Sin título

Beatriz Marinero

La última vez que vi tanto dinero fue… en una película. Obvio que una persona como yo, jamás puede ver tanta plata junta. La protagonista de “DOMINÓ”: cazarecompensas bella y frágil, alterna entre mafiosos de alta alcurnia y de baja ralea, negociando con fajos de colores verde y gris. Y, aunque atiende el pedido de una madre que necesita salvar la vida de su hija, se redime del melodrama para caer en una de acción mortal con tiroteo de bandas rivales, en un mortífero final.

Sin título

Beatriz Marinero

La última vez que usé ese vestido, él todavía estaba con vida. Fue cuando bendije la existencia de los celulares, tantas veces denostados, porque su hija, que sólo se comunica por ellos, me había enviado un mensaje que decía: “Papá internado grave”. Yo que lo había dejado sano y bien antes de ese corto viaje, no lo podía creer, no me cabía. Me fui volando con lo puesto a la dirección indicada y al llegar agitada, él me reconoció con una sonrisa, devolvió mi beso con uno punzante de barba crecida y una verde mirada esperanzada. Pero ¡ay, amor!, tan inútilmente esperanzada.

El Accidente

José Chete

“La última vez que lo vi… La última…” trataba de recordar el hombre. El olor a desinfectante barato apestaba toda la sala del hospital. La gente pasaba de lado a lado por toda la sala, mientras el hombre solo los veía, sentado en su silla de plástico. El gato en sus piernas ronroneaba con delicadeza. “Y… ¿Qué tiene su gato?” Le pregunto el niño que sostenía a su perro junto al hombre. “Este no es mi gato, él se comió a pepe, y quiero su cuerpo de vuelta” Respondió. “Señor Monterroso, acompáñeme a la sala 2, ahora le devolveremos al hámster, sepa disculparnos”, le dijo el doctor al hombre.

Ya no puede caminar

Rubén Faustino Cabrera

La última vez que la vi estaba moribunda por efecto del veneno. Como todavía pugnaba por salir del cajón, la rematé a golpes. Luego la saqué de allí y la arrojé al jardín por la ventana. Se la comieron las hormigas.
¡Otra maldita cucaracha que ya no volvería a meterse en el cajón de los cubiertos!

Temporada alta

María del Carmen Allegrone

La última vez que nadó desnudo en el mar sintió que brazos y piernas duplicaban su extensión. La piel del cuerpo cubierta de sal iba entregando su vello a las olas. Abrió la boca como para pronunciar una o infinita, saboreó la almeja blanda con arena posada en su lengua, un anzuelo lustroso le atravesó los labios. Saltó en el aire con fuerza, el sol encendía sus escamas mientras las gotas de sangre manchaban sus agallas. En la costa festejo y premios para el pescador.

Embalaje perfecto

Rubén Rojas Yedra

La última vez que vino a visitarnos, nuestro hijo nos dejó un enorme regalo en mitad del salón. Como no había manera de abrirlo, lo tapamos con un mantel y pusimos la tele encima. Él nunca preguntó por él. Nosotros tampoco.

La última vez que

Ana Silvia Mazía

La última vez que escribí un cuento breve quedé con ganas de desperezarlo, de saber qué había pasado antes. Y qué pasaría después.
La curiosidad me mataba, y decidí seguirlo.
Me disfracé con una peluca rubia, tacos aguja, impermeable, beige, y eché a andar detrás del Breve. Me costó porque caminaba rápido.
Pero el esfuerzo valió la pena. Andaba por calles transitadas, mirando vidrieras, y yo atrás, jadeando. De pronto, giró hacia la izquierda y no lo perdí porque estaba atenta. Alcancé a ver el cordón del zapato derecho y supe que debía atraparlo: era mi deber acicalarlo un poco. A fin de cuentas, era la autora y tenía cierta responsabilidad. No podía dejarlo andar con los cordones desatados.

Sin título

Maria A.G.D.

La última vez que te mandé un beso, éste tuvo que hacer las maletas e irse hasta Chile a buscarte. Nunca regresó de vuelta, no sé si porque se perdió en el camino o le instalaste en el baúl de los recuerdos sin avisarme.

Ansiado regreso

Josu Insausti

La última vez que soñó debió ser hace muchísimo tiempo, porque, aunque conserva un vago recuerdo agradable, no es capaz de evocar nada concreto.

Llegada la noche, enfurecido, se ha acostado dejando un papel y un lápiz sobre la mesita junto a la cama. Quizás en algún momento vuelva a soñar, y entonces no se le escapará un solo detalle.