La última vez que

Ana Silvia Mazía

La última vez que escribí un cuento breve quedé con ganas de desperezarlo, de saber qué había pasado antes. Y qué pasaría después.
La curiosidad me mataba, y decidí seguirlo.
Me disfracé con una peluca rubia, tacos aguja, impermeable, beige, y eché a andar detrás del Breve. Me costó porque caminaba rápido.
Pero el esfuerzo valió la pena. Andaba por calles transitadas, mirando vidrieras, y yo atrás, jadeando. De pronto, giró hacia la izquierda y no lo perdí porque estaba atenta. Alcancé a ver el cordón del zapato derecho y supe que debía atraparlo: era mi deber acicalarlo un poco. A fin de cuentas, era la autora y tenía cierta responsabilidad. No podía dejarlo andar con los cordones desatados.

Encuentro

Ana Silvia Mazía ‏@maziana6

Julieta, te espero en… ahí… eh, no, allá. Bueno, ya sabes tú dónde te espero, ¿no? No me falles.

Sin título

Ana Silvia Mazía ‏@maziana6

Romeo, ¿hoy te has lavado los dientes? Mmm… me parece que no. Aquí tienes una pastilla de mentol.

Sin título

Ana Silvia Mazía ‏@maziana6

Durante siglos, todos aprenderán de nosotros lo que es el verdadero amor, ¿no? Romeo, ¿me oyes, Romeo?

Sin título

Ana Silvia Mazía ‏@maziana6

Julieta, mi amor: tu hermoso cabello dorado me cosquillea la nariz. Echalo para atrás, por favor. Oh, gracias, hermosa.

Rumores:

Ana Silvia Mazía ‏@maziana6

¡Los vi, juro que los vi! Ella se había pintado bigotes y él se había puesto una peluca, pero eran Romeo y Julieta.

Romeo y Julieta

Ana Silvia Mazía

Oh, mi amado Romeo, ¡enyesado! ¡Te dije que anoche no iba a estar! Qué cabeza dura…
¿Olvidaste que tenía la cena con mis ex compañeras del secundario?

Desafortunado

Ana Silvia Mazía

Él se sabía desafortunado.
Por eso, no le importaba equivocarse al hablar, estornudar en medio de una declaración de amor, eructar… No le importaba porque ya sabía: por mucho que se cuidase, en la esquina siempre habría dos viejas del barrio que dirían:
—Este muchacho tiene una actitud de lo más desafortunada…
¡Y los muchachos del bar, también dirían cosas así!
Hete aquí que llegó el año 2013, de temible terminación, y la fortuna de este muchacho empezó a cambiar. Todos lo consideraban una protección contra la yeta.
Y, desde que empezó el año, fue un tipo afortunado.
Feliz, bah.

Sin título

Ana Silvia Mazía

– Hola, cielo. Qué bueno estuvo lo de anoche.
– ¡Oia, si yo no pasé la noche en casa!