Ingenuidad infantil

Osvaldo Palacios

—¡Yo atiendo!—gritó Dieguito, y con la ingenuidad propia de un niño de cinco años, corrió y atendió el teléfono.
—Hola, ¿Quién habla? Soy Diego.
—Nene, ¿puedes llamar a un mayor?
—Yo soy grande, ¿Quién habla?
—¿Estás solo?
—No me dejan contestar esas preguntas.
—Está bien… ve y llama a un grande que esté en la casa.
—No lo conozco… ¿Quién habla?
—Nene, no tengo tiempo, haz lo que te digo.
—Si no me dice quién habla corto.
—Soy Abel, el dueño de la casa.
—¿Qué quiere?
—Hablar con tu mamá o tu papá.
—¿Y para qué?
—Problemas de mayores. ¿Puedes llamar a alguien, por favor?
—Si no me dice para qué, le dije, corto.
—(el hombre ya nervioso) Para pasar a cobrar el alquiler, quiero mi dinero, hace dos meses que no me pagan, ¡entendiste nene! ¡Llama a alguien ya!
Dieguito se asustó, y tartamudeando, dijo:
—Un…un…mo…momento señor dueño…ya vuelvo.
Dejó el teléfono, corrió hasta la cocina, explicó lo que sucedía rápidamente y regresó.
—Hola señor, perdón, pero dice mi mamá que no está.

Policiales

Omar Julio Zarate

-Perdón, no pude comunicarme antes.
-No hay problema, ¿Qué pasó?
-¿Cómo, no te enteraste?
-No, ¿de qué?
-Mataron a una madre y su hija acá cerca en un 4º piso.
-¡Uh! ¡No me digas! ¿Cómo fue?
-Y… muy bien no se sabe, pero parece que fue con mucha saña, alguien que les tenía bronca, seguro.
-¿Sí? ¿Tanto che?
-Imaginate que la madre tenía desgarraduras y magulladuras por todo el cuerpo y a la niña la habían metido de cabeza y por la fuerza en la chimenea…
-¡Ahh! (otra vez este…) y decime una cosa, ¿en que calle fue?
-No escuché bien, creo que en calle Moreno.
-Morgue, calle Morgue, me tenés harto, hace quince días fue el tren del Oeste, después el mastín de Villa Básquet, deja de leer novelas y cuentos policiales…

Papá

Patricia Nasello

Mediodía, viernes, el cielo brilla límpido tras el cristal de las ventanas y el alboroto de la ciudad, que palpita un fin de semana cálido y soleado en pleno invierno, parece trepar el edificio.
—¿Qué novedades hay? —la voz de María del Carmen en el teléfono.
—Ayer le conectaron un respirador. Ahora estoy esperando el horario del informe, tengo que aguantar hasta las seis. Necesito verlo bien, joven: estoy mirando fotos viejas —respondo entre sollozos.
Inmediatamente cortamos el aparato vuelve a sonar.
—Soy la doctora Farías, terapia intensiva de la clínica…
El verso de Don Ata “sentí que un gran silencio crecía dentro de mí”, comienza a deslizarse por mi sangre, helado y trémulo, como un copo de nieve.

Línea al corazón

Adriana Baldessari

Ella dice que soy una máquina de hablar. Cuando estamos juntas reconozco que la aturdo. Sin embargo cuando la llamo a la noche para saber si volvió de la Facultad de Letras, ella es la que toma la palabra. Con su voz microfónica habla, cuenta y se rie. Su charla es interesante, ocurrente y muy divertida si describe sus avances como ama de casa. Pero se torna breve al decirme: Te dejo, voy a ver qué cocino. Entonces, salgo del encantamiento y meto mi único bocadillo horneado en el corazón: Hasta mañana, Hijita. Te adoro.

