Un disparo

Shua, Ana María

Un disparo corta en dos el aire de la ciudad. Se desploma la mitad izquierda, desprendida de sus centros vitales, derramándose en líquenes sobre el asfalto. La otra mitad huye ululando vientos. No es raro que ya no se pueda ni respirar en Buenos Aires.

Terrible golpe asesino

Shua, Ana María

Terrible golpe asesino. El cuchillo corta sin esfuerzo la epidermis y la capa muscular, que tienen escaso grosor en esa zona, se hunde en el espacio intercostal, cerca del esternón, se clava en el corazón y lo atraviesa, perfora la capa muscular y la epidermis, encuentra el espacio intercostal y sale por la espalda, el cuchillo, con suficiente impulso como para seguir cobrando víctimas, la mano del criminal empuñando su mango, el brazo del criminal siguiendo a su mano, el criminal mismo, ensangrentado, brotando de la herida, siempre adelante, cruzando a través de quien se ponga en su camino, arrastrado por ese terrible golpe asesino, el crimen que no cesa.

El pájaro azul

Shua, Ana María

Un hombre persigue al Pájaro de la Felicidad durante meses y años, a través de nueve montañas y nueve ríos, venciendo endriagos y tentaciones, tolerando llagas y desdichas.

Antepone la búsqueda del Pájaro a toda otra ambición, necesidad o deseo. El tiempo pasa y pesa sobre sus hombros pero también el Pájaro envejece, sus plumas se decoloran y ralean.

Lo atrapa en un día frío, desgraciado. El hombre es anciano y está hambriento. El Pájaro está flaco pero es carne. Le arranca sus plumas todavía azules con cuidado, lo espeta en el asador y se lo come. Se siente satisfecho, brevemente feliz.

¡Arriad el foque!

Shua, Ana María

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados.

Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

Por favor sea breve.

El iluso y los incrédulos

Shua, Ana María

Hace calor. En el bar un grupo de hombres miran sin mirar los polvorientos rayos de luz que se filtran a través de la persiana.

– Puedo caminar por esos rayos- dice el iluso.

Los hombres se ríen y hacen apuestas. El iluso se trepa a uno de los rayos de luz, intenta dar un paso, tambalea y se cae. Los incrédulos cobran sus apuestas.

Shua, Ana María

Ana María Shua
Ana María Shua

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 21 de marzo de 2007.

Comer bombones

1. En la mini ficción se produce una fuerte concentración del sentido y por eso, por más que sean cortitos, es muy cansador leer muchos textos de mini ficción, uno detrás de otro. Porque cada uno requiere cierto tiempo para apropiárselo, unos segundos para disfrutar del efecto, porque deja una especie de regusto, que necesita un espacio de tiempo. Son como los bombones, si uno come una caja se empacha.

Todo empezó con Borges y Bioy

2. Acá todo empezó en 1953 con los Cuentos breves y extraordinarios, de Borges y Bioy Casares. Fue la primera antología de microcuentos que se publicó en América Latina, y después continuó en México con Arreola. En realidad acá todos los maestros del cuento han escrito cuentos brevísimos. En Argentina el cuento breve tiene una gran tradición, porque han escrito mini ficción Borges, Bioy Casares, Cortázar, Marco Denevi, Isidoro Blaistein, Enrique Anderson Imbert. La gente en realidad no debería sorprenderse de la existencia del microcuento. Hace unos 10 o 15 años el cuento brevísimo fue descubierto por la crítica. Entonces empezaron a aparecer muchos artículos al respecto, se empezó a difundir en las universidades, se encontró un nicho donde ponerlo, se establecieron sus límites y a partir de eso empezó a tener más difusión.

Pasión

3. Si uno siente la pasión de la lectura, no resulta imposible transmitirla. El que realmente goza leyendo es una especie de adicto, y promover la lectura le resulta tan fácil como a un adicto la droga. Simplemente yo creo que el lector compulsivo, contagia a la gente que tiene alrededor. Yo soy una lectora muy ecléctica, por eso también escribo un poco de todo. Me encanta el mini cuento, el cuento y la novela. Todo lo que sea narrativa de ficción me apasiona.

