Inexperiencia

Sara Lew

Mi primer vuelo en solitario falla; mi avioneta cae en picado sobre el desierto mientras intento desatascar mi paracaídas la adrenalina me pide actuar y pensar con claridad una solución ante esta situación tan extrema no cuento con experiencia si ya veo el suelo ¿qué hago?

Eclecticismo ambiental

Laura Albet Castillejo

Me acostumbré a estar en los cielos de tus sueños y allí sentaba con esas magníficas vistas no me percaté de que la tierra ascendía hacia mí.
Y ahora que estoy en las profundidades de tus errores entre lodo y rocas, me doy cuenta de que tan sólo en el horizonte existe tu perfección.

Ir y volver

Luisa León

Mirada al cielo, al universo. Quiero ir. Cierro los ojos, los abro: estoy allá. Silencio enorme. Sensaciones contradictorias, nostalgia, añoranza de no sé bien qué. Es bueno irse, pero es mejor volver. Quiero regresar. Tengo vergüenza de mi misma y no puedo con ella. Lloro porque siento que debo llorar. Todas mis fuerzas están siendo usadas para volver. ¿Por qué? La conciencia de ser incapaz de todo, diminuta. Cierro los ojos, los abro: en la tierra. Siento alivio y estoy medio triste. Poco a poco me voy quedando dormida intento dejar atrás la sensación de cargar con la lucha entre el coraje y la cobardía, entre el ir y volver del inicio al fin una y otra vez. El miedo, de no saber que esto es una espera.

Sin título

Eustaquio Calixto Becerril

– Otra vez quilombo allá abajo… -Le avisaron los Esclavos.
– Ya me cansaron. Esta vez voy a ir Yo Mismo –dijo El Eterno, ya cansado, y bajó, relámpago en mano.
Al primero que cruzó lo dejó fulminado y ahí nomás, engolosinado, arrasó con todo. No quedó piedra sobre piedra.
A Él lo mató un virus experimental que se escapó de un laboratorio en la general demolición, un microbicho sintético de génesis artificial, no divina, que se Le metió con disimulo por los lagrimales y Le colapsó los riñones.
Casi nadie se dio cuenta. Lo reemplazaron enseguida y todo siguió igual, gracias a Dios.

Contribuyente

María del Carmen Allegrone

La muchacha del Dauphine llegó al cielo y pidió su libre deuda. Tenía varias infracciones impagas cometidas en la Autopista del Sur. Le pareció injusto, el embotellamiento había durado meses. Erró perturbada. Se detuvo. Advirtió una presencia conocida, al hombre le sucedió lo mismo. Era el ingeniero del Taunus. Se abrazaron. Él comentó que tenía el mismo problema con el ente recaudador. De inmediato, propuso ir a ver una gestora conocida por su eficiencia: la llamaban La Maga. En la eternidad hay pocas opciones, o pagaban -en efectivo o con tarjeta- o quedaban condenados a vagabundear sin obtener la baja definitiva en la tierra.

Entre el cielo y la tierra

Horacio Beascochea

“Te doy otra oportunidad para llegar al cielo”, escucho.
Moldeo la miga de pan y me encomiendo a los dioses. Esta vez no debo fallar, un movimiento suave, estudiado hasta el hartazgo. La veo surcar el aire y para mi desilusión, sobrepasa tus ondulaciones y se posa a centímetros de tu ombligo, en una frontera imprecisa del paraíso.
“La pucha”, maldigo y apuesto de nuevo a nuestra rayuela de besos y sabores, en una lluviosa mañana que nos espía desde tu ventanal.

Más de lo mismo

Miguel Angel Dorelo

Ya era tiempo: debía marcharse. Nada dramático, solo aburrimiento. La tierra se había convertido en un lugar sin encanto.
No fue una decisión apresurada. Intentó con todas sus ganas encontrar motivos que lo retuviesen, hasta se enamoró. Pero no fue suficiente.
Eligió como vehículo para llegar al cielo un frasco de pastillas.
Al llegar, en lo primero que pensó fue que aquello de que los suicidas tenían vedado el arribo era una mentira.
A la semana, comprendió su error: el cielo era aún más anodino que lo anterior.
— ¡Que lo parió! —Se dijo. Y comenzó a bostezar.

Contrastes

Patricia Nasello

Frente al ventanal de la cocina de ella, se despliega un cedro azul. En el pequeño patio de él, resiste un limonero. Nada relaciona un pino cuyas agujas brillan cuando llueve, con un árbol de frutos redondeados y amarillos como soles; sin embargo ella y él se enamoran.
La vida, observando la línea que se ensancha en el horizonte, oscura, preñada de tormentas, toma su cámara fotográfica y enfoca la lente sobre ellos: se ven tan confiados dentro de su luz.

En las nubes

Sara Lew

Rodaba con mi vehículo por la carretera atravesando un monótono paisaje de llanura. Mi mirada chocaba continuamente contra las nubes parapetadas en el horizonte, pero por mucho que las observaba no lograba percibir en ellas esas extrañas figuras que se dibujaban en el cielo de mi infancia. Pensaba ya que el paso de los años había dejado atrás mi imaginación cuando un ovni blanco y esponjoso apareció en el cielo, abduciéndome al instante.

Rayuela

Sara Lew

Llegó el cielo después de dar esforzados saltitos de nube en nube, pero poco le duró la satisfacción de sentirse acreedor del paraíso: enseguida un empujón lo mandó de vuelta a la tierra.