Negretti, Mirtha
Con los pies pesados por el tiempo y por la culpa, se acercó a la biblioteca. De un libro extrajo una foto, la foto de una niñita de dos años, su única hija.
Por guardar su prestigio, su carrera y su familia, había abandonado ese amor clandestino.
Nunca le reclamaron nada, nunca más supo de ellas, madre e hija.
Pero un día le llegó un mensaje con muy pocas palabras: Mataste a tu hija.
Años 1975/76. El país se arrastra en la oscuridad y el dolor. Ahí estaba él, cumpliendo órdenes: “Aniquilar el accionar de todo elemento subversivo”.
Y las órdenes fueron ejecutadas.


