Ganadores y perdedores

Fridman, Alejandro

Nuestro equipo estaba nervioso porque jugábamos la final contra nuestro clásico rival. La charla de nuestro director técnico en el entretiempo había sido bastante dura debido a la expulsión de Aristóbulo. Aunque íbamos ganando uno a cero con gol tuyo, estábamos preocupados, o por lo menos yo, ya que no estábamos jugando bien. Tenemos la suerte de tener un arquero tan bueno como René y un enganche tan bueno como vos. Jugás excelente, tenés un futuro impresionante. No hay otra forma de sacarte la pelota que no sea haciéndote faltas. Sabíamos que el equipo rival estaba acumulando bronca y que no hacían otra cosa que pegar, pero no teníamos miedo. Tal vez yo sí temía que te pegaran, porque sos mi mejor amigo y siempre te pegan más que a nadie.

El árbitro pitó para que comience el segundo tiempo. Éste lo jugamos bastante bien. Enseguida nos metieron un gol. Nos retaste a los defensores porque el gol había sido por nuestra culpa. Nuestra estrategia básica era pasarte la pelota, ya que llegabas con mucha facilidad al gol. Llovía muy fuerte; el partido estaba uno a uno y se sentía la furia y la adrenalina en los veintiún jugadores. Diez minutos antes de que suspendan el partido, le hicieron una falta a Rogelio en el costado del área rival.

El director técnico me pidió que lo patee yo, pero para mandar el centro. Le hice caso y la pelota fue directo a tu cabeza. Llegaste a cabecear. Fue increíble, te marcaban tres jugadores y pudiste elevarte y meter el gol. Todos nos felicitaron. Me preocupé porque algunos jugadores del otro equipo se pusieron a hablar misteriosamente. Me imaginé que estarían acordando en pegarte a vos o a mí: no estaba seguro. Unas jugadas después, mientras llevabas la pelota, el jugador número cinco del otro equipo te pegó una patada de atrás en el tobillo. Lo expulsaron. Éramos diez contra diez. Yo te pregunté si te sentías bien. Me contestaste que no, pero que querías seguir jugando.

Nuevamente tuve que patear el tiro libre. Me salió exactamente igual al anterior. También te marcaban tres personas, pero esta vez, desgraciadamente no llegaste a cabecear ya que uno de ellos levantó la pierna y te pateó los testículos con los tapones. Caíste inmediatamente al suelo. Todo nuestro equipo, incluyendo al técnico, fuimos a ver cómo te encontrabas. Estabas desmayado y te salía mucha sangre de la pierna. Mientras tanto, los del otro equipo estaban riéndose en el centro del campo. René, Moisés, Jesús y otros más fueron a pegarles, pero los del otro equipo salieron corriendo. También nuestro técnico empezó a insultarse con el de ellos. El árbitro expulsó al número cinco y dio por suspendido al partido. Habíamos salido campeones, pero no pudimos festejar debido a esta tragedia. ¿Ahora recordás algo? Hipólito, contestá. ¡Hipólito por favor no nos hagas esto, contestá!