Sin título

Osvaldo Gonzalez

Primero ideales, sonrisas, juventud, canciones, banderas.
Muchas banderas. El cielo cerca.
Ilusión, futuro, compromiso.
Equivocación, camino equivocado.
Traición.
Marzo.
Menos sonrisas. Menos amigos. Joven peligroso. Dudas, mucho miedo.
Tristeza, dolor, picana, testículos sangando, gritos.
Mismos ideales, un poco manchados de olvido.
Soledad, frío.
Desaparecido.

Doble vida

Omar Fulco

Yo: cual golondrina urbana. Ella: paciente y fiel; eterna “Fontana di Trevi” para mis deseos y vanas promesas.

Vida

María Enriqueta Roland

Luz, un nuevo día. La misma vida de siempre, rutina, trabajo, preocupaciones, nada espectacular, sin ninguna alegría…
Cansancio y un nuevo dolor en el pecho.
¿Imaginario o real?
Una oscuridad total, vacía, diferente…
Nada más.

Recetario

Isabel Wagemann

Un calcetín viejo, aguja e hilo. Acaso dos botones. Poco más. Y los alfileres, cómo no. Imprescindibles. Y por último, algunas caricias, tus mentiras y mi rencor.

Familia numerosa

Fernando Andrés Puga

Para papá, el primer plato, bien lleno. Para mí, el segundo, con bastante guiso. El tercero, para mi hermana. Después, los más chiquitos. El último, para mamá, aunque a veces vacío.

Desayuno

Anita Santi

El gato parlante del señor Natsume, de ojos grandes y pelaje marrón; la señorita Shirokun, gata blanca y pequeña: juguetones, traviesos. A la pecera. Desayuno para dos.

Reclutamiento

Fernando Andrés Puga

Primero, un gesto amable y una sonrisa compradora. A continuación, palabras de consuelo y una promesa. Por último, un forcejeo, una mordaza y un violento empujón hacia el interior de la camioneta.
Al poco tiempo, algunas fotos en facebook, en la tele, en los diarios y en las boletas de luz y gas, por si acaso alguien…
Todavía nada.
Todavía nadie.

Sin título

Claudia Beatriz Felippo

Allá, la luna, los pies del astronauta, una bandera. Semejante hito frente al mundo y esa extraña sensación de soledad, a años luz de distancia. Aquí, el planeta Tierra y la humanidad toda expectante. Millones de ojos unidos tras la imagen del televisor, en un abrazo de esperanza, un mensaje de amistad, sin tiempo, ni fronteras, tan sólo estrellas y rayas en un paño de seda rojo, blanco y azul.

Magnicidio

Beto Monte Ros

30 de mayo de 1961, esa noche, varios hombres con la bandera como arma, en la oscuridad del malecón. Sin miedo a la espada del dictador.