El decálogo

Onetti, Juan Carlos

I
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III
No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

V
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII
No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX
No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X
Mientan siempre.

XI
No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.”

Consejos para escritores

Chejov, Anton

* Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.
* Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.
* Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.
* No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.
* Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.
* Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.
* Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.
* Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.
* Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.
* Te aconsejo: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.
* Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.
* Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.
* Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.
* Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada.
* No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.
* No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera. No creo en nuestra intelligentsia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa; no le creo ni siquiera cuando sufre y se lamenta, ya que sus perseguidores proceden de sus propias entrañas. Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones -sean intelectuales o campesinos-; en ellos está la fuerza, aunque sean pocos.

Advertencias de un escritor

García Márquez, Gabriel

1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.
2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.
3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.
4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.
5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.
6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.
7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.

Decálogo del perfecto cuentista

Quiroga, Horacio

I
Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia

IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino

X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Diez mandamientos para escribir con estilo

Nietzsche, Friedrich

1. Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.
2. El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.
3. Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.
4. El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.
5. La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.
6. Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo una afectación.
7. El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.
8. Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.
9. El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.
10. No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría.

Seis consejos para escritores principiantes

Neuman, Andrés

1. No consentir las actitudes paternalistas de los autores mayores. Ellos también fueron jóvenes y, con toda probabilidad, mucho más indocumentados.
2. La tradición no pesa, sino invita. Escribimos mientras leemos: la escritura es una forma suprema de relectura.
3. Ensayar, errar y repetir. Un manuscrito malo es mucho más valiente que un supuesto genio que se abstiene por si acaso.
4. Corregir hasta el límite de la impaciencia.
5. Recordar que todos somos principiantes: la escritura es un arte inaugural y carece de expertos.
6. No aceptar seis consejos de nadie. Uno ya es un abuso.

Fuente: www.andresneuman.blogspot.com

Decálogo para escribir microcuentos

Escuela de Escritores

1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.
2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.
3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.
4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.
5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.
6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.
7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.
8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.
9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.
10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.

Décalogo para cuentistas

Faunes, Martín

1. Escriba lo que tenga en mente sin detenerse.
2. No describa piedras, musgos ni otros, ni sobre adjetive.
3. No diga ni explique, muestre o insinúe; los lectores son personas inteligentes.
4. Descanse su escrito, pero suéñelo y después intégrele sus sueños.
5. Reescriba el cuento escogiendo el mejor punto de vista.
6. Tenga presente la personalidad de sus personajes.
7. Lleve el conflicto al párrafo más cercano al comienzo posible.
8. Oculte detalles anticipantes del desenlace, son correctos sólo los que vayan desarrollándolo.
9. Descanse el cuento otra vez pero continúe soñándolo.
10. Retómelo y elimine personajes sin rol, lugares comunes, omnisciencias, moralejas, y todo lo innecesario, pero recuerde el valor de la metáfora.

Sin embargo, todo decálogo del cuento, debe ir acompañado de una bajada que recuerde la frase del mensajero de la reina: ‘perdone mi reina la extensión de este mensaje, pero no tuve tiempo de escribirlo de manera más breve’; otra que diga ‘un cuento no es sino la narración de uno y sólo un conflicto, una novela es la narración de un conflicto mayor que puede dividirse en conflictos menores’; otra que diga ‘un conflicto importante debe cambiar la visión de mundo a los personajes’; y aún otra ‘no confunda al narrador con el escritor’; y otra ‘un escritor no necesita haber vivido una situación para imaginarla y narrarla’; y una más ‘la literatura no es masoquista, nadie por eso lo va a leer a usted por obligación o sólo porque lo haya escrito, al lector hay que ganárselo con excelencia’; y, finalmente: ‘describe a tu aldea y serás universal’.

Consejos para escritores

Romano, Orlando

Como llevo 35 largos años vinculado al género de la brevedad (nací hace 35 años en un parto muy prematuro) ofreceré 13 consejos para los que se inician en el arte de escribir microrrelatos.

