El anciano

Farina, Alicia

Es viejito y permanece encerrado, por eso alguien le llevó una computadora y él, a pesar de su edad, ha comenzado a navegar por diferentes páginas. La curiosidad lo ha llevado a ingresar a ésta en la que se suceden las fotos de los jóvenes. Cualquiera que lo viera diría que sonríe mansamente, pero él es un asesino que está siendo juzgado por el “Plan sistemático de robo de bebés” y la página es la de las Abuelas de Plaza de Mayo. Las fotos son las de los jóvenes desaparecidos, padres de los bebés robados cuyo paradero aún se busca y él conoce. Su sonrisa es la del Diablo.

Padres

Farina, Alicia

Depositó en el suelo las pieles de los animales cazados y se detuvo a escucharlo. Limpió las manos del carbón que las cubría y se detuvo a escucharlo. Galopó sin parar y llegó justo para escucharlo. Detuvo la clase y salió de prisa para escucharlo. Bajó de la pared, frenó el tren, abandonó el volante del taxi, calló las rotativas, acalló el bombardeo, y se detuvo a escucharlo. Cuando el torturador dejó la picana, el torturado calló su grito porque quiso escucharlo. Hasta el mundo se detuvo un instante para escuchar el primer llanto que los convertía en padres.

¿Deporte?

Farina, Alicia

En los Sports de la escuela privada en la que trabajaba tenía una rara sensación. En la garita de la entrada, sentía una opresión como dentro de un sótano. Las olas del Río cercano eran un murmullo subterráneo; los vivas, un alarido prolongado. Hasta pensó que sufría un brote psicótico.

El diario de hoy dice que se solicitó a la justicia medidas para preservar e identificar restos humanos que pudiera haber en el Centro de Deportes de la Armada, situado entre la Av. Lugones y el Río de la Plata, “alquilado a escuelas privadas para la práctica de deportes”.