Precavido

Roberto Perinelli

Es muy común que cuando cae una estrella la gente exprese tres deseos. Un señor pedía siempre lo mismo: que no me aplaste a mí, que no me aplaste a mí, que no me aplaste a mí.

Fue un longevo famoso; claro que jamás encontró en su camino un baúl lleno de monedas de oro o tendida en su cama a una princesa virginal que lo estuviese esperando, cosas que le ocurrieron a otros, personas arriesgadas, amigos, parientes, vecinos, que él llegó a conocer durante su larga y aburrida vida

La diosa en cuestión

Patricia Nasello

Hastiada de tanto crédulo, supersticioso e ignorante, Buena Fortuna decide, apenas iniciado el 2013, tomar el toro por las astas y explicar que sus dones no dependen del almanaque; sin embargo, ocurre que el toro apenas ella se acerca clava una de sus astas en el chato, firme e inmortal vientre.
Buena Fortuna restaña su herida, mata al toro y —tardo yo más en contarlo que ella en llevar a cabo toda esta peripecia—, se encierra en el Olimpo dando un portazo. Allí permanecerá, inactiva y enfurruñada, los próximos doce meses.

Trece

Ernesto Parrilla

Trece. El maldito número aparecía en cada puto lugar. Lo veía en las hojas del árbol que se mecía en las sombras, en las tejas del vecino, en el dinero en su billetera. Trece. Apenas si podía dormir. La ventana le mostraba trece estrellas. Al día siguiente cumpliría trece días fuera de la cárcel. Trece. Maldita su suerte. Se levantó y buscó el arma. Basta. Miró el reloj. Eran las tres, con trece minutos. Se puso el cañón en la boca y gatilló. Click. No tenía balas. Era trece. Trece de enero. Gritó “puta madre” y volvió a la cama. Ya no pudo dormir. El destino le había hecho la cruz.

2014 Seré borracho

Omar Julio Zarate

Terminó 2013. Siempre tuve mala suerte, creí que cambiaría en el 13, pero no. Comenzó bien, acerté la quiniela en la primera semana de enero y fui a cobrar. Al intentar cruzar la calle, un tipo me atropelló y paso. Un auto lo chocó, yo pensé, sigo con suerte, fue por apurado si no me hubiera pasado a mí. Observo y del auto baja Tinelli, se acercó al hombre, le habló y lo llevó. Yo fuí a cobrar, contento porque me salvé. En marzo sale el programa (en el 13) y el conductor muestra a la persona que atropelló y cuenta que, por la culpa, lo contrató para que baile. Ese tipo hoy es estrella, cobra fortunas y se levantó a las más lindas de todas. Yo con esa platita pagué deudas y acá sigo, buscando trabajo ¡Mala suerte!

Sin título

Matías Sapegno

En tu niñez habrás jugado a pisar combinaciones de baldosas y evitar las rayas para conjurar una catástrofe. Debo haber pisado mal.

Conjuro

Lilian Sarinski

Estaba convencido de su seducción en el gesto que a su paso le prodigaban. Desconocía que en el pueblo lo llamaban “el Yeta”.

Suerte

Lilian Sarinski

Cuando decidieron suicidarse todos lo lograron; menos “el Yeta”.

El descuido

Edith Vulijscher

El joven esposo compró los muebles de dormitorio y tiró dentro del ropero, como al descuido, la herradura encontrada unos meses antes en un campo.
Siguieron tiempos de dicha, hijos y prosperidad que el trabajo les iba dando.
Luego de veinte años se mudaron a la capital, siguiendo al primogénito que ingresaba a la universidad. Compraron un hermoso y amplio departamento y renovaron todo el mobiliario.
A partir de entonces las desgracias fueron sucediéndose una tras otra, quiebra del negocio, muertes en la familia, enfermedades.
Nadie asoció todo esto con el olvido de la herradura.

Pre-ausencia

Guadalupe Lucía Cascardo

“Pensaba en tu blancura, en tu fina aura que oscila en el celeste y la pura claridad. La casa es muy grande y hace días que no te hallo; ni sentado, profundo en tu lectura, o atónito contemplando el paisaje amarillento.
Me decidí a recorrer y toparte. Desde la habitación caminé al living, pero sospechando que lograste atravesar la terraza. Y si, tu figura ya no estaba. Subí las escaleras y te vi desde abajo, más allá de lo palpable, te traslucías, te marchabas. Tenía algo para regalarte, qué pena…
Simplemente, gracias.”