1- Imagina que tu historia, mientras es leída, aferra al lector por la garganta. Lo que significa que si la historia es innecesariamente larga, el lector muere por asfixia.
2- Acción, acción, acción. Sólo los genios conciben micros eficaces empleando la inmovilidad. Si no eres un escritor de genio, y no puedes resistirte a la inmovilidad, dedícate a la poesía, la pintura o la fotografía; o a construir edificios, que es más rentable.
3- No ames la brevedad como a tu novio/a. Amala mucho más. O corres el riesgo de dejar de amarla.
4- El título es tan importante como el micro. A veces más.
5- Nunca te propongas escribir un microrrelato que complazca a todo el mundo. Tu meta será complacer a unas poquísimas personas: a Francisca Noguerol, a Lauro Zavala, a Fernando Valls, José Díaz, Clara Obligado, Laura Pollastri, David Lagmanovich, Edmundo Valadés, Juan Armando Epple, Violeta Rojo, María Tena, Guillermo Samperio, Dolores Koch, Antonio Fernández Ferrer, a Miguel Gomes.
6- Debes leer, de rodillas, a Shua, a Brasca, a Valenzuela, Torri, Arreola, Emán, Marco Denevi, Pía Barros, Pérez Estrada, Gómez de la Serna, Anderson Imbert, Luis Mateo Diez, Virginia Vidal, a Monterroso.
7- Cuando, vanidoso, sientas que tus creaciones han alcanzado una cima inalcanzable para otros, lee a los autores citados en el punto anterior. Un microrrelatista debe tener los pies sobre la tierra. Respeta al maestro, y aprende.
8- Si algún periodista te formulase la original pregunta: “¿Qué libro se llevaría usted a una isla desierta?”, responderás con orgullo y aplomo: Antología de cuentos breves y extraordinarios, de Borges y Bioy Casares. Alguien que sienta verdadero aprecio por su formación literaria no haría otra cosa.
9- De ninguna manera leerás los microrrelatos de Max Aub.
10- El microrrelato es enemigo de la repetición superflua, que (salvo brillantes excepciones) frena la historia, quitándole agilidad. Como si ahora yo dijera: no leas los micros de Max Aub.
11- Este consejo se lo debo a Bioy Casares: “Joven, al carajo con el suspenso”.
12- Cortar, reducir, abreviar, sintetizar. Máximas fundamentales del microrrelato. De ahí que estos 13 consejos queden en 12.

(Nota final: el lector bien avisado entenderá que hay que leer a Max Aub, sobre todo sus Crímenes ejemplares)

Instrucciones para leer un libro de microrrelatos

Gardella, Martín

Existen al menos tres formas posibles de llevar adelante la lectura de un libro de microrrelatos, todas ellas igualmente aptas para lograr el resultado final. Usted puede optar por leerlo de principio a fin, como una novela; o de atrás para adelante, como algunos diarios; o en forma salteada y aleatoria, comenzando por cualquiera de sus páginas.
Una vez decidida la metodología a emplear, tome el libro entre sus manos y ábralo. Podrá observar que cada uno de los textos incluidos no supera -en la mayoría de los casos- la carilla de extensión. De esa manera, en cualquier hoja en que lo abra, encontrará un microrrelato para disfrutar. Comience por la lectura del título que encabeza la página. Luego, levante su mirada del libro. Imagine qué habrá querido decir el autor con ese encabezado. Es de esperar que haya querido confundirlo, o darle alguna pista útil para sorprenderlo cuando llegue al punto final. Deje volar su imaginación sin miedo.
Logrado eso, continúe con la lectura del resto del texto. A medida que avance, déle rienda suelta a sus emociones. Sonría, si eso la surge hacer, o anímese a sentir terror, nostalgia o leves cosquillas en medio del pecho. Todas las sensaciones son posibles e igualmente válidas. Al alcanzar el punto final, deténgase. Es probable que la última oración lo haya sorprendido, o lo haya invitado a la reflexión. O simplemente lo haya hecho odiar al autor, porque omitió adrede contarle la totalidad de los detalles. Imagine entonces la historia completa. Haga el trabajo difícil. Es probable que el cuentista haya querido incitarlo a inventar múltiples finales para esa ficción de pocos renglones. En ese instante, usted podrá pensar que el escritor es un idiota, que escribe poquito porque es incapaz de inventar una novela, y que su texto no le dice nada. O quizás usted opine que el autor es un genio, y que una vez más lo ha sorprendido, y se siente encantado con ese género brevísimo.
Si usted sintió lo primero, todavía no cierre el libro. Relea el cuentito e intente encontrarle sentido. Si no lo logra después de la tercer relectura, aun no se rinda. Anímese a leer el texto siguiente, y el resto del volumen, hasta lograr sentirse satisfecho. Cuando haya cubierto la totalidad de las páginas, probablemente sentirá que la lectura ha valido la pena. Entonces, permítase recomendar el libro con entusiasmo. Pronto comprobará que sus amigos estarán enormemente agradecidos.