Hoy día…

Jorge Carmi

No me abrí a la calle vocinglera. No hablé… No leí… No hice gimnasia… No escribí… No discutí… No lloré. No hice el amor. Fue un no día.

14 BIS

Adriana Baldessari

Mi vecino vive solo y temeroso en el departamento 13. Tiene la puerta destrozada desde el último robo. En diciembre nosotros cambiamos nuestra puerta, la número 14, por una super reforzada. Con espíritu navideño le regalé la que sacamos. No podía creer su buena suerte. Tres cerraduras, número y picaportes de bronce nuevos. Sólo tuvo que llamar a un carpintero para cambiar los pernos y las trabex ya que al estar los departamentos enfrentados cerraban al revés. Ahora el consorcio afronta un insólito problema. En el piso sexto hay dos unidades Nº 14.

Un mal día

Sara Lew

Sucedió un día gris, de esos que te dejan hundido. El hombre se encontraba justo en ese pozo cuando una bella dama le lanzó una cuerda y lo ayudó a salir. Al llegar a la superficie ella ya no estaba, en cambio lo esperaban un par de bandidos que le robaron todo lo que llevaba encima, dejándolo desnudo en un paraje desolador. Caminó sin rumbo durante horas hasta que cayó desfallecido. Pensó que ya nada peor podría sucederle, pero entonces llegó un ave gigante que le clavó sus enormes garras sobre la espalda, y se lo llevó volando. Cuando más tarde despertó, supuso que todo había sido un sueño, hasta que reparó en que su mullido colchón de ramas era un nido.

Sueños cumplidos

Sara Lew

Soñó que recibía un coche de regalo y a la mañana siguiente se supo agraciado con el premio. Soñó que una hermosa joven lo acompañaba y después de dar vueltas por el barrio con su flamante automóvil nuevo, una impresionante morena se sentó a su lado. Deseó que todo fuese un sueño cuando ella lo amenazó con una navaja en el cuello, y al rato ya no tenía coche ni mujer.

Pásalo

Sara Lew

Una tarde de verano paseaba en bicicleta por el paseo marítimo. Iba pegada a la derecha, más preocupada en esquivar el tráfico que en disfrutar de mis pedaladas. Una chica con escayola en la pierna que caminaba por la acera se acercó entonces al bordillo y levantó una muleta a mi paso, dándome de lleno. Perdí el equilibrio y la bici aplastó mi rodilla, que se quebró contra el suelo. La joven, mientras tanto, me observaba. Entre quejidos de dolor le pregunté por qué lo había hecho, a lo que ella respondió: “porque me lo han hecho antes a mí”. Antes de alejarse cojeando la oí sentenciar: “Esto es una cadena. Pásalo”.

La piedad

Fernando Andrés Puga

Cayó del árbol. Rodó por la pendiente. Lo golpeó el parabrisas de una 4×4. Un perro vagabundo le clavó los colmillos en el cuello. Lo atoró una espina del pescado podrido que encontró en algún tacho. El menor de los chicos de la casa de al lado acertó a darle en el ojo con su nueva gomera.
Harto ya y desfalleciendo, rogó por que llegara de una vez la séptima desgracia. No contaba conmigo.

La mala suerte no existe

Miguel Ángel Dorelo

Detrás de toda superstición se esconde el miedo y la ignorancia. Hoy es viernes 13 y me casaré con mi bella novia.
En el último mes, pasé por debajo de escaleras, se me han cruzado gatos negros y he derramado sal. Rompí un espejo de la sala y bajo ese techo abrí un paragüas color amarillo. Nada me sucedió, desde ya; me considero una persona inteligente y alejada de esas supercherías.
Acabo de pasar por la White Star Line y me han entregado los billetes de embarque. Saldremos desde Southampton esta misma tarde.
Nuestro viaje de bodas a bordo del Titanic será inolvidable, estoy seguro.

2013

Octavio Belardinelli

Llegué a la esquina y el ómnibus pasaba de largo. Veinte minutos más, pensé. Encendí un cigarrillo, para hacer que el siguiente viniera más pronto. Pero me falló. Cuando vino, estaba repleto. Subí como pude, con mi tarjeta en la mano. No tenés crédito, abuelo, me dijo el conductor. Lo miré, me miró. Está bien, dijo, pasá. Una chica me dió el asiento. ¿Tan viejo estoy?, pensé. La gorda de al lado me empujaba hacia el pasillo. Sentía en el pelo la respiración de los que iban parados. No alcancé al timbre y me pasé varias cuadras. Traté de caminar rápido, pero me dolía un tobillo. Llegué al negocio. El dueño estaba enojado y miraba el reloj. Este año te jubilás sin falta, me dijo. Pensé: menos mal que el año tiene doce meses.

Desafortunado

Ana Silvia Mazía

Él se sabía desafortunado.
Por eso, no le importaba equivocarse al hablar, estornudar en medio de una declaración de amor, eructar… No le importaba porque ya sabía: por mucho que se cuidase, en la esquina siempre habría dos viejas del barrio que dirían:
—Este muchacho tiene una actitud de lo más desafortunada…
¡Y los muchachos del bar, también dirían cosas así!
Hete aquí que llegó el año 2013, de temible terminación, y la fortuna de este muchacho empezó a cambiar. Todos lo consideraban una protección contra la yeta.
Y, desde que empezó el año, fue un tipo afortunado.
Feliz, bah.

Piso

Lucas Gattoni

Por cuarta vez moría un inquilino en el onceavo piso… Nadie advertía que, contando el subsuelo, ése era el piso número 13.