

Gracias a la vida

Osvaldo Palacios

Estaba desnudo, solo cubierto con una sábana, listo en la camilla de operaciones para ser intervenido quirúrgicamente, pero no pudo ser, mi presión arterial marcaba 216, y a pesar de los esfuerzos de los médicos, no logré disminuirla; resultado: volver a mi cuarto y comenzar un nuevo tratamiento. Mirando la ventana, agradecí a Dios, ya que podría haber pasado de una vida a otra sin enterarme, y de pronto, un sinfin de pensamientos ayudaron a que me tranquilizara. Busqué mi agenda y acompañado por los ruidos típicos de hospital, comencé a escribir: “La vida no es justa, pero aún así es buena”, “demasiado corta para perder el tiempo odiando a alguien”, “tú trabajo no te cuidará cuando estés enfermo, sí tus amigos y familia, escúchalos”, “no compares la vida de los otros, vive la tuya”, “llora con alguien, alivia más que llorar solo”, “haz las pases con tu pasado para que no arruine tu presente”, “elimina lo que no te sea útil, hermoso y alegre”, “perdónale todo a todos”, lo que otros piensen de ti, no te incumbe, y sino piensa, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, “el tiempo sana todo, dale una oportunidad”; “por más mala que sea una situación, ya cambiará”, “no cuestiones la vida, aprovéchala hoy, mañana es futuro”, “llegar a viejo es mejor alternativa que morir joven”, “todo lo que verdaderamente importa es que hayas AMADO”. Cerré mi agenda, también mis ojos, esperando regresar a mi casa, y con una leve sonrisa me dije a mi mismo: “Gracias Diosito, gracias a mi madre que me dio la vida, ya que juntos hoy me han dado una nueva oportunidad para que con su amparo pueda llegar a ser viejo pero con alma de joven”.

Gracias a Mercedes

Rubén Faustino Cabrera

“Se te conceden tres gracias”, le dijeron a un mortal. Y él preguntó: “¿Puedo involucrar a un inmortal?”. “Sí”, le contestaron. Y él privilegió tres gracias: el “¡Gracias, Piero!”, conque la homenajeó tantas veces Miguel del Sel. Y el “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, conque nos homenajeó ella tantas veces. Y finalizó diciendo “¡Gracias, Mercedes Sosa, porque la vida me dio tantas veces la gracia de escucharte!”.

Sin título

Gabriela Vázquez

Hay canciones capaces de rescatar del fondo de sí mismo aún a aquel que duda del beneficio de estar vivo.
Esto comprueba la veracidad de mi teoría:
Sol ya no hablaba ni comía. No hacía más que “llorar-dormir-llorar” sobre su telegrama de despido: almohada y pañuelo alternativamente.
Como cualquier intento de animarla a levantarse hubiera fracasado, me limité a encender la radio.
De pronto, todo se volvió abrazo, tierra, justicia y cielo en la voz de “la Negra”.
Sol recordó cuánto amaba el sonido, los silencios (los elegidos, no los desterrados) o esa manera de llenar de nostalgia la garganta… y volvió a tener sed de ser quien era.
“Quiero un trabajo mejor” -le confesó al espejo – y salió, dando gracias a la vida.

Gracias a la vida

Ana María Manceda

En épocas de estudiante universitaria fui con mi novio, también estudiante, a un concierto que “La Negra” Sosa brindaba en el cine Astros de La Plata. Década de los setenta. Ella, nosotros, jóvenes esperanzados en una sociedad más justa, cantábamos subidos a las butacas del cine. Cuando me jubilé de docente me regalaron un homenaje mis alumnos y colegas, la música de despedida fue “Gracias a la vida”. Entre las lágrimas vi a mi marido acercarse con un ramo de flores, todavía no hemos logrado un mundo mejor, pero estamos juntos desde esas épocas y la voz de “La negra” acompañará por siempre nuestros recuerdos.

Gracias a la vida

Claudia Mariel Corallini

Gracias a la vida, que me ha dado tanto. Una familia maravillosa, mis padres, en primer lugar, que me han inculcado muchas enseñanzas, hoy agradezco ser como soy.
Gracias a Dios por haberme puesto en mi camino a mi compañero de la vida, mi amante, mi amigo, el padre de mis hijos, todo en una sola persona, con el cual vivimos cosas malas, buenas y muy buenas, y lo mejor de la vida, nuestros maravillosos hijos, los dos tesoros más valiosos, Mauro y Julián. GRACIAS A LA VIDA, que me ha dado tanto.