Ayuda

Ernesto Daniel Bollini

– Hola. ¿Hablo con “Escritores Anónimos”?
– Sí.
– ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
– Lo siento, pero no puedo darle mi nombre. Somos anónimos.
– ¡Es cierto! De todos modos, llamo por una urgencia.
– Usted dirá.
– Necesito encargarle una conversación telefónica de seiscientos caracteres. Para mañana, de ser posible ¿Tiene stock?
– Dígame por favor la finalidad del texto, la institución a la que debe dirigirse y el beneficio económico que del mismo derive.
– ¿La finalidad?… Bueno, es para presentar en un concurso… mejor dicho, en un juego. Para una página llamada “Cuentos y más”. Y no tiene premios, tengo entendido, si es que a eso se refiere con “beneficio económico”.
– En ese caso, no nos interesa. Chau.

Siempre hace falta un segundo aparato

Rubén Faustino Cabrera

El teléfono llama y él atiende.
-Hola. ¿Quién habla?
-¿Cómo quién habla? ¡El dueño de casa habla! ¿Y usted quién es?
-Un ladrón, señor. Estoy desvalijando su casa.
-Pero… pero… ¿cómo que está desvalijando mi casa?
-Sí, señor, tal como lo escucha. ¡Y hágame el favor de cortar de una buena vez que también me quiero robar el teléfono!

Feliz cumpleaños

LOsvaldo Palacios

Sonó el teléfono y Araceli corrió a levantar el tubo y contestar.
— ¡Hola!— Si, ¿Quién habla?
— Hola prima soy yo Marta.
— Te reconocí enseguida, ¡Qué alegría escucharte! ¿Cómo están todos? Hace tanto que no nos vemos, ¿La familia bien?—hablaba sin parar.
— Si… si, todos bien, te llamaba porque…
— Lo sabía, estaba esperando tu llamado.
— No podía dejar de hacerlo.
— Ayer me acordé de ti todo el día. Recordaba cuando jugábamos de chicas, qué época por Dios, cómo pasa el tiempo. Marta, ¿Y tú, estás bien?
— Si, bueno, no, mejor dicho…
— No te preocupes, haz como yo, vive el presente, mañana es futuro.
— Es fácil decir eso, pero no siempre se puede, y más cuando…
— Mira el próximo fin de semana es largo, así que pensamos con Ulises ir a visitarlos.
— Creo que vas a tener que venir antes Araceli.
— Ojalá pudiera, pero te prometo que…
— Puedes dejar de hablar y escucharme por favor.
— Es que estoy tan contenta de que me hayas llamado por mi cumpleaños.
— Es que no te llamé por eso.
— ¿Y, por qué entonces?
— Porque acaba de morir mamá.

Estás muerto

Nilda

El mensaje en el contestador la perturbó a tal extremo, que salió a la calle como loca. Tomó el primer colectivo que pasaba y recién allí, después de un largo rato, trató de serenarse. ¿Qué diablos quería Rubén que todavía seguía molestándola? Es que no le había alcanzado con haberla dejado en la calle, con aquella estafa. O tal vez, fue poco el haber causado la muerte de sus padres. O el abandonarla, huyendo con su mejor amigo.
– ¡H de P, conmigo no vas a poder…! Quieren asustarme, pero no van a lograrlo. VOS ESTÁS MUERTO y seguirás estándolo, aunque tenga que volver a matarte.

En el Tigre

Omar Julio Zarate

– Hola…
– Soy yo…
– ¡Ah! Si, ¿qué…
– No, no digas nada, la culpa fue mía. Yo te pedí de ir al Tigre a pasar ese fin de semana, yo te pedí que acompañáramos a José y Claudia, pero nunca me imaginé lo que pasaría.
– Es que…
– No, de verdad, nunca me lo imaginé, que termináramos en esa orgía los cuatro, pero vos también te prendiste, no entiendo porque te enojaste después pero…
– Escúchame un momento…
– Después de todo, la pasaste bomba, conmigo y con Claudia, tal vez no tan bien con José, no sé…después de todo capaz te gustó, que se yo…
– Pero…
– Sobre todo después, cuando llegaron las otras dos parejas…
– ¡Esperá, nena, soy tu padre! Marcaste mal…