Destinos

Fray Silvestre Camas

Las 19:03 en el reloj de la pared de la estación de trenes de Londres. De pronto, entre el bullicio y las prisas de la muchedumbre, un fortuito romance entre una encantadora dama y un apuesto y gentil caballero; lamentablemente, enfermos terminales y ambos en sus últimas fases de Esclerosis Lateral Amiotrófica. Minutos después, unas lágrimas y un triste adiós. Ella en el tren de las 19:47 hacia el norte de Frankfurt; él, en el tren de las 19:55 hacia el sur de París. Trenes diferentes, pero al fin y al cabo ellos dos con el mismo destino: la muerte.

Las dos caras

Carlos Parisi

Bravo Maestro!!! Qué inteligente su discurso!!! Cuánto valor intrínseco en sus ideas!!! Al fin alguien sensato!!! Extraordinaria su teoría del bien común, no menos futurista que original, en un momento de nuestra historia especialmente delicado y con nosotros al borde del colapso. Nuestros plácemes por su inagotable fuente de sabios consejos con la ética como norte y el ejemplo como mascarón de proa.
Innecesario e inútil esfuerzo lingüístico el de este ignoto charlatán; su conferencia, una sarta de lugares comunes y un vacuo e insípido discurso. Basta de estos mercaderes del realismo mágico con falsa prosapia!!! Soluciones con base en esotéricas medidas de cambio, ya no más!!! Verdad y realismo!!!

Sin título

Edith Vulijscher

¿Fantasmas, fantasmas? Los de mi casa, discretos, amables, solícitos. Lástima lo mandones, con ellos ni un sí ni un no.

Lluvia

Susana Bartolomé

Hoy el cielo, triste, triste como mi alma.

Destino de remotas tías

Mónica Brasca

La platería, las copas, la vajilla, relucientes. Los manteles, en perfecto orden. La ropa de la otra estación, en prolijas cajas, con flores de lavanda. La sala, siempre impecable para ocasionales visitas. Y las dueñas de casa, intachables hasta el hastío.

Final feliz

Fernando Andrés Puga

Ella en el andén con el bolso, los zapatitos y la cabeza gacha. El tren ya lejos, y entonces, inesperada, la mano de él sobre el hombro de ella.
— ¡Penélope!
El tiempo, de regreso desde el mítico ayer.
El espacio, lleno otra vez de juventud en esos ojos viejos.

Sin título

Celina Aste

Nunca, demasiado feliz; rara vez, brillo en sus ojos; de vez en cuando, un suspiro de amor; generalmente, semblante gris. La soledad, siempre.

Rubén E. Saura

Él: – Ah, si, ya, ya,
Ella: ahi, si, hay, ¡basta por favor!
¡Qué accidente terrible!, dos victimas.

Sin título

Anna Jorba Ricart

En un coche fúnebre, con la salida del muerto y por supuesto sin vida, en horizontal con los pies por delante. Más realismo, imposible.

Sin título

Anna Jorba Ricart

Una copa llena de vino en mi estomago para alegría de mi cuerpo.