Alucinado

Sergio Gaut vel Hartman

—¡Qué disparate! ¿Invasores de otro mundo?
—Vi naves en el cielo —repliqué.
—¿De dónde vendrían? ¿De otra galaxia? ¡No diga disparates! ¿O usted es otro de los que cree que el tercer planeta de nuestro sistema está habitado?

El Ego Ista

Peregrino

Ista iniciaba o cerraba cada frase, de nunca más de tres palabras, con un fuerte y rotundo YO. Esto había provocado que la gente lo evitara para entablar una conversación. No le importaba, total los mejores diálogos continuarían siendo los que mantendría con él mismo…

Pudor

Bibiana Ricciardi

Tapate, querida. Se te ve todo. En un rato va a venir la policía. Viste como son. Unos degenerados. No te sonrojes mi cielo, para estoy yo, para cuidarte. Bombón de dulce de leche. ¿De verdad creíste que te permitiría irte? Te voy a cubrir con la sábana. La del compromiso. ¿Dónde las tenés? No las habrás tirado, si no es conmigo con algún otro ya pensarías estrenarlas. Y yo que te las compré en agradecimiento. La que perdona rápido es porque se sabe culpable. Todas putas. Mirá lo que parecés ahora. Tapate, por favor. No te puedo ni mirar. No querrás que el oficial te vea todas las partes. Que digo las partes. Hasta las entrañas. Por esos tajos se te ve hasta el alma.

El Diván

Guillermo Ries Centeno

Está ahí, recostada en el diván, suspirando. Con la vista fija en el techo color cremita, en sus pensamientos, en su pasado, vuelve a repetir que ya no lo ama, que no lo necesita. Pero se contradice. Lo extraña. Vuelve a amarlo.

Hace poco más de un año que Estela se atiende con Uriel, unos quince años menor que ella. Llega al noveno piso de la avenida Callao al 300 cansada, con ganas de putear, llorar, demostrando la misma bronca desde hace unos meses. Aburre. Se saca el anillo y lo deja en el escritorio Luis XV que Uriel tiene en el frio consultorio. También se deshace del pesado collar de perlas. La blusa negra, escote en v, deja ver en su pecho el paso del tiempo. Sus manos son perfectas. Viste bien desde los hombros hasta la punta de los zapatos. Vive tensa, pero, al llegar a la sesión, vuelve a brillar.

Recostada en el diván deja caer su largo, colorado y enrulado cabello hasta el suelo. Mientras sigue envuelta en quejas y puteadas, toca su pelo, lo acaricia. Uriel se siente seducido, intuye algo. Estela no para de moverse. Cuando habla de su marido, más se acaricia el pelo.

Hace más de cuatro sesiones que Estela se comporta así. Uriel, orientado pero intimidado a la vez, decide poner fin a esto. Sin decir una palabra, levanta sus pies del suelo y los apoya sobre el cabello de Estela. Ella, un tanto sorprendida, se levanta del diván, camina hacia el escritorio donde había dejado su anillo y vuelve a ponérselo.

-Amo a mi marido – dice, mientras le paga la sesión a Uriel – Te veo la semana que viene.

Primer plato

Patricia Esteban Erles

Poco después llegó la muerte. Todos la vimos trepar por tu pelo, pero bajamos los ojos y seguimos comiendo. Rezando en voz baja para que se conformara contigo.

Todos callados en familia

Leandro Lozano

Cuando era más chico, y se cortaba la luz en la casa de mis viejos, nos quedábamos todos en la cocina sentados. Mirábamos fijo la vela que hacia equilibrio en el medio del plato hondo, transparente. Se iluminaban nuestras caras. En silencio esperábamos ansiosos que vuelva rápido la luz, para poder encender el televisor.

Lector desplazado por un personaje

Diego Lanis

El señalador guiño un ojo y me invitó a entrar. Ahora, ahora. Como si fuera una alfombra mágica entré a recorrer capítulos de fantasía. Cuando llegamos al cuarto comencé a mirarlos. Eran un grupo de jóvenes que se iban como mochileros a recorrer el mundo. Estaban en la organización de los preparativos. Nadie escuchaba. Los veía y gesticulaba. Pero ni bolilla. Estoy acá. El señalador me había dejado tras haber escuchado las primeras tres partes. Allí contaban cómo se habían conocido y de dónde venían. Lo más interesante parecía comenzar. La fecha de partida y lo más fascinante. Quería ir con ellos aunque no lo supieran y no lo presintieran. El lector se va de viaje con los personajes a escribir y vivir lo que faltaba. La única forma que encontré para seguir con el disfrute de sus historias. Al llegar al aeropuerto la sorpresa fue mayúscula. El avión había partido. Mis personajes se fueron en vuelo. Quedé perplejo con la vista en la nave. Voy a tener que leer el final.

