Sin título

Alejandro Bisignano Burgos

Usáme de papel y de lápiz. Tacháme la doble. Hacémelo en la escalera. Cantáme jaque y matáme, hermosa, matáme. Hacéme el truco. Cantáme la falta que te doy mis tantos y mis cuentos. Lleváme a tu trébol que no pica, corazoncíto de diamante. Y no me cortes. Que aquí hay manos de sobra. Que aquí nadie nunca se fue al mazo. Que aquí apuesto el alma en cada carta. Carteame, escondéme en tu blusa y ganáme. Dejame entre la pared y tu espada y ¡as! Convertíme en un cuatro de copas que quiere embriagarse con el ancho de tu boca y en caso que así sea, nunca de los nunquitas, me dejes dormir afuera.

En la Tierra del Nunca Jamás

Bisignano Burgos, Alejandro

¿Indicios? Solo los necesarios, aquel pañuelo rojo atado a la baranda del balcón, nuestros códigos del bienestar que provocaban subir en paz los tres pisos hacia la puerta N° 18 y golpear para recibir el beso cálido de ella, mi compañera de vida y de
lucha, mi amada Ana.
Eran dos golpes seguidos y otro al segundo, siempre con el nudillo de la mano izquierda. “¿Sos vos Jorgito?”, preguntaba siempre sin falta antes de girar el picaporte y esperar mi respuesta que rompa el hielo del temor: “No, soy Peter Pan, en persona”.
Nuestros horarios eran nómades, los pensamientos firmes y nuestros relojes, decididamente, no eran sumergibles.
De eso fue testigo la inmensa profundidad del Río de La Plata.