Herrera, Marcos Fabián
Ya cansados los romanos del asedio del hollín y de las llamas, y sus cuerpos turbados ante el acoso del fuego; las casas, ruinas denegridas por lo inflamable de sus cimientos y paredes, fueron cambiadas por los coliseos y las ágoras. Así, se perdió el pudor, y los guerreros, tribunos, reyes y vasallos quedaron sin tálamo y nicho de amor. Ahora se aman en las calles de todos los confines del imperio.


