Sin título

Renzo Barros

_ Hola querida, tanto tiempo, te extrañaba y necesitaba escuchar tu voz que es como un abrazo de sol en mi espíritu por tu calidez y dulzura.
_¿Quién sos? Tu voz me es tan familiar que…..
_ No me interrumpas, el tiempo se esfuma a la velocidad de la luz y quería que sepas que siempre estaré a tu lado sin importar la distancia, allí cuidándote y protegiéndote, debes saber que mi amor hacia ti es infinito. Piénsame y me sentirás. Te quiero….
_Hola, hola… ¿habrá sido una broma? Era la voz de mi amor, pero El ya no está en este mundo ¿Qué número llamó? Voy a remarcar. ¡Oh! es una línea inexistente…

Doble traición

María Enriqueta Roland

-Hola amor. ¿Sos vos? ¿Qué estás haciendo?
-Claro que soy yo, ¿Quién otra hay? Estoy recién salida de la ducha, cabello húmedo, desnuda y tirada sobre la cama.
– Ya me estas volviendo loco. Tengo un tiempo libre, voy para allá ¿Querés?
– Te espero con ansias desenfrenadas, amor. Mi marido no llegará hasta tarde.
-Tendremos una tarde de sexo salvaje. Ya me estoy excitando.
-No me sigas hablando así que me dan escalofríos de placer, Eduardo.
– Mi nombre suena hermoso en tu boca.
– Sos siempre mi dueño.
-Ya voy, Clara.
-¿Clara? Te equivocaste de mujer, traidor. ¿A quién llamaste? ¡Soy Sofía!
-¿No es el número 4942966?
-¿Daniel? ¿Daniel Martín?
-Sí.
-Llamaste a tu casa.

Sin título

Ana Silvia Mazía

– Hola, cielo. Qué bueno estuvo lo de anoche.
– ¡Oia, si yo no pasé la noche en casa!

Hola

Ana Silvia Mazía

—Hola.
—¿Hola qué?
—¿Cómo, “hola, qué”?
—Sí, ¿hola qué?
—Hola, vo… ¡Veinte años, y no sabés quién soy!
—No sé qué quiere Ud. ni quién es.
—Pero… ¡si conversamos todos los santos días!
—Este no es un día santo. Y no sé quién es Ud.
—Yo. ¡Soy yo, carajo!
—Perdón, ¿aquí todos hablan así?
—¿Quéee?
—A ver, espere que ajuste el traductor… Ya está. Esa palabra… ¿qué significa?
—¿Cuál? ¿Soy? ¿Santos? ¿Días?
—No… barajo, digo, carajo.
—Bueno, dicen que era el lugar a donde mandaban a los marineros… Pero… ¡pero qué estoy haciendo! ¿Con quién estoy hablando? ¿Qué carajo me importa si entiende o no?

Sin pecado

Fernando Malimovca

Me dijo “Concepción”, yo le creí. Seamos honestos, mucho más a través de un teléfono no puede averiguarse. “Cómo estás vestida?”, avancé, “Camisa blanca de cuello alto, mangas largas, pollera oscura hasta el tobillo y zapatitos de charol”. “Y la bombachita?”, me apuré, cobran por minuto, “Beige, me cubre desde el ombligo hasta el final de las nalgas”… Ahí ya no aguanté, no me pude controlar, estas líneas hot religiosas me tocan donde más débil soy…

Una

Giovanni Clavijo Castillo

La una de la madrugada, un teléfono chilla en la oscuridad. Una, dos, tres, veces.
— Sí, diga…
— Flavia, por favor.
Esa voz, marica, esa voz en piloto automático, esa voz de locutor de emisora tropical.
— No, está equivocado, aquí no vive ninguna Flavia.
— Qué pena, bacán, ¿estaba durmiendo? Discúlpeme, me dieron este número telefónico.
— …
— Me llamo Esteban, soy amigo de Flavia.
— Hermano, ya le dije que aquí no vive ninguna Flavia.
La tropivoz cuelga. Afuera, en la calle, alguien se pone en modo Sho Kosugi (eso no va a impedir que te revienten, camará). ¡Puta noche! Y Flavia desangrándose a mi lado.

Decisión

Daniel Vilá

– Hola, te llamo para despedirme.
– ¿De verdad estás decidido a irte?
– Si, no aguanto más. Estoy harto de vivir enfundado en un traje asfixiante, de circular siempre por las mismas calles, de bambolearme al ritmo de una música tonta. Quiero sacarme la careta.
– No va a ser fácil.
– Ya lo sé, y lo siento por los pibes, ellos me tomaron mucho cariño.
– Yo también te voy a extrañar.
– Te vas a consolar con ese boludo que de verdad se cree un superhéroe.
– Pensalo bien.
– Ya está Mafalda, mandale un abrazo a Picachu y a Barnie. Yo no vuelvo más a laburar al trencito de la alegría.

Cotidiano

Omar Julio Zarate

La escena en el colectivo. Un hombre mayor y una joven sentados uno junto al otro.
– Vos no podés hacerme esto…
– ¿Eh? ¿De qué habla señorita?
– Dijiste que me amabas y que ibas a estar siempre conmigo.
– Pe… pero, si yo no la conozco.
– ¿Te acordás en las vacaciones? Me juraste que nunca la habías pasado mejor que conmigo.
– Usted me confunde señorita.
– ¿Cómo podes dejarme? ¡Yo te di todo!, todo lo que me pediste hasta aquello que yo había dicho que nunca…
– Oiga, yo no le pedí nada y por lo menos míreme cuando me habla- tocándola en el hombro.
Ella se saca el manos libres del oído y mirándolo con lágrimas en los ojos pregunta:
– ¿Sí? ¿Qué desea señor?

Desconcierto

Lilix

– Hola ¿está Mario?
– ¿Quién habla?
– Un amigo que hace mucho no lo ve y le gustaría saludarlo.
– Mario no existe más, se opero, ahora es María…
– ….
– ¿Quién era mamá?
– Nadie, equivocado.