Historia de un personaje que visualiza a lo largo del relato lo que no le va a suceder

Diego Lanis

Las tribunas todavía no estaban repletas. Faltaba alrededor de una hora para el partido. En las inmediaciones del estadio muchas personas pugnaban por entrar. Jorge tenía su boleto e ingresaba lentamente. Había visto en algún partido anterior a un chico alcanzar la pelota desde las gradas. Soñaba con pisar el césped. Nunca había sido posible. El equipo hacía largos años que no daba una vuelta olímpica. Quedaba el recurso de una persona conocida para entrar por los vestuarios. Alcanzaría la meta. No lo veía factible. Se jugaban veinte minutos del primer tiempo y se desesperó. La redonda se acercaba por el lado derecho y con un rápido movimiento ingresó a la cancha. El arquero había sido superado por el delantero. Jorge, con sus reflejos intactos, rechazó la pelota y evitó el gol. Escapó raudamente de la gramilla. Al subir los escalones donde estaban los hinchas fue ovacionado. El juez, como sus colaboradores, no se percató de esa presencia. Llevaba puesta la camiseta de su equipo. Uno más entre los once. Al fin. Sueño realizado. Cambió el curso de la pelota y la historia cerró a la perfección. Redonda. Fue clave su destreza. Jugada tras jugada el esférico no entraba. Al terminar el cotejo se acercó al centro del campo. Esperaba la foto. Mientras sobre la pelota más se arrodillaba menos bolilla le daban. La misma se fue despacito y rodó hacia el vestuario. Jorge la siguió porque nadie se le acercaba para felicitarlo. Se puso naranja. Su pigmentación se modificó cuando él con su botín la acarició.

Romance en una confitería

Diego Lanis

Cuando me senté algo me llamo la atención. Pedí un café y quede obnubilado. Un reflejo de la luz, tal vez. No podía ser tan poco. Claro, levante la vista y te vi. Esos ojazos verdes te impactaban al instante. Sentí, por un momento, un cosquilleo al ver tu figura. Que hace esta mujer sola. Mire el reloj .Me quedaba media hora para volver al trabajo. Es ahora dije. Pasaba el tiempo y no encontraba la excusa para acercarme. Que me mire por favor. Nada. En ese ínterin pasa un chico. Vendía flores. Le doy unos pesos y le pido que se la lleve. Cuando la recibe levanta la vista y guiña un ojo. Ahora, si me voy a acercar a su mesa .Me presento, me siento. Declaro estar perdidamente enamorado de ella desde que la vi. Destaco todos sus atributos y que quiero conocerla. Para mi sorpresa recibo como respuesta, gracias. Muy seco.
Quedo con la expectativa de algo más. La hago reír. Ríe. Intento avanzar con una caricia y tomarla de la mano o del pelo .Lo rechaza. Ni hablemos de un beso. Me digo, si dale hazlo. Eso es lo que espera. Nos besamos durante diez minutos seguidos. Haberlo sabido, hombre. Por ahí había que empezar.
Como en la vida, en el amor uno nunca termina de aprender. Es un arte muy refinado. El de verdad no es para cualquiera. Me anoto primero.

Personaje atrapado en una lágrima

Diego Lanis

Escucho ruidos.Chuick.Eso fue un beso.Se toman de la mano.Cuanto tiempo sin verte.Estas igual.Tus ojos verdes hermosos.Con el paso del tiempo se ven mas luminosos.Tomas algo.Una lagrima.Mozo,un cortado y una lagrima.
Mientras,ellos esperaban yo adentro de la lagrima estaba.Habia perdido nocion del tiempo.
Llego el pedido.El tomo su cortado con rapidez.En cambio,Graciela lo hacia a sorbos pequenos.Te extrane.Vos sabes como me sentí. A ella,comenzaron a caerle las lagrimas.Miguel le acerco un pañuelo.
Adentro,de la lagrima yo imploraba.Nena,no sigas con el llanto.Voy a salir de tus ojos.
Sabes lo que vi,dijo Miguel.Me crees si te digo que,había un hombre en una de tus lagrimas.Anda,será el reflejo de la luz.Es una mancha en el ojo.
Que reflejo ni reflejo.Si soy yo.Aca estoy.No me ven.El hombre de la lagrima.Estos dos enamorados ni me dan bolilla.
Graciela no paraba de llorar.La emoción era muy fuerte.Una de las gotas cayo dentro de la taza,Parecio desbordar.El recipiente y el llanto.Quedo en el borde.El agua no había llegado al rio.Ahi,exclame.Chicos,no se extrañen.Quieranse,encuéntrense mas seguido.No lloren tanto.Acuerdense de mi.No me hagan llorar.Si estoy adentro de la lagrima.De tanto implorar,hice un autoguino desde el interior,de su ojo a Graciela.Deja algo en la taza.Hacelo por mi.Con ese parpadeo Miguel me miro.Tambien es para vos.Si la haces,llorar que sea de alegría y emoción.Asi,se conmueve el corazón.Sniff,sniff.Mozo,otra lagrima y un pañuelo por favor.
Sigo con vida en las lagrimas.