Página en blanco

4. Cuando uno tiene límites, la imaginación funciona mucho mejor y más afiladamente. Por eso el tema recurrente de la página en blanco, la página en blanco es eso: la imaginación librada a sí misma, sin ningún marco.

Nena mercenaria

5. De chica cuando escribía “tema: composición”, me salían muy bien, tenía siempre “excelente”. Cuando no los vendía, porque como los hacía muy rápido…Soy mercenaria desde chiquita. Yo empecé a vender mis cuentos a eso de los siete años, y más tarde cambiaba las composiciones por figuritas brillantes.

Escribir cansa

6. Escribir una novela para mi es agotador, es un trabajo que tiene algunos momentos placenteros, también otros muy sufridos. Sobre todo el momento en el que no se sabe para dónde dispara. Además, uno va escribiendo y lo que queda atrás es un material informe, confuso y desagradable. Mi técnica para poder avanzar en una novela es no corregir, entonces en el trayecto van cambiando los nombres de los personajes, cosas de la novela que en el momento en que estoy escribiendo ya se que voy a tener que volver atrás para cambiar y justificar. Pero trato de llegar hasta el final, aunque sea en esa calidad de material desagradable, sino sé que nunca voy a poder terminar de escribirla.

El punto final

7. Cuando uno llega al punto final, al principio no se queda con una sensación placentera porque una novela es un texto que te ha tenido concentrado durante mucho tiempo, y uno ha estado viviendo durante ese tiempo en el doble mundo de la realidad y la novela. Uno camina por la calle y habla en su fantasía con sus personajes. Y de repente uno de esos dos mundos en los que vive se apaga, y uno siente una sensación de vacío por un tiempo. Además, todo lo que uno tenía trató de ponerlo en la novela, hay un vaciamiento real.

Las claves

8. El escritor no tiene todas las claves de su propia producción. Todas las lecturas me parecen aceptables, puede tener mucha razón un crítico en descubrir cosas que el propio autor no vio. Aunque hay muchas cosas que son fantasías de los críticos. Todo lo que escribe un escritor de ficción es deliberado y no lo es. Uno sabe lo que escribe, no es inocente, y al mismo tiempo aunque domina los recursos no domina todo, no controla con toda precisión cuáles son los temas sobre los que va a escribir. Las decisiones las hace sobre un corpus predeterminado dictado sobre su inconsciente. Yo como lectora no trato de descifrar qué es lo que quiso decir, sino leo lo que está en el texto.

El ingenio

9. En la mini ficción hay un juego de ingenio, que cuando uno se mete en el género trata de eludir. Es un peligro también el ingenio. En términos generales, todo lo que a un escritor le sale fácil, es un peligro. Para llegar a obtener lo mejor de sí mismo, tiene que trabajar a contrapelo, lejos de su facilidad, o al contrario, llevar su facilidad al extremo. Pasarse del otro lado.

Consejos

10.

* Hay que ser un lector apasionado, si uno no es un lector que le apasiona leer literatura de ficción, no tiene porqué intentar escribir. Por que hoy hay mucha gente que quiere escribir y no quiere leer.
* Si ya es un gran lector y quiere empezar a escribir, tiene que haber un equilibrio entre subestimarse y sobreestimarse. Porque si uno está en la situación de que todo lo que escribe le parece abominable, mediocre o estúpido, se paraliza. Y si a uno le parece que todo lo que escribe es un aporte a la literatura universal, empieza a creerse un genio incomprendido, no acepta críticas, se frustra, y consigue el mismo resultado que la subestimación, la parálisis.
* No hay que desanimarse ante lo rechazos editoriales. Los argentinos tenemos una muy fuerte tradición de cuentistas; los escritores generalmente comienzan escribiendo cuentos, que son muy difíciles de publicar. Mis primeros libros fueron rechazados en todas las editoriales, y la edición de los Días de pesca se la pagué a Corregidor. Hay que ser severamente autocrítico. Yo noto que mucha gente escribe maravillosamente bien y también escribe muy mal, y ellos no se dan cuenta del contraste de unas partes con las otras. Se enamoran de todas las palabras, entonces no progresan., y el conjunto de sus textos no tienen valor. Todos, los grandes escritores, los buenos y los mediocres, escribimos cosas que no tiene valor, que no tienen sentido. Por algo dice el refrán: “Hasta Homero duerme a veces”. Algunas veces la diferencia entre un buen escritor y uno mediocre, es la autocrítica, el darse cuenta que no todo lo que uno escribe es bueno.
* Hay que presentarse a concursos, no hay que pensar que todos están arreglados, tal vez lo estén en los que hay mucho dinero en juego. La mayor parte de los concursos son lícitos, los jurados son otros escritores y les encanta descubrir nuevos autores.
* En la literatura hay altas cumbres, pero que forman parte de una cordillera. No hay que achicarse, sino uno no va a poder escribir nunca. Uno se puede conformar con ser una montañita de esa cordillera. Una lomita, una estribación de la precordillera.

Leer entrevista completa.

Excesivos ladrones

Shua, Ana María

Robaron el equipo de audio y los candelabros y la comida de la heladera y los ceniceros de cristal de Murano y el televisor y hasta los equipos de aire acondicionado y robaron también la heladera misma y la mesita del televisor y el resto de los mueble y los dólares guardados en la caja fuerte empotrada en la pared del dormitorio y después robaron la caja fuerte y también la pared del dormitorio y después robaron el resto de las paredes y los cimientos que las sostenían y el techo que en ellas se sustentaba y las cañerías de bronce que las atravesaban y después robaron los árboles y flores del jardín y después el jardín mismo y el terreno sobre el cual había estado construida la casa y robaron el basamento de granito y varias capas geológicas incluyendo una durísima, de basalto puro, y las napas de agua que en ellas había y siguieron robando y robando hasta provocar la irrupción de la lava en una explosión volcánica que ocultó por completo las pruebas de sus fechorías, los terrenos circundantes, el pueblo entero y buena parte del partido del conurbano en el que se produjera el hecho delictivo y varias zonas de los partidos aledaños y, merecidamente, a ellos mismos, por chapuceros, improvisados y sobre todo exageradísimos ladrones.

En frasco chico. Editorial Colihue.

Ana María Shua

Ana María Shua
Ana María Shua
Nació en Buenos Aires, el 22 de abril de 1951. Trabajó como redactora publicitaria, hizo guiones cinematográficos y colaboró con varias publicaciones, pero el dato más saliente de su producción es que publicó más de 40 libros.

En 1980 ganó con su novela Soy Paciente el premio de la editorial Losada. Sus otras novelas son Los amores de Laurita (llevada al cine), El libro de los recuerdos (Beca Guggenheim) y La muerte como efecto secundario. Cuatro de sus libros abordan el relato breve: La sueñera (250 textos brillantes), Casa de Geishas, Botánica del caos y Temporada de fantasmas.

También ha escrito libros de cuentos: Los días de pesca (que editó, con esfuerzo, por su cuenta), Viajando se conoce gente y Como una buena madre.  Recibió varios premios nacionales e internacionales por su producción infanto-juvenil. Sus cuentos figuran en antologías editadas en diversos países.  Algunas de sus novelas fueron traducidas a distintos idiomas.

Mago con serrucho

Shua, Ana María

Con el serrucho, el mago corta en dos la caja de donde asoman las piernas, los brazos y la cabeza de su partenaire. La cara de la mujer, sonriente al principio, se deforma en una mueca de miedo. En seguida empieza a gritar. Brota la sangre, la mujer aúlla pidiendo socorro y mueve los brazos y las piernas con aparente desesperación mientras la gente aplaude y se ríe. Después sólo se queja débilmente y al fin se calla. En otras épocas el público era más exigente, recuerda el mago: pretendía que la mujer volviera a aparecer intacta. Ahora, en cierto modo, todo es más fácil. Excepto conseguir ayudante, claro.